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El anillo que gobierna el mundo

Actualizado 26/09/2005 - 04:46:21

«Para la mayoría de los críticos modernos, el mito es sinónimo de mentira o falsedad. Para Tolkien, en cambio, es la única manera de que ciertas verdades trascendentes puedan expresarse de un modo tangible». La frase es de Francisco Porrúa, el editor de las obras de Tolkien en castellano, que se hizo con los derechos de «El Señor de los Anillos» en 1970, por puro azar, ya que lo encontró entre los libros de desecho que tenía un agente en Buenos Aires. La obra ya era muy conocida en el mundo anglosajón, y algunos de sus personajes se habían convertido en iconos del movimiento hippie, pero ni en sueños podía imaginar Porrúa la formidable repercusión que alcanzaría en años posteriores. Como tampoco podía sospecharlo el propio autor cuando la primera entrega de la trilogía, «La Comunidad del Anillo», se publicó en Inglaterra en 1954.

John Ronald Reuel Tolkien nació en Bloemfontein, Suráfrica, en 1892. Tras el fallecimiento de su padre, se instaló con su madre y su hermano en Sarehole, una aldea cercana a Birmingham en aquella época, y hoy un barrio periférico de la urbe. Allí encontró «una especie de paraíso perdido», según sus propias palabras, su particular «comarca» con árboles frondosos y granjas sin máquinas. «En verdad soy un hobbit, excepto por el tamaño», solía decir. Profesor de Lengua y Literatura en Oxford, un día garabateó en la hoja en blanco de un examen la frase «En un agujero en el suelo vivía un hobbit...». Ése fue el arranque de su primera novela, «El Hobbit», que vio la luz en 1937. Su extraordinario éxito hizo que los editores le encargaran una continuación, y Tolkien se descolgó con las mil páginas de «El Señor de los Anillos», que finalmente se publicó en tres piezas: «La Comunidad del Anillo», «Las Dos Torres» y «El Retorno del Rey».

El libro fue votado como el más importante del siglo XX en una encuesta realizada por la BBC y la cadena de librerías Waterstone a 25.000 personas del Reino Unido. En España, el suplemento cultural de ABC realizó un sondeo parecido. Hubo 9.320 encuestados y la obra de Tolkien obtuvo la séptima posición. Sin embargo, el cisma entre la crítica y los lectores quedó de manifiesto. «Es deprimente pensar que quienes han votado el mejor libro del siglo XX se encierran en un mundo inexistente», escribió Susan Jeffreys, articulista del «Sunday Times». Pero también hubo reacciones positivas. Para el crítico literario Patrick Curry, «Tolkien habló de los temores de finales del siglo XX, y ofreció esperanza. ¿Quién vive en un mundo de fantasía? Los críticos de Tolkien, no sus lectores, han perdido el contacto con la realidad».

¿Qué ha provocado que «El Señor de los Anillos» haya sido leída por más de cien millones de personas en todo el mundo? Sin duda esas verdades trascendentes a las que se refería Francisco Porrúa. Por ejemplo, una amistad más grande que el amor, que tiene su símbolo en Sam, el escudero de Frodo, capaz del mayor de los sacrificios para que su amo cumpla su misión, la destrucción del Anillo Único que representa el mal absoluto. O una esperanza que emana de la obra entera: esperanza sin garantías, que nos exige luchar, ser inconformistas e insobornables para vencer a la muerte de cada día.

Peter Jackson se vio ante el reto de su vida: llevar al cine un libro imposible, inabarcable, que podría suponer su consagración o su tumba, pues no sólo debía rendir cuentas a los productores, sino a la legión de fans que no perdonarían un ultraje al espíritu de la novela. Veinte años antes, Ralph Bakshi se había estrellado con una película de dibujos animados que dejó el viaje de Frodo y la compañía a medias. Pero Jackson apostó al todo o nada: rodó la trilogía de un tirón en Nueva Zelanda, puso el talento de cientos de artistas al servicio de la historia y dosificó las entregas. En 2001 se estrenó «La Comunidad del Anillo», y resultó un éxito aplastante de crítica y público. La película ganó 4 Oscar y multiplicó hasta el infinito la «tolkienmanía» en todo el planeta: miles de personas que no habían oído hablar de la Tierra Media se lanzaron hacia su origen, la literatura.

Con la tercera parte, «El Retorno del Rey», llegó la apoteosis: 11 Oscar y más de 1.100 millones de dólares de recaudación (segundo filme más taquillero de la historia, tras «Titanic»). Pero, más allá del espectáculo visual sin precedentes, de la aventura en estado puro, los incondicionales de «El Señor de los Anillos», esos que se leen las mil cien páginas del libro cada año, valoraron que se respetara su espíritu, las verdades trascendentes: la amistad, la lealtad, el idealismo, la esperanza...

Primero fue el libro. Luego, las películas. Pero en el caso de «El Señor de los Anillos» ambas manifestaciones de arte habitan ya en el mito. Millones de fans en todo el mundo lo corroboran

TEXTO: MIGUEL ÁNGEL BARROSOINFOGRAFÍA: CG. SIMÓN
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