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Oporto-Mónaco, la final impensada y el triunfo del juego colectivo

Actualizado 26/05/2004 - 02:01:07

GELSENKIRCHEN (ALEMANIA). La revolución de primavera en la que el Oporto comenzó eliminando al Manchester United en el mismísimo Old Trafford y continuó en los cuartos de final con el Real Madrid arrasado por el Mónaco, tanto como el Milán por el Deportivo... trae esta final inédita, impensada y que refuerza las tesis del juego colectivo por encima de las individualidades. Porque si algo destaca en este Oporto y ese Mónaco que hoy luchan por el ceretro que el año pasado ganó el Milán, es su conjunto, su fútbol-asociación, el valor de un trabajo de equipo, más allá de que los portugueses tengan a Deco o los monegascos a Morientes quien, por cierto, de ganar se adjudicaría su cuarta Liga de Campeones, todo un récord..

Y es sorprendente la final porque por primera vez desde 1991 no hay en ella un representante de las cuatro grandes Ligas de Europa. Ni españoles, ni alemanes, ni ingleses, ni italianos. No sucedía algo parecido desde aquella final de Bari, en la que el Estrella Roja se impuso en los penaltis al Olympique de Marsella en un partido horroroso. Desde entonces, de 24 finalistas, 21 han sido siempre de alguno de estos países, incluso a veces los dos del mismo, como el año pasado (Milán-Juventus) o hace cuatro (Real Madrid-Valencia). El Ajax en dos ocasiones, 95 y 96, ganó el primero (Milán), perdió el segundo (Juventus) y el Marsella en el 93, ganó al Milán, fueron los únicos invitados a la gran fiesta de la final que parece monopolio de esos cuatro grandes Campeonatos.

El hombre decisivo

Hoy, el partido arranca con sabor latino, como la final de la Copa de la UEFA. Los expertos apuntan al Oporto como favorito. Su oficio y mayor experiencia internacional le avalan. No es un gran equipo el de Mourinho, pero ganarle es una proeza. Y si no que se lo pregunten al Deportivo que posiblemente había hecho más méritos hasta las semifinales para estar hoy en este estadio del siglo XXI. Los de Mourinho saben lo que quieren y como conseguirlo. Sólo han perdido un partido en la Champions, ante el Real Madrid en su estadio (1-3) allá por septiembre, y han recibido doce goles, habiendo marcado en todos los partidos menos en la ida contra el Deportivo. Han recuperado a Derlei en este último mes y ofensivamente presentan más alternativas que antes. Deco, como siempre, se presenta como su hombre decisivo. Todo el juego de ataque pasa por sus pies y cabeza y es el jugador más desequilibrante de un equipo cohesionado, fuerte mentalmente y que nunca se complica la vida.

El Mónaco presenta la mejor tarjeta goleadora de la Champions. Nada menos que 27 goles en 12 partidos. Una media alta que se aglutina sobre todo en tres jugadores: Morientes, nueve goles; Prso, siete y Giuly, cuatro. Esa es su mejor arma. Es un equipo que en cualquier acción te puede hacer gol. Su juego ofensivo está muy mecanizado y también hoy parece que Deschamps renunciará a un delantero específico como Prso o Nondá, para colocar a Giuly como acompañante de Morientes, aunque al internacional francés que quiere el Barcelona, prefiera jugar en la banda derecha y tener más contacto con el juego y el balón.

Variedad táctica

Es precisamente su variedad táctica, la versatilidad para pasar a jugar con tres delanteros como ante el Madrid o el Chelsea en su estadio (Giuly-Morientes-Prso), o con tres medios de contención (Cissé, Bernardi, Zikos), como parece que puede ser hoy, o con el clásico 4-4-2, cuando Giuly juega en la banda y un delantero nato al lado de Morientes, lo que hace al Mónaco un equipo peligroso y de esta forma, afrontando cada partido de una manera, se ha metido en la primera final de su historia.

En las gradas, es segura la mayoría portuguesa. Veinte mil aficionados del Oporto se esperan, mientras que es un enigma saber cuántos habrá del Mónaco, donde a un partido de Liga en el Louis II no acuden más de siete mil. Ha vendido catorce mil entradas, pero parece que la mitad pueden ser portugueses que viven en el sur de Francia y el norte de Italia. A la Policía alemana le preocupa que puedan estar, entonces, mezcladas las dos aficiones, a pesar de no ser de las consideradas peligrosas. La temporada de clubes toca su fin.
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