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Álvaro Urquijo: «La constancia tiene su recompensa y somos corredores de fondo»

Una y mil veces. Y las que hagan falta, por supuesto. Treinta años después, la banda sigue en plena forma, fiel a su estilo y leal a su manera de entender el rock

Actualizado 26/04/2006 - 08:29:28
MADRID. «Una y mil veces». Y las que hagan falta. Treinta años de carrera. Se dice pronto, pero nunca es tarde si la dicha vuelve a ser buena, como en esta ocasión, y en este nuevo disco de Los Secretos. «Una y mil veces y las que sean necesarias, claro -explica Álvaro Urquijo, voz cantante en unos cuantos sentidos de la banda madrileña-. El título está hecho con ese doble sentido... las una y mil veces que hemos cantado, las una y mil veces que hemos actuado, las una y mil veces que hemos escrito canciones. Y también alude a que la perseverancia siempre tiene su recompensa y ésa es también una de las razones por las que ahora estamos mejor que nunca, con más experiencia y con más tranquilidad».

¿Pero cuántos dirían ustedes que son Los Secretos? Desde el cielo de los pentagramas, uno, por supuesto, que aún sigue (y seguirá) ahí, Enrique Urquijo, al que este nuevo puñado de canciones le habrían gustado. Seguro. ¿Y? Álvaro, evidentemente, que presta la voz a las canciones, cada vez con más gusto y estilo, compone y le saca mil reflejos a sus guitarras, como a su rickenbacker. Tenemos dos, por ahora. Presentemos entonces al teclista Jesús Redondo, uno de los más fieles amigos de Enrique hasta el final, camarada de sentimientos. Y Ramón, el silencioso Ramón Arroyo, hoy por hoy uno de los mejores guitarristas que se pueden ver y escuchar sobre un escenario. Pero hay más, porque no nos podemos olvidar de Juanjo Ramos, bajista y contrapunto alegrote y colegón de la banda, y también metido (y de qué manera) a compositor. Y ya puestos, puesLos Secretos no serían los mismos sinla ayuda y la amistad de más de vienticinco años de José María Granados.

Habitación con pistas

Resumiendo, que el grupo es más grupo que nunca, y que estamos ante una superbanda. Y que aburrido, desde luego, no ha sido el proceso de creación del álbum. «Realmente nos ha resultado muy entretenido -continúa Álvaro-. Cada uno ha trabajado bastante en casa, porque con los adelantos que hay se puede avanzar mucho sin salir de tu habitación, Así hicimos los primeros «deberes». Luego, continuamos en el estudio del garaje de mi casa».

En «Una y mil veces», Los Secretos vuelven a sonar como siempre, como Los Secretos, aunque la calidad instrumental, el nivel, que se dice, el dominio de los ambientes y de los estilos, su naturalidad al llamar rosa a la rosa, soledad a la soledad, sigue intacta. «Las canciones han surgido de una manera bastante natural, ni buscamos ni dejamos de buscar -indica el músico de Argüelles-. Aunque eso sí, teníamos ciertas ideas sobre la sonoridad del álbum. No se puede sonar ahora igual que hace veintitantos años. Llevábamos mucho tiempo en formato muy acústico, está bien y nos desenvolvemos a la perfección en él, pero ahora hemos estado más eléctricos. Aunque quede claro que lo que buscamos es electrificarnos, no electrocutarnos».

En definitiva, la banda tiene una receta tan efectiva como la prueba del algodón. «Nosotros hacemos la música para nosotros y de ahí para nuestro público. Digamos que nuestro público y nosotros coincidimos en los gustos. Ésa es la clave».Experimentos, los justos, y sólo con la gaseosoa de un estilo tan propio como personal e intransferible». Sólo así, con esa paciencia, con esas una y mil veces, se puede alcanzar un lugar, digamos, confortable, en el panorama de la música española. «La verdad es que sí, vivimos una situación cómoda con respecto a las grabaciones de nuestros discos, trabajamos sin ninguna presión y eso es un lujo. Pero también lo es para la discográfica, porque saben que tenemos una línea de trabajo y una manera de hacer las cosas en la que no es necesario que ellos interfieran para nada, digamos que se pueden fiar de nosotros. Nuestra producción es cíclica y cada equis tiempo sale un título nuevo». Por eso las relaciones, digamos que son, por lo menos, eficaces. «Ellos nunca van a saber más de Los Secretos que nosotros mismos. No pueden venirnos como a un grupo nuevo: tenéis que hacer tal y tal y tal cosa».

Podrían tirarse el rollo, presumir de una carrera que ya quisieran muchos, sin embargo, cuando hablan de lujo no es debido a que se consideren aristócratas de nuestro rock. Muy al contrario. «Digamos que somos de la clase media baja... no somos grandes vendedores... somos corredores de fondo». Pues menudo carrerón.
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