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El «rey» de la Armada de España

TEXTO Y FOTOS PABLO MINGOTEPORTAAVIONES PRÍNCIPE DE ASTURIAS. 16:00 horas Zulú. El Príncipe de Asturias localiza y repele a dos aviones enemigos tipo Harrier que pretendían atacar al Grupo de Combate

Actualizado 26/03/2007 - 03:08:49
TEXTO Y FOTOS PABLO MINGOTE
PORTAAVIONES PRÍNCIPE DE ASTURIAS. 16:00 horas Zulú. El Príncipe de Asturias localiza y repele a dos aviones enemigos tipo Harrier que pretendían atacar al Grupo de Combate español en el Mediterráneo. Amenaza neutralizada y éxito total.
Es uno de los «juegos» de guerra que se desarrollan estos días dentro del Galiber-07, unos ejercicios de adestramiento avanzado de la Armada en aguas del Mediterráneo y el Atlántico que comenzaron en febrero y concluirán el día 30 de este mes. El contraalmirante Santiago Bolíbar, un gallego afable que acoge al visitante para que se sienta como en su casa, comenta con orgullo que las maniobras «se están desarrollando muy satisfactoriamente», con los únicos contratiempos causados por «la mala mar», es decir, «se ha hecho todo y prácticamente como estaba planeado».
Ese «todo» incluye una gran variedad de acciones de guerra litoral, tales como el bombardeo de objetivos fijos y móviles, acciones evasivas, defensa de los buques... Los Harrier II plus -los más modernos de la Armada- han realizado multitud de ejercicios de intercepción, defensa y ataque.
El Príncipe -así lo llaman los marineros de forma cariñosa- es el buque insignia de la Armada, «junto con el Juan Sebastián de Elcano» se apresura a precisar el comandante, Fernando de Querol, y asimismo es el núcleo del Grupo de Proyección de la Armada. Con capacidad para transportar 29 aeronaves -entre helicópteros y cazas-, este «pueblo flotante» ha demostrado que España es perfectamente capaz de mantener una fuerza de combate plenamente operativa en el Mediterráneo.
En el barco hay una gran actividad en todos los pasillos, eso sí, siempre de forma precisa y ordenada. En el Príncipe, además de marinos, pilotos e infantes de marina -encargados de la seguridad y de misiones de abordaje- se pueden encontrar bomberos, personal sanitario -cirujanos, dentista, anestesista, enfermeros-, así como panadería y pastelería, sastrería -comandada por el único civil que trabaja en el navío-, peluquería, gimnasio y una tienda, además de varias cámaras para el esparcimiento de la tripulación (oficiales, suboficiales y marineros tienen sus espacios diferenciados y no se mezclan. No es discriminación, todos coinciden en que es bueno «perder de vista al jefe») . El encargado de la tienda, uno de los espacios clave, el cabo mayor Alberto Casado, un veterano que lleva 12 años prestando servicio en el portaaviones, cuenta que lo que más se vende «son las chucherías», para cuando «salen de paseo o las pipas para la película».
Alberto está satisfecho. «La Armada me ha aportado mucho, sobre todo amistades», asegura el marino de 42 años que, con una media sonrisa, recuerda que llegó al barco cuando era joven «forzado, no quería venir» pero «cuando me podía haber ido, me quedé».
Sobre las condiciones de vida «no se lleva mal porque es un barco cómodo» dice el cabo mayor, «aunque parezca Alcatraz por la cantidad de puertas, se puede pasear y hacer ejercicio».
Un premio
El Príncipe de Asturias, aunque en ocasiones no se quiera reconocer, es uno de los destinos más atractivos dentro de la Armada. El comandante Fernando de Querol afirma que es «un destino más», aunque en el fondo admite que hay «un atractivo que depende de la imagen del barco y de las misiones que se realizan».
Para Joaquín Fernández de los Ríos, teniente de navío y piloto de Harrier, el portaaviones supone la culminación de su objetivo cuando entró en la Armada: «Mi ilusión era volar». Tras nueve años de duro adiestramiento -academias, oposiciones, la Escuela Naval de Marín, servicio en una fragata, cursos de vuelo, entrenamiento de casi tres años en EE. UU., adaptación al portaaviones- ha logrado pilotar una máquina que alcanza casi una velocidad de Match 1 y es «probablemente el avión más raro que existe». Joaquín todavía se pone «algo nervioso, porque soy el nuevo». No es para menos. Cuando el avión se aproxima al barco para aterrizar va «a unos 800 km/h». «Cada vez que sales a volar tienes que estar muy pendiente de lo que haces» comenta el piloto, que indica que «si te despistas un segundo, literalmente un segundo, metes el avión en el agua». Los cazas juegan un papel fundamental en la vida del portaaviones. En la cámara de oficiales, justo debajo de la pista de despegue y aterrizaje, el encargado del bar admite que «al principio el estruendo de los Harrier te pega unos sustos tremendos, luego, con el paso de los días, te acabas acostumbrando».
Un buen rancho
Una de las cosas fundamentales en la vida a bordo es la alimentación. «La comida del barco es buena, realmente buena», asevera el contraalmirante mientras degusta un estofado. Los marineros tiene que tener energía para dura vida que se lleva en el portaaviones, donde todo el mundo trabaja doce horas diarias divididas en dos turnos de seis horas.
El barco tiene una capacidad máxima de almacenamiento de comida para 30 días. Cuando hay que alimentar a tanta gente -una dotación de 572 personas más una unidad aérea de 208- el aprovisionamiento y la planificación de los menús es un verdadero ejercicio de logística. «Primero se consumen los alimentos perecederos y luego los congelados» revela el cocinero jefe de la fragata Almirante Juan de Borbón -una de las escoltas de los ejercicios Galiber-07-, quien asegura que «no es ninguna tontería, hay que prever lo que se va a consumir antes para colocarlo en las cámaras». Los cocineros reciben un curso de dietética para que la dieta sea equilibrada y variada.
El tercer portaaviones de la historia de la Armada y octavo buque bautizado como Príncipe de Asturias va a pasar seis meses en el dique seco a partir del 1 de julio de este año, Se van a acometer unas obras de modernización de los camarotes y los aseos, se dará mucha más luz en todo el navío y se renovará el mobiliario. El objetivo es hacer más cómodo el buque que ahora mismo se encuentra a la mitad de su vida útil.
También está previsto que en el 2009 el Príncipe esté un año y medio en los astilleros para que se modernicen todos sus sistemas. Precisamente en ese año entrará en servicio el buque de Proyección Estratégica -una suerte de portaaviones combinado con un dique para operaciones anfibias-, que probablemente recibirá el nombre de Rey Juan Carlos.
«Un trozo de España»
El contraalmirante Bolíbar también quiere que se tenga en cuenta la importancia del portaaviones en puertos extranjeros ya que «llevamos un trozo de España así como un mensaje, primero, de amistad y colaboración, y segundo, una muestra de la tecnología y de la capacidad de mantener una fuerza operativa en el Mediterráneo».
Además, el Galiber ha representado una nueva oportunidad para comprobar las buenas relaciones entre la Armada, la OTAN y los países del Diálogo Mediterráneo. En las maniobras han participado Francia, Italia, Grecia, Turquía y Marruecos. Entre los más destacable se cuenta la integración absoluta de la fragata francesa Jean Bart en elgrupo de combate, una experiencia «francamente buena».
A la hora de hablar de victorias o fracasos el contraalmirante no quiere decir nada, aunque por su sonrisa todo indica que el Príncipe de Asturias ha salido muy bien parado en los enfrentamientos contra los participantes en los ejercicios, en especial contra franceses e italianos .
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