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La hija del canario secuestrado en Venezuela se dirigía anoche al punto acordado para el rescate

ERENA CALVOLAS PALMAS. A las tres de la mañana de este lunes sonaba el teléfono. Todos esperaban la llamada. Había transcurrido más de un día desde la última conversación. Al otro lado del auricular

Actualizado 26/02/2008 - 10:39:41
A las tres de la mañana de este lunes sonaba el teléfono. Todos esperaban la llamada. Había transcurrido más de un día desde la última conversación. Al otro lado del auricular una voz masculina ponía las condiciones para liberar a Rafael Castro, el tinerfeño de 72 años que fue secuestrado este viernes mientras trabajaba en su hacienda del estado venezolano de Lara.
La familia tenía poco margen, tan solo unas horas para reunir nada más y nada menos que 300 millones de bolívares, o lo que es lo mismo: 100.000 euros (más de dieciséis millones de las antiguas pesetas). Con esa cantidad, «nos pidieron que nos dirigiéramos al estado de Maracaibo, colindante con Lara, a las dos de la tarde».
Familiares de una y otra orilla trataban ayer de reunir la citada cantidad; «pero tuvimos que pedir un aplazamiento», contaba a este periódico Edelmiro García Castro, sobrino de Rafael Castro residente en Tenerife. A las nueve de la noche aproximadamente, una de sus primas e hija de Rafael salía camino de Maracaibo con la cantidad que habían exigido los secuestradores para la liberación. «Iba escoltada por alguno de los miembros de la banda de secuestradores», informaba Edelmiro al cierre de esta edición. «Mi prima les transmitió su miedo de ser atracada por el camino y ellos mismos le dijeron que no se preocupara, que andaría vigilada»; de esa forma evitarían además la intromisión de la policía. Maracaibo «está a unas dos o tres horas de camino de Lara», por lo que «no esperamos noticias hasta al menos la una de la mañana».
Rafael, de 72 años, lleva cincuenta años viviendo en Carora, en el estado de Lara. «Allí tiene algunas tierras y es muy conocido y respetado por la comunidad porque ha hecho mucho por el pueblo». Eso sí, Edelmiro da fe «de que no es millonario, y conseguir ese dinero para nosotros no ha sido fácil».
«No siempre cumplen»
Aun reuniendo la cifra, «no las tenemos todas con nosotros». Hace quince días otra familia de italianos que vive en Lara pagó un rescate similar «y aún no hay noticias del paradero del secuestrado», hijo de un empresario de la zona. Sin embargo, «nos tranquiliza en parte» la cantidad exigida «porque parece corresponder a un grupo del hampa común y no a la guerrilla, que suele demandar rescates más elevados, incluso del doble».
Los secuestradores «se llevaron a mi tío en su propio coche», y luego «lo dejaron tirado tras recorrer unos kilómetros», explica Edelmiro. Presuntamente, «en un punto del recorrido habrían tomado otro vehículo para continuar con el trayecto».
En su conversación del sábado, «nos dijeron que mi tío había pedido galletas y una pastilla; es porque es hipertenso y diabético y sufriría una subida de azúcar». A pesar de que los secuestradores «nos decían este lunes que se encuentra bien, no podemos estar seguros, porque lleva días viviendo una situación muy dura y sin tomar su medicación».
Tras una reunión mantenida ayer por la tarde con la diputada de Coalición Canaria, Flora Marrero, Edelmiro quiso agradecer «el apoyo» del Ejecutivo canario, «que se puso en contacto con mi familia en Venezuela» a través de Moisés Plasencia, viceconsejero de Emigración y Cooperación.
En los últimos años, relata Edelmiro, han sido más de doce los casos de canarios secuestrados en Venezuela, «y no todos han tenido un final feliz, aunque sí la mayoría». En noviembre del año pasado era secuestrado Juan José Suárez, hijo de un empresario gomero procedente del municipio de Alajeró y presidente del Hogar Canario de Venezuela. Fueron cuatro los meses de encierro a los que tuvo que hacer frente el joven.
En julio de 2004 era liberado en el estado de Yaracuy, el canario Florentín González, quien pasó en poder de sus captores tres meses. Había sido secuestrado al salir de una institución bancaria. Pocos días después era capturado Abraham Rodríguez, nacido en la localidad palmera de Garafía.
Liberado en diciembre de 2003, Eladio Alonso Angulo, natural de Los Realejos, pasó 33 días bajo captura de un grupo de unos cinco hombres. El ganadero también fue secuestrado en su finca, como en el caso de Rafael Castro. Y se da la coincidencia de que también emplearon en esta ocasión el propio coche del secuestrado para recorrer unos 20 kilómetros de camino y luego cambiarlo por otro vehículo.
Son sólo algunos casos de la ola de secuestros que se vive en el país «desde que Hugo Chávez está en el poder». Miembro de la Asociación Canario Venezolana, Edelmiro García Castro, denuncia que «la palabra secuestro en Venezuela no recibe por parte del Gobierno de Hugo Rafael Chávez Frías la atención que se merece».
El último susto se lo llevaban en enero de este año una palmera de 36 años y sus dos hijas de 9 y 7 años, las tres con la doble nacionalidad española y venezolana, que se vieron entre el grupo de secuestrados de una sucursal del BBVA en Venezuela, fueron puestos en libertad a las 24 horas.
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