Valencia

null

Hemeroteca > 26/01/2008 > 

MUJER EN LA VENTANA _ CLOTILDE GARCÍA DEL CASTILLO Musa y mujer de Sorolla

POR MERCEDES DE LA FUENTEClotilde García del Castillo y Joaquín Sorolla se conocieron siendo casi niños y vivieron una historia de amor que discurrió en paralelo a los continuos viajes del pintor y al

Actualizado 26/01/2008 - 03:19:23
POR MERCEDES DE LA FUENTE
Clotilde García del Castillo y Joaquín Sorolla se conocieron siendo casi niños y vivieron una historia de amor que discurrió en paralelo a los continuos viajes del pintor y al éxito rotundo de su casi obsesiva dedicación pictórica, un amor temprano sólo interrumpido por la muerte de Sorolla a los sesenta años, tras una traumática agonía de la que Clotilde nunca se repuso.
De bonitos ojos castaños, menuda, proporcionada y esbelta, Clotilde, «Clota» para el pintor que fue su marido y padre de sus tres hijos, tenía una belleza muy mediterránea que Sorolla inmortalizó en docenas de cuadros que la convierten en una de las mujeres más retratadas de la Historia del Arte. En la playa, en el jardín, sentada, paseando, recostada, vestida de noche, con sombrero... Sorolla la pintó recurrentemente, incluso cuando le desbordaban compromisos tan extenuantes como los monumentales paneles de la Hispanic Society de Nueva York que ahora pueden verse en Valencia.
Junto a los elocuentes retratos, cientos de cartas entre la pareja dan fe de una relación inquebrantable en la que Clota es la mujer fuerte, equilibrada, con talento y «fibra», la «mascota y ministro de Hacienda» que lleva las cuentas de su cotizadísimo marido en un cuaderno mientras fuma un cigarrillo, la pragmática valenciana que atiende la correspondencia y a las celebridades retratadas en la casa-estudio madrileña -Unamuno, Ortega, Alfonso XIII...- o le envía pinturas, ropa y hasta un barreño de baño allá donde Sorolla se desplaza movido por su «urgencia trágica» de pintar, como dijo López de Ayala.
Clotilde, sin embargo, necesita de él para elegir sus vestidos y se siente «poca cosa» para merecer su amor, pese a que tras diecisiete años de matrimonio el artista le recuerda que «los hijos son los hijos... (pero) tú eres mi carne, mi vida y mi cerebro...» o «...soy un pintor... y te deseo, te deseo».
Si detrás de todo gran hombre, y Sorolla sin duda lo fue, hay una gran mujer, Clota es el ejemplo paradigmático. Cuando él enferma y queda privado de habla y movilidad durante tres años, ella se negó a incapacitarlo y luchó por una recuperación imposible. Sólo aceptó lo inevitable al comprobar que Sorolla no reaccionaba a la luz de la Malvarrosa. Muerto en 1923, en los apenas seis años que le sobrevivió, Clotilde se volcó en organizar en la única casa que les perteneció, en Madrid, el espléndido Museo Sorolla.
Búsquedas relacionadas
  • Compartir
  • mas
  • Imprimir
publicidad
PUBLICIDAD
Lo último...

Copyright © ABC Periódico Electrónico S.L.U.