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Elvira Andrés: «El Ballet Nacional está obligado a crear un repertorio español»

Han pasado diez meses desde que Elvira Andrés fuera designada nueva directora del Ballet Nacional en sustitución de Aída Gómez, que sufrió un tumultuoso período de acoso y derribo. Los diez meses han pasado, reconoce, como un suspiro, pero en ellos ha tenido tiempo de poner en pie dos emblemáticos trabajos de sendas figuras de nuestra danza: Antonio Gades y Pilar López.

Actualizado 26/01/2002 - 09:38:24
Sin tiempo apenas para deshacer las maletas después de unos días de actuaciones en Valencia, Elvira Andrés y el Ballet Nacional ya vuelven a prepararlas. La semana que viene viajan a Malta, comienzo de un largo período de giras que les llevará, en los primeros seis meses del año, a Malta, Jerez, Alemania, Estados Unidos, China, Corea, Hong Kong y Taiwán, antes de su esperado regreso en el Teatro Real. «Cuando me hice cargo del Ballet y dije que en un año quería ya tener todo encarrilado, alguien me dijo que un año era muy poco tiempo, y que bastante tendría con hacerme con el cargo. Durante todo este tiempo me he acordado mucho de él, porque los días pasan a una velocidad increíble».
DOS DIRECCIONES
Con todo, Elvira Andrés ya va moldeando a la compañía para componer lo que ella piensa que debe ser el Ballet Nacional. «Creo que hay que trabajar en dos direcciones: por un lado, la recuperación de obras y la creación de un repertorio para la danza española; y por otro las nuevas creaciones». En el primer sendero se entienden la puesta en pie de «Fuenteovejuna», de Antonio Gades, cuyos trabajos empezaron bajo la etapa de Aída Gómez, y que se estrenó en Sevilla hace un par de meses; y la recuperación del «Concierto de Aranjuez», una legendaria coreografía de Pilar López sobre la música de Joaquín Rodrigo, que ha visto la luz en Valencia hace muy pocas semanas. «Las compañías de ballet de todo el mundo tienen un repertorio a su disposición: «Giselle», «El lago de los cisnes»... ¿Por qué la danza española no? Esta compañía, como punta de lanza, tiene la obligación de recrear las piezas relevantes y dejarlas en el repertorio».
Arrancar a Pilar López de su retiro y ponerla a trabajar ha sido una tarea más fácil de lo que en un principio podrían suponer quienes conocen la reticencia a homenajes y reconocimientos de la extraordinaria artista. «Trabajar junto a Pilar ha sido una experiencia maravillosa -asegura Elvira-. Todos conocemos su trato exquisito y su educación, pero además ha puesto un empeño admirable en la reposición. Si se le citaba a las cuatro, venía a las tres, y ha estado horas y horas en el estudio. Ha sido un ejemplo extraordinario para todos».
A Elvira Andrés se le adivina especialmente satisfecha de la recuperación del «Concierto de Aranjuez». La última vez que se repuso fue hace casi veinticinco años, recién creado el Ballet Nacional, y las jóvenes generaciones de bailarines y de aficionados ni siquiera lo conocen. Es una obra con medio siglo a cuestas, pero sigue conservando frescura. El primer movimiento es un juego, el segundo presenta una coreografía mucho más sugerente, y el tercero es escuela bolera. Pedro Moreno ha recreado los figurines de Cortezo y creo que ha merecido la pena recuperarla. Pero hay que entenderla como lo que es, un ballet de repertorio».
La puesta en escena de esta obra ha servido también para el regreso de una de las mayores artistas de la danza española de nuestros días, Lola Greco. «El Ballet Nacional ha de abrirse a todas las grandes figuras de nuestra danza, que vengan a mostrar su arte, aunque nosotros tengamos nuestro elenco y sean ellos quienes lleven el peso. Lola Greco es una bailarina maravillosa, y por eso la hemos invitado a bailar esta coreografía».
ZAPATEADO DEL ESTAMPÍO
Otro de los proyectos que ya ha puesto en marcha Elvira Andrés es la recuperación de una pieza prácticamente desconocida: el zapateado del Estampío. Fue éste un bailaor jerezano, nacido en 1883, que dio un nuevo impulso al zapateado e introdujo en él lo que se conoce como las «campanas», variaciones realizadas con lentitud por el intérprete en mitad de su baile. «Hemos traído a Pacita Tomás y a Joaquín Villa, que estudiaron con El Estampío, para trabajar con los bailarines, y está resultando una experiencia magnífica. Es una pieza con una raíz de más de ciento cincuenta años, y que de otro modo podría perderse».
En la recámara aguardan otras ideas. En breve Elvira Andrés pondrá en marcha también una «escuela» para crear una cantera de bailarines, y ha propuesto ya a un miembro de la compañía con afanes creadores que trabaje para elaborar una coreografía que, de tener calidad, podría ser montada por el Ballet Nacional de España.
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