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Javier Solana, víctima de su pasión por el «secretismo» dentro de la UE

Actualizado 26/01/2001 - 00:21:24
Javier Solana.ABC
Javier Solana.ABC
El Alto Representante de la UE, Javier Solana, ha vuelto a las andadas en su irrefrenable afición al secretismo al proponer que sean confidenciales las «estrategias comunes» de la política exterior de la UE.
La propia propuesta era confidencial. Pero, como en la UE es imposible guardar un secreto, el informe sólo ha provocado una reacción de disparates en cadena.
Las«estrategias comunes» fueron concebidas como instrumento para mantener una visión de conjunto sobre ciertas áreas del mundo, que facilitase la toma de decisiones e incluso la eliminación del veto en su aplicación. Hasta ahora, han servido para poco. Así que Solana se puso manos a la obra. Elaboró un informe para imprimirles un nuevo dinamismo. Y entre otras muy loables iniciativas, propuso que todas las «estrategias comunes» sean documentos «internos», es decir, secretos.
Al criticar la falta de operatividad de las estrategias comunes, por ejemplo, afirma que «el hecho de que las estrategias comunes sean documentos públicos ha reforzado su naturaleza de instrumentos de cortesía, dificultando su utilización en tiempos de crisis o su desarrollo a la luz de nuevos acontecimientos».
Y como no podía ser menos, este informe de Solana también era secreto. Pero la confidencialidad es un anhelo imposible en la UE. Así que el Gobierno danés filtró el documento para apuntarse un tanto en sus credenciales de transparencia nórdica. Y ahí empezó el enredo, porque el problema es que el documento filtrado y no explicado provocó una espiral de equívocos y falsas interpretaciones, rayano con el teatro del absurdo.
CHECHENIA NO ES UN JUEGO
Algunos interpretaron que Solana se había entregado a un ejercicio de autoflagelación, en el que había hecho una despiadada crítica de toda la política exterior de la UE, y no de una mera parcelita que nunca se llegó a aplicar. Y una vez que se echó a rodar el equívoco, ya no hubo manera de pararlo. Durante una comparecencia en el Parlamento Europeo, la ministra de Exteriores sueca, Anna Lindh, debió dar explicaciones a un crédulo —tal vez compasivo— eurodiputado popular español que se interesó por la feroz autocrítica de Solana. Lindh debió de hacer acopio de diplomacia para salir del apuro sin poner en aprietos a nadie.
Lo mismo le ocurrió al ministro de Exteriores, Josep Piqué, a quien no le quedó más remedio que salirse por la tangente cuando le preguntaron sobre la cruel autoflagelación del Alto Representante. Incluso hubo periódicos que repescaron al día siguiente un titular que creyeron que se les había escapado.
Esta vez la función ha sido sólo de opereta, porque no la había provocado más que un documento de funcionamiento interno. Pero el informe del Alto Representante insiste varias veces en la conveniencia del secretismo para las relaciones con Rusia y, en especial, para hacer frente a una crisis como la de Chechenia. Y Chechenia no es un argumento de zarzuela. Las consecuencias serían muy distintas si el documento secreto, filtrado a medias y nunca explicado se remitiera a una grave crisis internacional.
Los ministros de Asuntos Exteriores de los Quince, no obstante, han dado una primera acogida cordial al informe.
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