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El ambiente familiar influye sobre el rendimiento escolar del alumno más que la inversión educativa

Los hijos de inmigrantes se encuentran especialmente desfavorecidos en Austria, Bélgica, Dinamarca, Finlandia y Alemania según el estudio de Naciones Unidas

Actualizado 26/11/2002 - 23:47:01
MADRID. Un nuevo estudio realizado entre 24 países de la OCDE vuelve a situar a España entre los peores puestos junto a Italia, Grecia y Portugal. El informe «Diferencias educativas en países ricos» elaborado por Unicef pone de relieve las enormes diferencias en el nivel escolar entre los distintos sistemas educativos y cuya eficacia depende más del ambiente familiar que del gasto estatal, informa Efe. Así, establece una tabla de efectividad de los sistemas de educación basándose en datos como la capacidad de lectura o el aprendizaje de ciencias y matemáticas. Tras el análisis se demuestra que los resultados escolares en determinados países son claramente mejores que en otros y destaca que alguno con fuerte tradición intelectual, como es el caso de Alemania, apenas se sitúa en el puesto 19 de 24. A la cabeza se encuentran Corea, Japón y Finlandia.
El estudio ha puesto de manifiesto que la proporción de menores de 15 años incapaces de efectuar tareas de lectura va desde menos del siete por ciento en Corea o Finlandia a más del 20 por ciento en Portugal, Grecia, Hungría, Alemania o Suiza, pasando por el 15 de Austria y Francia o el 16 de España. Por otra parte, el porcentaje de escolares juzgados incapaces de aplicar conocimientos matemáticos elementales es inferior al 10 por ciento en Corea o Japón frente al 45 por ciento en Portugal, Grecia, España o Italia.
La brecha aumenta con la edad
Unicef señala que el principal problema se sitúa en que a medida que los menores crecen, las verdaderas consecuencias de estos mediocres resultados aparecen de forma clara y desembocan en dificultades para encontrar un empleo o para saber qué dosis de medicamento se ha de dar a un hijo según las instrucciones del embalaje. Además, el texto señala que un niño escolarizado en Canadá, Finlandia o Corea tiene más oportunidades de alcanzar un nivel razonable de instrucción y corre menos riesgos de retraso respecto a la media que otro nacido en Alemania, Estados Unidos, Dinamarca, Grecia o Hungría.
El estudio también revela que no existe relación directa entre el gasto nacional por alumno y el éxito escolar e insiste en que la profesión, el nivel de instrucción y el estatus económico de los padres ejerce una mayor influencia. Tal es el caso de Corea que se encuentra en cabeza de la lista y que gasta lo mismo que Grecia, que se encuentra al final. Otro caso concreto que señala el estudio es el de Irlanda, donde los niños cuyos padres ejercen una profesión liberal con ingresos elevados tienen un 90 por ciento de posibilidades de llegar a la enseñanza superior, frente al 13 por ciento cuyos padres tienen empleos manuales o no cualificados.
No obstante, aporta otro dato que indica que no todo depende del medioambiente familiar. Así, los hijos de madres poco instruidas en Finlandia, Irlanda, Polonia, Islandia, Noruega o Suecia, cuentan con apenas una posibilidad y media menos que el resto de los menores de conseguir los mismos resultados escolares.
Por tanto, podríamos concluir -en coincidencia con lo que también apuntan otros expertos- que en el proceso educativo determinadas características familiares, en particular el nivel de estudios de los padres del alumno y, en menor medida, la posesión o no de ciertos recursos, predeterminan el resultado académico de los alumnos desde las etapas más tempranas de la enseñanza, condicionando así, la posibilidad de fracaso escolar, el acceso a los niveles superiores de enseñanza y en última instancia a las rentas futuras. Por todo lo anterior, el documento agrega que «es inaceptable que el status social y económico de la familia del niño influya tan profundamente en sus oportunidades de éxito en el colegio».
Amplias desigualdades
El informe establece además una segunda clasificación que ordena a los países según las diferencias existentes entre los malos alumnos y la media, es decir, por el grado de desigualdad entre los escolares. Así, los países en los que menores diferencias se observan son Finlandia, España, Portugal y Canadá, mientras que la mayor brecha se da en Bélgica, Nueva Zelanda, Alemania y Estados Unidos. No obstante, los expertos de Unicef destacan que ningún país presenta resultados completamente satisfactorios y que en todos los países ricos existen amplias desigualdades escolares. Pero es Finlandia el país en donde se observan menores diferencias de manera que los alumnos con los peores resultados tienen al final de la educación obligatoria unos 3,5 años de retraso en Matemáticas sobre la media, mientras que en Bélgica, Alemania o Nueva Zelanda la diferencia es de hasta cinco años.
Por otra parte resalta el hecho de que los niños hijos de inmigrantes se encuentran desfavorecidos en la educación, en especial en países como Austria, Bélgica, Dinamarca, Finlandia y Alemania. Una cuestión que señalan no depende del número de inmigrantes pues en países como Australia y Canadá, que cuentan con una importante proporción, obtienen resultados mucho mejores. El reto al que se enfrentan ahora todos los sistemas educativos es compatibilizar diversidad y comprensividad sin reducir los niveles de calidad de la enseñanza, ni las posibilidades educativas de cada niño.En este sentido, Unicef señala que «todo país rico debe asegurarse que los grupos minoritarios que viven en su territorio reciben la ayuda necesaria para que superen sus problemas particulares».
Además, el Fondo de la ONU para la Infancia insiste en que las medidas para mitigar las desigualdades deben comenzar por cuidados y educación de calidad desde los primeros años de vida del niño. A este respecto, recuerda que muchos niños de los países de la OCDE asisten a alguna guardería o centro de aprendizaje dos años antes de entrar en los colegios primarios. No obstante, insiste en que la mayoría de las veces estos establecimientos son financiados por fuentes privadas, una cuestión que pone de relieve la necesidad de mayores inversiones públicas para que todos los niños puedan beneficiarse de la educación temprana.
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