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DE PRADERA A COMPANYS

Actualizado 25/10/2004 - 02:04:33

LOS juzgados de Barcelona estuvieron durante mucho tiempo en el «Salón Víctor Pradera», espacio urbano de la capital catalana que se encontraba situado en el Parque de la Ciudadela, a pocos metros del Arco de Triunfo y del monumental edificio que albergaba la Audiencia Territorial, construido por el arquitecto modernista catalán Enric Sagnier. Víctor Pradera, hoy un hombre desconocido y olvidado, fue uno de los iconos y pilares del franquismo. Hasta el punto que Franco, a petición de su viuda, hizo algo muy inusual en él: prologar los dos volúmenes de su «Obra completa» que publicó el Instituto de Estudios Políticos en el año 1945. Víctor Pradera procedía del tradicionalismo y promovió «Acción Española». En los años anteriores a la Guerra Civil se esforzó en buscar todos aquellos puntos de unión que tenía el tradicionalismo con la Falange de Primo de Rivera, y Franco, en ese prólogo, llega a afirmar que Pradera ya había alzado la bandera de la unificación en sus escritos, siendo el Decreto de Unificación la consecuencia lógica de ese pensamiento. Para el lector joven que desconoce los entresijos de la guerra y de la postguerra, debo aclararle que el Decreto de Unificación es el que unió a carlistas y falangistas en un solo partido que durante cuarenta años se denominó FET y de las JONS. Pradera fue asesinado, cruel y salvajemente, por los socialistas, mirando los nacionalistas vascos para otro lado, en la cárcel de Ondarreta de San Sebastián y, por si la crueldad no fuera suficiente, al día siguiente asesinaron a su hijo en la misma cárcel. Ambos murieron heroicamente por Dios y por España, confortando a sus compañeros de infortunio y dejando cartas para sus familiares.

El Salón Víctor Pradera se convirtió, paradojas de la historia, en el Paseo de Lluís Companys. Companys, que ahora tanto se homenajea, que fue presidente de la Generalitat de Catalunya durante la República, protagonizó acontecimientos deplorables, como el golpe de Estado de 1934, la proclamación del «Estat Catalá» y la entrega de armas a los anarquistas durante la guerra civil. Fue uno de los políticos más controvertidos de la República, y Azaña lo despreciaba por su sistemática deslealtad. Si bien no fue directamente responsable, no hizo nada por evitar la cadena de asesinatos y saqueos, la quema de conventos y profanación de tumbas, del desorden y el tumulto en suma, que se produjo en Cataluña durante la Guerra Civil. Al final Companys tuvo una muerte digna y heroica que, de alguna manera, redimió su nefasta trayectoria política. Sus herederos de la Esquerra Republicana hoy gobiernan Cataluña.

Pradera y Companys, unidos, quién lo iba a decir, por el mismo espacio urbano, murieron de forma trágica y podrían simbolizar lo que fue esa guerra civil que ahora, de forma insensata, se pretende aflorar, no para conocerla como historia, sino para que la revivan quienes no la vivieron. Esa guerra no fue, como algunos pretenden, una guerra entre fascistas y demócratas. No, no fue así. Fue una guerra entre hermanos, entre monárquicos y republicanos, entre católicos y marxistas, entre personas que querían vivir con ley y orden y otros que pretendían, desde el socialismo, implantar la revolución. También hubo fascistas y comunistas. A unos, en ambos bandos, se les juzgó y fusiló por sus acciones, por sus creencias o por sus crímenes. Pero otros tuvieron peor fortuna, y como Pradera y su hijo fueron asesinados salvaje y cruelmente.
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