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Las escuchas ilegales y el caso Perote, dos manchas para un servicio secreto con prestigio

ALMUDENA MARTÍNEZ-FORNÉSMADRID. Conocer al enemigo. Así se podría describir en tres palabras la misión de los agentes de Inteligencia, una de las profesiones más antiguas, pero también más misteriosas

Actualizado 25/07/2007 - 02:47:32
ALMUDENA MARTÍNEZ-FORNÉS
MADRID. Conocer al enemigo. Así se podría describir en tres palabras la misión de los agentes de Inteligencia, una de las profesiones más antiguas, pero también más misteriosas para la sociedad, ya que para mantener el «secreto» en su trabajo los espías también suelen disfrazar su vida y darle un aire de aparente normalidad. Pero, sin ninguna duda, el servicio de Inteligencia es uno de los cuerpos esenciales para mantener la seguridad de una nación frente a las amenazas tanto externas como internas.
En algunos países, los espías dependen de diversos organismos, pero en España, aunque tengan distintas procedencias, están todos agrupados en el Centro Nacional de Inteligencia (CNI), que hasta el año 2002 se llamaba Centro Superior de Información de la Defensa (Cesid).
Su sede principal se encuentra en Madrid, en la avenida Padre Huidobro sin número, situada detrás del hipódromo de la carretera de La Coruña, aunque hay agentes destacados por toda España y por numerosos países de todo el mundo, donde en general gozan de prestigio por su eficacia, lealtad y profesionalidad.
Informar al presidente
Su principal misión es recabar información -para lo que emplean sus propios métodos y procedimientos- y facilitarla al presidente del Gobierno y al Gobierno. En concreto, deben presentar, a través del CNI, «informaciones, análisis, estudios o propuestas que permitan prevenir y evitar cualquier peligro, amenaza o agresión contra la independencia o integridad territorial de España, los intereses nacionales y la estabilidad del Estado de derecho y sus instituciones», según informa este organismo.
El CNI se financia con los aportaciones fijadas en los Presupuestos Generales del Estado y con fondos reservados, destinados a proteger la identidad de determinadas personas, así como acontecimientos, lugares o fechas relacionadas con las investigaciones.
Por su naturaleza peculiar -trabajo secreto, procedimientos propios, identidades ocultas y gastos reservados- se trata también de uno de los organismos que más riesgo corren de cruzar el límite de la legalidad, como ya ha ocurrido en algunas ocasiones y es de suponer que en muchas más de las que han llegado a salir a la luz.
El caso más sonado fue el de las «escuchas del Cesid». Entre 1983 y 1991, bajo el Gobierno socialista de Felipe González, el denominado Gabinete de Escuchas del Cesid, que dirigía Emilio Alonso Manglano, había estado grabando ilegalmente conversaciones a empresarios, políticos, periodistas e incluso a Su Majestad el Rey.
Sin embargo, el mayor escándalo fue el protagonizado por el coronel Juan Alberto Perote, condenado por revelar secretos de Estado al ser destituido de su cargo, en 1991, como responsable de la Agrupación Operativa de Misiones Especiales (AOME) del Cesid.
Los papeles de Perote
Perote se llevó 1.245 microfichas con secretos relativos a la seguridad y defensa nacionales, entre ellos los de la «guerra sucia» del Gobierno socialista contra ETA. En concreto, eran las microfilmaciones de todas las notas de despacho (que mandó destruir) que se custodiaban en el armario de seguridad de la Secretaría de la AOME. Algunas de estas notas acabaron en poder del empresario Mario Conde y después aparecieron publicadas en medios de comunicación. Estos escándalos contribuyeron a acelerar la caída de Felipe González.
Con el fin de marcar diferencias respecto al Cesid del Gobierno de González y de alejarse de aquella triste etapa de escándalos y traiciones, actualmente el CNI hace gala del control judicial al que se encuentra sometido. El hecho cierto es que en 2002, ya bajo el Gobierno de José María Aznar, se estableció la obligatoriedad de que todo agente que necesite violar un domicilio o pinchar comunicaciones requerirá una autorización del juez. Otra cosa es que este requisito se cumpla siempre. Y es que también recientemente los espías del CNI han protagonizado algunos titulares, como el supuesto seguimiento realizado al presidente de Endesa, Manuel Pizarro, en su propio domicilio, por dos agentes que fueron sorprendidos por los escoltas del empresario. También hoy en día se insiste mucho en la lealtad y discreción de los candidatos a espía para evitar nuevos casos como el de Perote o el, más reciente, de agente Roberto Flórez.
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