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«Rompiendo el silencio» de los abusos a los palestinos

Actualizado 25/06/2004 - 02:27:17
Una soldado israelí, frente a un panel de fotografías de la exposición en Tel Aviv AP
Una soldado israelí, frente a un panel de fotografías de la exposición en Tel Aviv AP

TEL AVIV . Cuatro jóvenes israelíes que hicieron su servicio militar en Hebrón han organizado una

exposición de fotografías y testimonios en vídeo para denunciar los malos tratos

infligidos a los árabes. La Policía hebrea les detuvo el martes

Hebrón. Laboratorio de la ocupación israelí en Cisjordania. Ciudad palestina de 130.000 habitantes. Con un núcleo duro y fundamentalista de 500 judíos armados de «Uzis», odio y racismo en el corazón de la urbe partida en dos.

Junto a ellos, para proteger a esos colonos irredentos, centenares de soldados israelíes recorren día y noche la localidad. Muchos son jóvenes allí destinados para hacer su servicio militar de tres años.

Jóvenes que nunca antes habían visto tan cerca a un palestino. Ni a un colono. Casi todos cumplen las órdenes que reciben sin rechistar. Casi todos creen estar aquí para proteger a su país de la amenaza terrorista; para defender a unos compatriotas, racistas, a quienes casi todo les está permitido.

Pero no todos se suman a un juego que remueve conciencias, agita almas, acelera corazones, nubla la vista y tuerce demasiados gestos. Los hay valientes, más humanos, demócratas que bajan de esa desbocada locomotora en marcha, osan dar un paso al frente y se atreven a colgar conmovedoras fotografías en unas desconchadas paredes.

Imponer el miedo

Y osan también encender una televisión, y conectar un vídeo, y dar rienda suelta a un puñado de testimonios demoledores. Cuatro de esos soldados que cumplieron el servicio militar en Hebrón, en la Brigada Nahal, han dado ese paso al frente. Algunos creen que al vacío tras la redada policial del martes en la que fueron detenidos y los vídeos confiscados. Tras ser interrogados fueron puestos en libertad. Ellos denuncian a las Fuerzas de Seguridad por querer imponer el miedo entre los soldados en lugar de perseguir los abusos y malos tratos descritos.

Ese paso al frente lo han dado en la Academia de Cine Geográfico de Tel Aviv, unas precarias instalaciones ricas desde principios de mes en honestidad. De sus paredes cuelgan 90 fotografías tomadas por soldados de servicio en Hebrón. En muchas aparecen los rostros adustos de militares, primeros planos sin nombres ni apellidos que invitan a la reflexión.

Las otras son más chocantes. En las otras se puede observar a un soldado impasible junto a una pintada en hebreo que reclama «cámaras de gas para los árabes»; se puede ver a soldados israelíes tomando café junto a un chaval palestino sentado con las manos atadas detrás de la espalda y los ojos vendados. Estuvo así 16 horas.

En las otras se puede mirar Hebrón a través de una ventana agujereada por un balazo perdido, o no; se puede palpar la desesperación en las caras de unos niños palestinos que juegan, cómo no, a palestinos e israelíes, junto a un soldado que empuña desganado su fusil amenazador.

Además, para que no falte de nada, hay un marco del que cuelgan decenas de llaves de coche confiscadas por los militares a los residentes de Hebrón como castigo nunca levantado.

Pero no sólo se ve, se mira, se observa, se palpa. También se oye. Se oyen y se escuchan los testimonios de una treintena de soldados, imágenes borrosas, voces distorsionadas para mantener el anonimato, en los que se denuncian los abusos caprichosos a los palestinos, se describe el lanzamiento de gases lacrimógenos para combatir el aburrimiento, se señala la explosión de granadas de ruido a medianoche para despertar a una ciudad que nunca duerme del todo...

Todo eso se ve, se observa, se palpa, se escucha en el corazón de Tel Aviv. El domingo, si la Policía no lo impide, la exposición «Rompiendo el silencio» llegará a la Kneset. Que se preparen las otras conciencias.
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