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Gloria Thurn und Taxis, la «princesa punk» se confiesa

Actualizado 25/05/2004 - 01:57:06
Gloria von Thurn und Taxis rememora sus años de excesos
Gloria von Thurn und Taxis rememora sus años de excesos

BERLÍN. La Princesa de Thurn und Taxis admite haber hecho algunas tonterías en su vida, pero le está poniendo remedio. Así lo afirma en la biografía que presenta «Gloria, die Fürstin (La princesa)», en la que pasa revista, entre otros, a sus años más locos como «fille terrible» de la alta nobleza europea. Gloria von Thurn und Taxis, nacida Schönburg zu Glauchau und Waldenburg y dueña de una de las mayores fortunas aristocráticas, habla a lo largo de 389 páginas con el experto muniqués Peter Seewald sobre su leyenda de «Punk-Prinzessin». A sus 44 años, la alocada muchacha que heredó al anciano Príncipe Johannes, 34 años mayor que ella, necesita sincerarse, y lo hace, por ejemplo, de la siguiente manera: «Mi marido era un hombre que disfrutaba enormemente la libertad sexual». Dice haber sido discreta en atención a sus hijos, pero no tarda en añadir: «Me encantaba ser su geisha». Reconocida sobre todo por saber dar la nota -con vestidos y peinados que ni Agata Ruiz de la Prada en su día más inspirado- y por las fiestas ofrecidas en su mansión de Sankt Emmeram, en las que coincidían Mick Jagger con Adnan Kashoggi y determinados estupefacientes de por medio, Gloria repasa sus muchos huéspedes en Regensburg, desde el millonario Flick, tan cercano en su tiempo al PSOE, al león bávaro Franz Josef Strauss, pasando por Helmut Kohl e incluso Michael Jackson. «Como en un cuento con final feliz» Gloria narra su infancia en Somalia, cuenta las «maravillosas» hierbas fumadas en su juventud, recuerda la «sorpresa» de la cocaína, de sus fiestas -«las más divertidas, las de los socialistas»-, hasta caer a los 20 años, en una noche muniquesa, en brazos de un Príncipe de 54 años, heredero del inventor del correo (taxis), y su boda, ya embarazada, de su primera hija. También rememora las dificultades posteriores con el Príncipe -fallecido en 1990-, y las de éste con el alcohol, «un depresivo cínico» pero «encantador», así como su propia evolución -«tras ver las puertas del infierno»-, convirtiéndose en una atenta esposa, una persona llena de fe, madre perfecta de tres hijos y no menos apañada administradora posteriormente del inmenso imperio (1.500 millones de euros) heredado y recuperado de manos de unos gestores que temían todo de ella. Pero ganó, dejó las drogas -«porque alelan»-, batalla ahora al frente de organizaciones pro-vida, contra «la jurisprudencia de que el niño es un perjuicio para una madre», y este domingo participó como electora delegada por Baviera ante la asamblea general para elegir al nuevo presidente de la República alemana. «Más que una confesión, es mi cuento», aclara.
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