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Miguel Primo de Rivera: «Soy el último Primo de Rivera que queda y toda la historia me cayó a mí»

Actualizado 25/04/2002 - 00:06:54
Miguel Primo de Rivera. Javier Prieto
Miguel Primo de Rivera. Javier Prieto
MADRID. Para algunos todo ha pasado demasiado deprisa, para otros demasiado despacio, pero esas dos Españas que han helado el corazón de tantos españoles han dejado de existir. Así lo expresa Miguel Primo de Rivera y Urquijo en su último libro «No a las dos Españas» (Colección «Así fue. La historia rescatada». Plaza Janés). A lo largo de su vida y lo mismo cuando ocupaba puestos políticos, su autor ha ido tomando notas de los sucesos más relevantes. Considera que nunca hubiera escrito este libro, pero «me han presionado mucho y no me he podido resistir».
La figura de su abuelo, el general Primo de Rivera, le hizo pensar en la entrada en la política «aunque yo no quería hacerlo, pero resulta que soy el último Primo de Rivera que queda y toda la historia me cayó a mí». Según afirma, José Antonio salta a la palestra para defender la memoria de su padre. «No quería intervenir para nada en política. Le interesaba sobre todo su carrera de abogado, era un profesional y un intelectual enamorado de su trabajo. En la familia se le recuerda como a una persona tímida, superhonesta y a la vez nervioso, un luchador permanente y un defensor de la verdad por encima de todo».
El caso es que Franco ofrece a Miguel Primo de Rivera la propuesta de algún ministerio, pero sólo acepta la alcaldía de Jerez con la condición de no ser jefe local del Movimiento, ante el estupor del Generalísimo. «Le expliqué: «Quiero que entienda una cosa. A mí me han dejado sin familia, yo entro en política y quiero una España que es la España que viene y no las dos Españas que aquí se presentan. Las dictaduras no tienen herencia y después tiene que venir una democracia. No tengo ningún rencor por esas muertes pero quiero mirar hacia el futuro. Y Franco increíblemente me dijo: Adelante Miguel». Había sido ayudante de mi abuelo y me trataba con especial atención».
«Yo creo que me entendía, quizá más al no tener hijos, comenta. Estaría o no de acuerdo en mis planteamientos, pero veía en mí una persona decente. Prueba de ello es que me nombra consejero nacional de libre designación, cargo que no acepto».
En ese momento tiene lugar una divertida anécdota. «Llamé a mi tía Pilar para que me acompañara al Pardo para explicárselo. Por el camino le preguntaba. ¿Qué le digo? Estaba un poco nervioso y ella me replicó: «Lo mejor es que recemos un rosario porque no sé qué decirte». Eso hicimos y cuando estuve delante de Franco lo entendió muy bien y me dijo algo muy importante. «Las puertas de esta casa las tienes abiertas siempre». Se quedó como con lágrimas en los ojos, muy impresionado de como se lo había planteado. Fue en el 64 y yo tenía 29 años».
Con el Rey mantuvo una cercana relación desde 1948 cuando se conocieron en un tentadero en casa de su tío Pedro Gandarias. «Era tres años menor pero manteníamos una magnífica relación. Yo me hice un planteamiento de una monarquía constitucional y me puse a su servicio. Un día Franco me llamó y me enseñó el borrador donde nombraba a don Juan Carlos sucesor, pero me pidió que no se lo dijera a nadie. Le contesté que lo sentía, pero que desde allí me iba derecho a comunicárselo al Príncipe. Y eso hice».Ahora, considera que las dos Españas han muerto por fin.
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