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El pragmático y lacónico general

RAÚL CASTRO PRESIDENTE DE CUBAPOR CARLOS ALBERTO MONTANEREl general Raúl Modesto Castro Ruz (n. 1931), nuevo presidente de Cuba, a sus 76 es cinco años más joven que su hermano, pero ésa tal vez es la

Actualizado 25/02/2008 - 02:47:43
RAÚL CASTRO PRESIDENTE DE CUBA
POR CARLOS ALBERTO MONTANER
El general Raúl Modesto Castro Ruz (n. 1931), nuevo presidente de Cuba, a sus 76 es cinco años más joven que su hermano, pero ésa tal vez es la menor de las diferencias. Fidel es alto, corpulento, locuaz, dado a las complejidades teóricas, terco, colérico, dogmático, solemne, frío, áspero en el ámbito familiar, desorganizado, carente de sentido del humor y narcisista. Raúl, en cambio, es de corta estatura, lacónico, sentimental, hogareño, llorón, refractario tenaz a las lecturas y enemigo a muerte de las abstracciones teóricas, pragmático, organizado, bromista, capaz de tener gestos caseros de afecto y solidaridad. Más que la historia, a Raúl le interesan las peleas de gallos, el whisky y las fiestecillas entre camaradas, lo que no le impide fusilar a cualquiera, como ha hecho en el pasado decenas de veces sin conocer el remordimiento, salvo cuando mató a su amigo, el general Arnaldo Ochoa. Cuando era un adolescente, Fidel había decidido ser presidente de Cuba. Raúl soñaba con ser locutor de radio.
La ficha biográfica es conocida. Raúl es el sexto hijo de Ángel Castro Argiz, un rico propietario agrícola de origen español. Fue un mal estudiante desde la primaria hasta la universidad, que no terminó. Cuando era un muchacho, sus padres, desesperados, se lo enviaron a Fidel a La Habana para que lo enderezara, y éste lo colocó férreamente bajo su autoridad. Raúl lo ha dicho: Fidel es como su padre. Lo admira. Lo teme. Es un padre terrible, pero la subordinación emocional a los padres terribles suele ser muy intensa. Las dos familias -por cierto-, la de Fidel y la de Raúl, apenas se visitan y tratan. Es Fidel el que ha decidido poner distancia, con el aplauso de su mujer, que nunca tragó del todo a Vilma Espín, la esposa de Raúl, muerta hace unos meses.
En 1953, Raúl se hizo comunista tras participar en un Congreso de las Juventudes Socialistas organizado por el KGB en Viena. Quedó convencido de la superioridad inderrotable de la URSS y del horror sin límites de Estados Unidos. Poco después, el 26 de julio de ese año, su hermano lo incorporaría al fallido ataque al Cuartel Moncada, y los dos, más una docena larga de supervivientes, acabarían en la cárcel, pero no por demasiado tiempo: apenas 21 meses, cuando el dictador Batista los amnistió.
Luego vino el exilio en México, el adiestramiento y el desembarco de 82 expedicionarios cerca de la Sierra Maestra en diciembre de 1956. En la montaña, Raúl demostró ser un organizador eficaz -es su mejor virtud-, y Fidel le encomendó que pusiera en marcha otro frente.
Lo hizo con bastante eficacia, y comenzó a crearse un círculo que desde entonces ha existido, de los raulistas, oficiales que han seguido girando en torno al segundo comandante en jefe.
Fue allí, también, donde conoció y se enamoró de una mujer educada y burguesa, Vilma Espín, ingeniera pasada por MIT en Estados Unidos, pero comunista como él. Vilma construyó junto a Raúl una familia razonablemente articulada -cuatro hijos, yernos, nueras y ocho nietos- que funciona como clan de poder, y en la que destaca Mariela Castro, una sexóloga convencida de que los problemas más graves de Cuba pasan por la entrepierna.
Un entorno militar
En 1959, Raúl se convirtió en jefe de las Fuerzas Armadas, y desde 1989, además, absorbió al Ministerio del Interior. ¿Con quién va a gobernar? Seguramente, con sus hombres de confianza, casi todos militares, y con su familia inmediata: su yerno Luis Alberto Ramírez, teniente coronel del Ejército, y su hijo Alejandro Castro Espín, coronel del Ministerio del Interior, en quien, se especula, está pensando para sucesor de la dinastía.
¿Cómo va a gobernar? Por ahora, muy cautelosamente, porque su hermano Fidel, aunque ha renunciado, no le dejará hacer cambios sustanciales. Así son los padres terribles. Hasta que no entierre a Fidel no podrá mandar realmente.
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