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Los «barones» del PSOE echan un pulso a Zapatero

En su intento de implantar un nuevo estilo de hacer política, José Luis Rodríguez Zapatero ha chocado con los viejos modos de los «barones», que libran la última batalla por preservar las amplísimas cuotas de poder que acumularon en la década de los noventa. El «núcleo duro» de la Ejecutiva cree que algunos dirigentes no han asumido el «voto por el cambio» que representó el XXXV Congreso.

Actualizado 25/02/2001 - 00:01:46
Chema BarrosoZapatero con Chaves, Bono e Iglesias, en una reunión con los presidentes autonómicos del PSOE
Chema BarrosoZapatero con Chaves, Bono e Iglesias, en una reunión con los presidentes autonómicos del PSOE
El lunes pasado, día 19, en la «sala Ramón Rubial» de Ferraz 68-70, donde se reúne la Ejecutiva federal del PSOE, se pusieron las cartas boca arriba y se habló a calzón quitado. Allí, según ha podido saber ABC, se explicitó el reconocimiento de que detrás de las diferencias sobre el Plan Hidrológico Nacional, primero, y la Ley de Extranjería, después, no hay sino una «lucha por el poder», la que, con diversos matices, libran los «barones» -que, en mayor o menor medida, apostaron por José Bono como secretario general- por mantener las amplísimas cuotas de poder que acumularon durante la década de los noventa ante la debilidad de las sucesivas direcciones federales.
Tan sólo cuatro días antes, el jueves 15, Zapatero se había reunido con todos los presidentes autonómicos y secretarios generales para cohesionar el partido ante la imagen de división que se estaba trasladando a la opinión pública. Allí, el secretario general afirmó su disposición a realizar cuantos debates previos fueran necesarios antes de fijar el criterio del partido sobre cualquier asunto y su voluntad de mejorar los mecanismos de coordinación con los «barones», y éstos avalaron su estrategia de buscar un pacto de Estado sobre inmigración y asumieron que «hay intereses de conjunto que representa la dirección federal».
COMPORTAMIENTOS «DESLEALES»
Pero Zapatero sólo tuvo que esperar horas para descubrir con estupor que quienes asentían dentro de las paredes de Ferraz, tardaban en reclamar públicamente más poder y margen de autonomía el poco tiempo que les llevó traspasar la puerta de salida.
Así que el lunes decidió recoger hilo y, «con la misma suavidad en las formas que si les estuviera invitando a cenar en su casa», mirándoles a los ojos y llamándoles por su nombre de pila, reprochó a varios de los «barones» que se sientan en su Ejecutiva -ocho en total- que aprueben una estrategia como miembros de la dirección y la cuestionen cuando regresan a sus territorios, reclamándoles, en definitiva, lealtad.
La intervención de Zapatero fue secundada por varios miembros del «núcleo duro» de la Ejecutiva, como José Blanco, Jordi Sevilla, Trinidad Jiménez, Consuelo Rumí y Leire Pajín, con un hilo conductor común: la actuación de algunos «barones» hace pensar que hay quien está interesado en volver a los tiempos anteriores al XXXV Congreso y que no han asumido que «el voto por el cambio» se refería también al funcionamiento del PSOE, que, según subrayaron, «es un partido federal, pero no una confederación de partidos».
«CHOQUE» DE ESTILOS
Para evidenciar el comportamiento «contradictorio» de algunos «barones», hubo quien recordó que «no puede ser que haya secretarios generales o presidentes autonómicos que reclaman un margen de autonomía y de libertad que ellos no toleran en sus territorios». Ejemplo de este comportamiento es que, según ha podido saber ABC, Bono ha reclamado a la Ejecutiva federal que actúe disciplinariamente contra el diputado Juan de Dios Izquierdo por discrepar públicamente del trazado del AVE pactado con el Gobierno por el presidente de Castilla-La Mancha.
Paradigma del choque entre el estilo «suave» y conciliador de Zapatero con los viejos modos de los «barones» ha sido lo ocurrido en Andalucía con el «caso Rafael Centeno», al que más allá de su responsabilidad por un comentario xenófobo, se considera víctima del viejo estilo de hacer política que simboliza José Caballos, el hombre al que Bono ofreció la secretaría de Organización del PSOE a cambio del apoyo de Andalucía a su candidatura a la secretaría general y al que se considera instigador de la campaña contra el PP en el «caso Centeno», una actuación que choca frontalmente con la «convicción» de Zapatero de que es necesario un auténtico «pacto cívico por la convivencia». En la reunión del Comité Director que celebró el PSOE de Andalucía para analizar la respuesta al «caso Centeno», hubo voces que reclamaron la dimisión de Caballos, pero Manuel Chaves las rechazó y salió a dar la cara por su colaborador, a pesar del malestar creciente que existe en el PSOE andaluz.
LOS «BARONES» Y SU CIRCUNSTANCIA
Con todo, el comportamiento de los «barones» es «asimétrico». Así, Bono e Ibarra presentaron a Zapatero su apoyo al PHN del Gobierno como una situación de «hechos consumados», pero el extremeño ha advertido de que, si el PP sigue explotando este voto para dividir al PSOE, está dispuesto a retirar su apoyo. Además, Ibarra ha mantenido un escrupuloso silencio respecto a la posibilidad de recurrir la Ley de Extranjería, mientras que el segundo activó «motu proprio» los mecanismos para hacerlo, aunque ha reconocido que es un asunto «extraterritorial» y, temeroso de convertirse en «el malo», ha asegurado públicamente que se someterá al criterio de Zapatero.
El aragonés Marcelino Iglesias se justifica con que no tiene mayoría absoluta y depende de sus socios, al contrario que Bono y al igual que el balear Francesc Antich, al que se considera muy influido por el catalán Pasqual Maragall, también partidario del recurso, tesis a la que le arrastró el colectivo de Ciutadans pel Canvi que le apoya, pero a la que también han contribuido ex dirigentes como Narcís Serra, el gran derrotado del último congreso del PSC, del que aspiraba a salir como «reina madre» del socialismo catalán. Al murciano Ramón Ortiz, en algunos medios socialistas se le responsabiliza de instigar una rebelión de los diputados murcianos a favor del PHN, aunque esta versión es matizada por otras fuentes en el sentido de que sólo ha pedido que defiendan sus argumentos en el Grupo parlamentario Socialista. Actitudes todas que, según señaló un miembro de la Ejecutiva, contrastan con la de Felipe González, que ha puesto sordina a su discrepancia con el pacto antiterrorista y respaldado públicamente el pacto sobre la inmigración.
En esta tesitura, destacados miembros de la Ejecutiva sostienen que «si los “barones” pueden rebelarse contra la Ejecutiva, la Ejecutiva debería poder censurar aquellas decisiones de los “barones” que no comparta», como la de Ibarra de imponer un recargo a los bancos, lo que «nos conduciría a un caos inaceptable para todos», reflexión que esperan que haga recapacitar a los «barones».
RETORNO A UN PASADO NO QUERIDO
A la postre, la mayor preocupación de Zapatero es que, como señaló el lunes un miembro de la dirección, «volvemos a hablar de nosotros mismos», que es precisamente «lo que los ciudadanos nos han dicho, por activa y por pasiva, que no quieren».
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