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Esperanza Roy resucita al ángel azul

Actualizado 24/10/2002 - 23:44:25
Esperanza Roy caracterizada como Marlene Dietrich
Esperanza Roy caracterizada como Marlene Dietrich
¿Quién fue Marlene Dietrich? Una leyenda viviente. Durante toda su carrera artística se esmeró por crear una imagen de diva inalcanzable e indomable, rodeada de glamour. Una mujer adelantada a su tiempo, una provocadora nata, que despertaba filias y fobias. Sensual y al mismo tiempo fría, siempre rodeada de un halo de misterio que la convirtió en un mito. En sus últimos años, cuando el paso del tiempo había mancillado su cuerpo y sus preciosas piernas ya no eran las mismas (aquellas que fueron aseguradas por un millón de dólares de entonces), decidió recluirse hasta la muerte en un apartamento de París, a salvo de las cámaras de la prensa. No quería que el mundo la viera envejecer y sólo permitió que la visitaran sus familiares más cercanos. Pero el mito creció tras su muerte.
Atracción fatal
Ahora, la cabaretera de sombrero de copa y ligas, que rompía corazones e hizo perder la razón a más de uno, renace -aunque salvando las distancias- de la mano de Esperanza Roy en «Un ángel azul», que se estrenó ayer en el madrileño Teatro Arlequín. La Roy, que confesó haberse «elevado por los aires» cuando le ofrecieron el papel, se mete en la piel de la diva en una atracción fatal, «hasta el punto que el personaje me invade y me obsesiona. Ha sido mi trabajo más arduo, pero me da mucha marcha». Ataviada con fastuosos trajes, interpreta en directo, con música grabada, diez de sus emblemáticas canciones, con el mismo aire de ambigua vampiresa.
Esperanza Roy, curtida en el «music-hall» y en la zarzuela, se desenvuelve en casi todas las disciplinas artísticas y aquí da salida a cada una de ellas: canta, baila e interpreta en un espectáculo que define como «un drama, una comedia y un musical».
Con un pelucón rubio de melena ondulada, vestida con un frac, chistera y fumando de una boquilla «vamp», la Roy habló de su adorada Dietrich con verdadera admiración: «Era una reina maravillosa que rompió moldes, una mujer intocable, de cabeza brillante, un capitán general, con un carácter provocador y valiente que le hizo sufrir mucho en la vida». «Esta función no desmonta en ningún momento el mito de Marlene, no es posible hacerlo», aseguró. Sin embargo, en la obra, además de a la estrella, se vislumbra «a la mujer que se quedó sola al final de sus días, y que se sentía incomprendida por la gente y por su país».
Nacida para la fascinación
Aunque no existe parecido físico entre ellas (salvo en la estatura, 1,65), «la expresión corporal nos aproxima». Al personaje le acercan algunos aspectos y le separan otros muchos. Ambas son mujeres de armas tomar, de carácter y raza, las dos sienten un irremediable embrujo por el ambiente cultural e intelectual. «Pero ella era «redonda» sexualmente, yo no; ella vivía rodeada de glamour dentro y fuera de la pantalla, a mí me encanta ir con la cesta a comprar el pescado, algo impensable e imperdonable para un ser que había nacido para la fascinación».
En este «docudrama-musical», original del danés Christian Lange y dirigido por Daniel Bohr, la diva, ya anciana, una nonagenaria sentada en una silla de ruedas, echa la vista atrás y hace memoria de lo que fue su vida y su carrera, en un repaso a los episodios más decisivos de su vida. «Por imposición de las grandes productoras de Hollywood, tenía que ser alguien que no era. Debe ser terrible vivir algo que no tú eres y este era el drama de su vida».
«Aún cuando no tuviera más que la voz, podría romperle a uno el corazón», fue la alabanza que Ernest Hemingway dedicó a esa voz grave y sensual, no tan diferente a la de Esperanza Roy, con la que le gustaría emular los resultados de la gran diva del siglo XX.
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