Cultura

Cultura

Hemeroteca > 24/10/2002 > 

Woody Allen convierte Oviedo en Manhattan y se «entusiasma» con la fabada

Actualizado 24/10/2002 - 03:49:34
Allen ha viajado acompañado por su mujer, Soon-Yi, y dos de sus hijos. MARIO ROJAS
Allen ha viajado acompañado por su mujer, Soon-Yi, y dos de sus hijos. MARIO ROJAS
Vetusta era Manhattan ayer con Woody Allen comiendo fabada. ¿Escribirá el cineasta nacido en el Bronx una película sobre la fabada? Nada es imposible. El hombre que mejor ha filmado Nueva York en el celuloide y que mañana recibirá el premio Príncipe de Asturias de las Artes, degustó ayer algunos platos típicos de la gastronomía asturiana nada más aterrizar en Oviedo. Allen llegó visiblemente cansado, junto a su esposa e hijas, después de un vuelo directo desde Nueva Yok. El director de «La rosa púrpura de El Cairo» eligió para su primer almuerzo en Oviedo un restaurante de comida regional, «El Raitán», situado en el casco viejo de la capital del Principado. Junto a la fabada, en la mesa de los comensales, patatas a la importancia, jamón, quesos de la región y tarta de chocolate y nuez. El encargado del establecimiento señaló que en todo momento Woody Allen, y su séquito, se mostró amable y distendido. Además, la hermana del cineasta le confesó que les había gustado mucho la comida y que incluso algunos platos les habían «impresionado».
Paseando por Vetusta
Por la tarde, tras descansar varias horas en el hotel, Allen y su esposa, Soon-Yi, acompañados por algunos miembros de la Fundación Príncipe de Asturias, recorrieron algunas de las zonas más emblemáticas de Oviedo como la plaza de El Fontán, el parque de San Francisco y los aledaños de la catedral, donde posó pacientemente para los fotógrafos que seguían el recorrido. A lo largo del paseo numerosos ciudadanos se mostraban sorprendidos al cruzarse con el director de cine e incluso algunos le saludaban afectuosamente y le animaban a continuar su carrera. Una señora que se declaró ferviente admiradora del director se paró unos instantes a charlar con él y Allen no dudó en darle dos besos al despedirse, en una muestra más de la amabilidad de la que está haciendo gala desde su llegada a Oviedo para recoger un Premio que según ha declarado le hace especial ilusión, al igual que conocer a Su Alteza Real el Príncipe de Asturias.Allen ofrecerá hoy una conferencia de prensa en Oviedo y por la tarde participará en una charla coloquio en el Teatro Jovellanos de Gijón, donde 800 personas tendrán la oportunidad de preguntar y escuchar los comentarios del genio del cine tras la proyección de «Manhattan», una de sus películas más emblemáticas.
Woody Allen se reencontrará asimismo hoy en Oviedo con el dramaturgo Arthur Miller, premio Príncipe de Asturias de las Letras, que ayer realizó una visita privada a la Universidad de Salamanca. El autor de «Muerte de un viajante», que viajó a Oviedo en coche desde Madrid, paseó por el Edificio Histórico y admiró la portada plateresca. Conoció el claustro, el Paraninfo y se entusiasmó con la antigua Biblioteca, que contiene casi 3.000 manuscritos, 483 incunables y cerca de 62.000 impresos anteriores al siglo XIX, algunos de ellos únicos. Woody Allen y Arthur Miller pronunciarán mañana sendos discursos en la solemne ceremonia de entrega de los galardones, que se celebrará en el Teatro Campoamor.
Confesiones de Enzesberger
Por otra parte, el pensador, escritor, cineasta, editor y ensayista Hans Magnus Enzensberger, premio de Comunicación y Humanidades, se definió ayer ante la Prensa como «poeta» ante todo. «Una profesión o una afición -según se entienda- que no da mucho dinero, pero que está en nuestra vida en todos los momentos desde la más tierna infancia. Siempre te encuentras a gente en todos los países que tiene una pasión por la poesía», subrayó el autor alemán, que no demostró demasiado interés por la política actual de su país. Prorrumpió a carcajadas cuando le preguntaron por la situación política de su país: «El juego de los partidos en campaña electoral tiene algo de aburrido», dijo. «En la campaña electoral, hay muchos problemas que no se tratan. No cree Enzensberger que la poesía sea para una élite, sino que defendió su dimensión popular. De hecho, está en la vida de todos, «desde la oración a la canción pop». Y aunque reconoce que «es una actividad minoritaria» y «un producto cultural que no se vende, siempre hay alguien a quién le gusta. No hay que lamentarse».
Búsquedas relacionadas
  • Compartir
  • mas
  • Imprimir
publicidad
PUBLICIDAD
Lo último...

Copyright © ABC Periódico Electrónico S.L.U.