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Salamanca reivindica su espíritu erasmista

Actualizado 25/09/2002 - 23:57:53
«Erasmo de Rotterdam», de Quentin Metsys (1517). Palazzo Barberini de Roma
«Erasmo de Rotterdam», de Quentin Metsys (1517). Palazzo Barberini de Roma
Se dijo que Erasmo había incubado el huevo de la serpiente, o sea, la reforma de Lutero. Nunca se lo perdonarían. Salamanca continúa celebrando su capitalidad cultural desmontando, en este caso, viejos tópicos. Como el que Salamanca era una ciudad antierasmista. Lejos de tal afirmación, la exposición «Erasmo en España. La recepción del humanismo en el primer renacimiento español» trata de demostrar que ésta es una ciudad afín a Erasmo, a su discurso intelectual, a la enseñanza de la gramática, de la filología; a la renovación de las letras, de la poesía, de la traducción... Con sede en las Escuelas Menores de la Universidad salmantina, la muestra reúne, hasta el 6 de enero, 159 piezas prestadas por 83 instituciones de Europa y Estados Unidos. Aunque los libros son los protagonistas, no se trata de una exposición de libros al uso.
El director del proyecto científico, Fernando Checa, y la comisaria, Palma Martínez-Burgos, han querido poner el énfasis en las imágenes, en la clave artística. Se trata de «una reflexión acerca de la presencia intelectual, religiosa, espiritual y cultural de Erasmo, que marcó profundamente la cultura de España». Aunque se han hecho antes exposiciones sobre Erasmo, han sido muy parciales. En este caso se ha querido subrayar el carácter multidisciplinar. Pinturas, grabados, dibujos, esculturas, orfebrería, tapices, libros y documentos van hilvanado, a través de seis apartados, la compleja figura del humanista holandés: su relación con Carlos V y con Lutero; su amistad con Tomás Moro, su proyecto renovador de la cristiandad, sus críticas -no exentas de ironía- al Papado, a lo que él consideraba los abusos de Roma; su carácter antibelicista, su defensa a ultranza de la libertad...
Auge y ocaso de Erasmo
La exposición se abre con una sala en la que la imagen de Erasmo (su auge y ocaso) queda plasmada en algunos de sus mejores retratos, firmados por Holbein el Joven (Metropolitan de Nueva York), Quentin Metsys (Palazzo Barberini de Roma) y Durero (presente con tras grabados del British Museum, la Biblioteca Nacional y la Complutense). Como curiosidad, se exhiben en vitrinas libros de Erasmo con fragmentos tachados e, incluso, hojas arrancadas. Un párrafo de «El hereje» de Delibes (¡Erasmo a la hoguera!, dice un personaje) ilustra la pared. Las dos siguientes salas bucean en el carácter pacifista de Erasmo y su aversión a España. Todo ello ilustrado con cuadros tan espléndidos como «La fiesta del Rosario», de Durero; «Santa Úrsula y las once mil vírgenes», de Juan de Borgoña, o «Tríptico de la Virgen de la Leche», de Juan de Flandes. Estos dos últimos salen por vez primera del convento de las Úrsulas. Las tres primeras salas de la muestra han pasado de ser almacenes del archivo provincial a salas de exposiciones gracias a la Seacex. Con más de 1,3 millones de euros de presupuesto, se ha restaurado también buena parte de las piezas expuestas. El visitante pasa en este punto de la visita al majestuoso claustro de las Escuelas Menores, que bien merece una parada. El recorrido continúa con un homenaje a la obra más famosa de Erasmo, «El elogio de la locura», dedicada a Tomás Moro. La edición elegida para la muestra es una de 1515 de la British Library de Londres. Junto a ella, cuadros como «La extracción de la piedra de la locura» de El Bosco (Museo del Prado) o «Dos frailes en oración», de Metsys (Galería Doria Pamphili) ilustran su famosa máxima: la locura como sabiduría de vida. Todo un programa de reformismo social, crítico y mordaz.
Las dos últimas secciones (interrumpidas por una nueva salida al claustro) se centran en el aspecto más controvertido del erasmismo. Luchó con todas sus fuerzas contra las supersticiones y las prácticas judaizantes, contra la venta de indulgencias, contra el clero ignorante... Todo ello, decía, estrangulaba la religión. Apostaba por una profunda renovación espiritual, pero, seguramente sin quererlo, facilitó la tarea a Lutero para sus reformas. Se ganó tantos enemigos como adeptos. El famoso y espectacular «Cielo de Salamanca», de Fernando Gallego, se integra en la muestra como una obra más. La aportación de Erasmo a la teología, su revisión del Nuevo Testamento, centra la sexta y última sala: Vanitas, Pasiones, imágenes de santos (en especial de San Jerónimo, que ilustra en buena medida la doctrina erasmista)... Imágenes de devoción que Erasmo rechaza, porque cree que hacen de la religión «un juego de ignorancia y superstición».
La muestra no viajará a Rotterdam
Estaba previsto que la muestra viajase a Rotterdam (lugar de nacimiento de Erasmo). De hecho, todas las exposiciones que ha organizado la Seacex hasta el momento han itinerado por el extranjero, dada la naturaleza de esta Sociedad Estatal: está destinada a la acción cultural en el exterior. Finalmente -«por problemas de calendario», según la comisaria- no fue posible que fuese a ninguna de las dos sedes que se barajaron. Esta exposición coincide (casualmente, aunque es sorprendente, pues no se celebra ningún aniversario de Erasmo) con otra en Valencia. Palma Martínez-Burgos quita hierro al asunto: «No es competencia desleal. Además, no nos ha perjudicado, ya que nos aligera de libros. Aquélla es una revisión historiográfica». A la presentación de la muestra asistieron el alcalde de Salamanca, Julián Lanzarote (ésta es, para él, la gran exposición de Salamanca 2002) y el rector de la Universidad, Ignacio Berdugo.
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