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Excesos de equipaje

VIOLETA MOURABARCELONA.Aeropuerto de El Prat de Llobregat (Barcelona), en el ala de control aduanero. La chica dice que el perro es suyo aunque le tenga cierto miedo. El animal la ignora y gruñe. La

Actualizado 24/08/2009 - 04:47:24
GUARDIA CIVIL  Un perro vivo, una botella de whisky o unos calzones más  caros que los de cualquier diseñador. Todo vale para lograr  entrar droga en nuestro país a través del aeropuerto
GUARDIA CIVIL Un perro vivo, una botella de whisky o unos calzones más caros que los de cualquier diseñador. Todo vale para lograr entrar droga en nuestro país a través del aeropuerto
Aeropuerto de El Prat de Llobregat (Barcelona), en el ala de control aduanero. La chica dice que el perro es suyo aunque le tenga cierto miedo. El animal la ignora y gruñe. La dueña, no insiste. Teme que se revuelva. Pasa algo raro. Los agentes de la Guardia Civil lo tranquilizan y él se deja examinar. El animal exhibe una cicatriz que atraviesa todo el abdomen, lo que podría explicar su comportamiento esquivo y algo agresivo. Bajo la costura se perciben unos bultos macizos. Los agentes deciden pasar el can por el control radiológico y ven los grandes cilindros opacos. El perro llevaba cocaína.
La escena no es de una película. Esta es la realidad cotidiana para la unidad de decomisos de la Guardia Civil en el aeropuerto de El Prat. Se dice que «la necesidad agudiza el ingenio». Aquí es imposible que el dicho no roce la ironía. El muestrario de talento escondidoenla imaginación humana cuando la necesidad aprieta es grande. Los motivos son los de toda la vida: dinero, amor, deudas, desesperación, miseria. Todo esto se espera que se lo pague el dinero obtenido con el negocio ilegal. El tráfico de drogas se sostiene a través de los más ingeniosos métodos para superar el control policial a que se someten «muleros», «camellos» y todos los pequeños intermediarios en el tráfico de drogas internacional. Del otro lado de la barricada están los agentes del control aduanero.
«No siento las piernas»Diez horas y unos cuantos kilos de cocaína adosada a las piernas en un vuelo transatlántico sin escala.Los agentes lo identifican y lo cachean. La pesadilla termina. Suplica que se le quiten los pantalones de cocaína porque «ya no las siente». Pero antes está todo el procedimiento: leer los derechos, fotografiarlo. etc.
Un individuo lleva dos botellas de 0,75 litros de puro whisky escocés como recuerdo. Los envases de cerámica de origen esconden en su interior un alijo de cocaína comprimida. Unos 0,75 kilos por botella. El botín sería bueno, aunque no tan grande como años antes, pues la omnipresente crisis económica ha provocado una reducción del consumo de drogas y, además, el control ha aumentado.
Mangos y frijoles
Pero el ingenio, o la desesperación,siguen en auge y el calor tropical de dondeviene parece inspirar el tono de la siguiente escena. Los agentes decomisan un cargamento de mangos rellenos de cocaína y sellados de modo casi quirúrgico. Si no fuera por la ausencia del huesodetectada por el rayo X, la táctica sería perfecta. Las historias que cuentan son simples: una madre pone en la maleta para su hijo dos paquetes de «frijoles». Así les llaman en Sudamérica. Aquí, «judías negras» y cada una de ellas hecha de cocaína.
En este inacabable inventario de despropósitos aparecen, por ejemplo, simulacros de aparatos electrónicosinútiles que casi se asemejan a piezas de arte contemporáneo.
La tecnología obsoleta parece tener aquí su ultimo soplo: portátiles viejos y gordos con un espacio de batería igual de generoso donde caben varios kilos. También se ven antiguas televisiones de tubo donde el espacio entre el dispositivo yla carcasa parece quedar demasiado minimalista sin algún relleno.
La tradición sigue siendo algo fuerte y siempre se la lleva en la maleta elviajero temerario. Los agentes de la Guardia Civil intervienenun traje de torero. El traje es rígido como debe en su pose y tensa es la estructura de cocaína comprimida que lo sustenta.
Otrora, un pasajero de África viaja con una lata de aceite español. Dentro del envase (que por cierto no dispensa alguna cantidad del verdadero óleo), está una bolsa plástica con cocaína en pasta que se camufla perfectamente para los rayos X.
«Cosas peores»La religión tiene su papel en este enredo de peregrinos sospechosos. Este fue el día en que los agentes tuvieron que romper unoscuernosde vacuno africano llenos de superstición, mierda y cocaína. En otra ocasión fueron una máscaras africanas que venían ya ahuecadas de origen para albergar pequeñas fortuans en forma de polvo clandestino.
Los que transportan la droga con o o incluso dentro de ellos suelen ser gente simple, apuntan fuentes policiales.Casi se les tiene una cierta pena. Y es que nunca se sabe bien hasta que punto va su implicación en el delito o si lo hacen por un desespero económico y a beneficio de milonarios narcotraficantes.
Entre tanto método estrambótico de traficar con droga también se cuentan los ya clásicos sistemas. A saber: un bajo un doble fondo de una maleta cualquiera o que el «transportista» se trague o se introduzca por el ano o la vagina la droga para llevarla lo más oculta posible.
«Y hacen cosas peores que lo del perro» (que, por cierto, vivió para ladrarlo), comenta un agente de la Guardia Civil, «aunque no en España». «No es una leyenda urbana -prosigue- son informaciones que nos llegan de otros cuerpos policiales extranjeros... Lo más salvaje: un bebé muerto aparentando que va dormido. Llevaba cocaína».
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