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Armstrong se ensaña con Simeoni y eclipsa el triunfo de Mercado

Actualizado 24/07/2004 - 18:35:20
Armstrong persiguió a Simeoni con saña para castigarle por sus denuncias contra el doctor Ferrari AP
Armstrong persiguió a Simeoni con saña para castigarle por sus denuncias contra el doctor Ferrari AP

Si el mundo supuestamente civilizado gira en torno a individuos como Lance Armstrong, mejor emigrar a los confines de la Tierra, a las islas de los maoríes o así. Al final de todo, las personas no cambian, siempre terminan por retratarse, por exponer fielmente de qué fibra están hechos. Armstrong fue prepotente y rencoroso con Filippo Simeoni, el italiano repudiado por una parte del pelotón, el que dijo hace cuatro años ante el juez que Michele Ferrari le había recetado EPO. Armstrong, discípulo de Ferrari, no perdona. Tarde o temprano, el que se la hace, la paga. Y si puede, con intereses en el daño. Ganó Juan Miguel Mercado en Lons Le Saunier. El pequeño escalador de Armilla trituró por astucia a Txente García Acosta. Eligió un mal día, porque las hemerotecas siempre recordarán el lamentable desplante de Armstrong al italiano.

Es mejor que Armstrong se dedique a ganar etapas, a dar espectáculo en las montañas, a compensar los malos tiempos del ciclismo con su jerarquía inabordable. Es mejor que no aplique su ley, porque no es la del más fuerte. Es el gobierno de la prepotencia, del conmigo o contra mí, la máquina del resentimiento.

Una vieja historia

La historia viene de lejos, pero al americano le escuece como si fuese de ayer mismo. A Filippo Simeoni le registraron la casa en 1999. La policía italiana descubrió una agenda con anotaciones en clave. El corredor terminó ante el juez y manifestó que Michele Ferrari, el gurú de la medicina, le había recetado productos dopantes. La declaración no se conoció hasta 2001, cuando lo descubrió una publicación italiana. En la víspera de la Milán-San Remo de 2002, Armstrong -a quien asesora Michele Ferrari- le llamó desgraciado y mentiroso a Simeoni. También en posteriores entrevistas. El italiano se ha cansado y ha decidido emprender acciones legales contra el líder del Tour.

Simeoni quiso una porción de cielo ayer. Buscó la anuencia del pelotón y emprendió la cabalgada en busca de Mercado, Txente, Flecha, Lotz, Fofonov y Joly. La réplica fue abrumadora, innecesaria, desproporcionada. Un ejército contra una hormiga. Saltó a su rueda Armstrong, que le aventaja en dos horas y 42 minutos. ¿Para qué?

Lo explicó el americano sin necesidad de palabras, con ese talante justiciero. En nombre del pelotón, según dijo luego. Si hubiera adoptado una actitud neutral, inteligente, hoy no se hablaría del asunto. Lo intentó Simeoni, aquel de la querella. Dos líneas. Pero quiso ejercer su autoridad por aplastamiento. Humilló al italiano, aunque lo que hizo fue describirse a sí mismo.

Grapado al italiano

Durante catorce kilómetros, Armstrong se grapó a Simeoni. Llegaron juntos al grupo de seis escapados, ampliaron la ventaja con el líder dando relevos como si fuera un aventurero más, mientras Simeoni se comía el desplante. La fuga, claro, estaba condenada al fracaso porque los tirones de Armstrong elevaron la diferencia con el pelotón hasta los dos minutos, cincuenta segundos. Demasiado para el T-Mobile, que apretó los dientes. Pero fue Txente, quien en un arrebato de sensatez, habló con Armstrong y le explicó que aquella no era su guerra.

Armstrong y Simeoni frenaron. Dejaron que su agravio personal lo resuelvan los jueces, no la particular ley del pelotón, tan discutible como cualquier otra. Se fueron los seis hacia delante. Al regresar al grupo, aplausos en mayoría para Armstrong y condena para Simeoni.

Un suceso lamentable que pone a la luz las miserias del pelotón, la rígida disciplina que funciona con sobreentendidos. Simeoni ganó un día una etapa de la Vuelta y entró a pie con la bicicleta, gritando feliz al cielo de Cuenca. Vaya usted a saber lo que pasó por su cabeza para celebrar de aquel modo la victoria.

Ayer triunfó Mercado, el más precoz, profesional a los 19 años, escalador de cierto vuelo que ganó en los Lagos en 2001 en su debut con el equipo de Echávarri. El granadino emigró el año pasado al Quick Step y ayer, en este bello paraje del Jura, se la jugó a su amigo Txente García Acosta. Eran el punto y la i, el peso pesado y el pluma cuando huyeron de los otros cuatro. Siempre Flecha, el hiperactivo. Mercado se aplicó en la curva para ganar unos metros, no esperó al «sprint» que por potencia era para su ex compañero. Y conquistó el segundo triunfo español del Tour 2004, el que se va a recordar por el agravio de Armstrong hacia un colega de profesión.

El Tour, en ABC.com. A través de su canal ciclista, la página web ofrece todos los días la etapa en directo.
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