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El Papa da prioridad al diálogo con el islam en su primer encuentro con los cardenales

Casi un millar de peregrinos españoles acudirán esta mañana a la imposición de la birreta cardenalicia al arzobispo de Toledo, Antonio Cañizares

Actualizado 24/03/2006 - 08:43:43
ROMA. Si el comunismo fue el problema mundial del siglo XX, el «diálogo entre la Iglesia y el islam» es un factor decisivo para atajar a tiempo el drama global con que ha comenzado el siglo XXI y Benedicto XVI pidió ayer las opiniones de los cardenales de todo el mundo, reunidos en Roma para una «jornada de reflexión». En el encuentro participaron también los quince que serán cardenales a partir de hoy, incluido Antonio Cañizares.

El Colegio Cardenalicio, reunido por primera vez después del Cónclave, desbordaba ayer satisfacción y entusiasmo. A los cardenales les había encantado que el Papa les diese cita para abordar juntos los principales desafíos de la Iglesia, pero les agradó todavía más sentir de cerca el afecto de Benedicto XVI y comprobar que mantiene como Papa el estilo colegial y fraterno que conquistó la confianza de todos en los nueve días del Pre-Cónclave de abril de 2005.

Debate abierto

Al inicio del encuentro, celebrado en el Aula del Sínodo, el Papa reiteró que el debate estaba abierto a intervenciones libres sobre los temas que deseasen abordar, pero también pidió sus opiniones específicas sobre tres asuntos de gran importancia: «el diálogo entre la Iglesia y el islam», la «cuestión planteada por monseñor Lefebvre» y «la situación de los obispos eméritos».

Si Juan Pablo II inició su Pontificado en 1978 bajo la sombra del comunismo, Benedicto XVI ha podido constatar la tragedia a la que llevan conjuntamente las guerras preventivas y el fanatismo religioso. El pasado 19 de febrero reconocía que «la humanidad lleva la marca del pecado, que le impide progresar en los valores de fraternidad, justicia y paz que se ha propuesto en solemnes declaraciones internacionales».

El 26 de febrero, después de la sangre vertida en las luchas religiosas internas de Irak y las manifestaciones de protesta por las caricaturas de Mahoma, el Papa afirmó que «los frutos de la fe en Dios no son los antagonismos devastadores sino el espíritu de fraternidad y de colaboración para el bien común». Con tono fuerte, el Papa advirtió a los predicadores de violencia que «Dios, Creador y Padre de todos, pedirácuenta más severa a quien vierte en su nombre la sangre del hermano».

A principios de marzo,el Papa invitaba a «seguir el camino más largo, pero más eficaz, del amor. Caminando en las huellas de Jesús, debemos empeñarnos todos a oponernos al mal con el bien, a la mentira con la verdad, al odio con el amor». Convencido de la necesidad de tender puentes, Benedicto XVI ha recibido en los últimos meses a numerosos rabinos, ha saludado a líderes religiosos islámicos y ha enviado mensajes conciliadores a cada oportunidad. La pasada semana, al recibir al Comité Judío Americano, abanderado del dialogo interreligioso, el Papa afirmó que «las tres grandes religiones monoteístas están llamadas a cooperar entre ellas», sobre todo porque en un agobiante clima de violencia «se debe prestar especial atención a enseñar el respeto a Dios, a las religiones, a sus símbolos, a los santuarios y a los lugares de plegaria».

Falta de libertad religiosa

Benedicto XVI sufre también por la falta de libertad religiosa en muchos países musulmanes, y desde hace casi un año escucha con interés a todos los prelados y patriarcas que viven el contacto directo en países de mayoría musulmana. Curiosamente, quienes conviven con el Islam o contemplan el tremendo éxodo de cristianos de la Tierra Santa, mantienen opiniones más moderadas en cuanto al modo de favorecer los cambios y el modo de evitar los malentendidos por desconocimiento mutuo.

El cisma abierto en 1988 por el fallecido obispo Marcel Lefebvre estaba ya sobre la mesa de la Curia vaticana desde que el pasado mes de febrero Benedicto XVI convocó su primera reunión de todos los dicasterios precisamente para estudiar posibles vías de salida. Por parte de Roma hay cierta esperanza de poner fin al cisma levantando la excomunión, concediendo una administración apostólica propia a los tradicionalistas y flexibilizando el uso de la liturgia antigua. Pero los comentarios del obispo Bernard Fellay, presidente de la Fraternidad Sacerdotal de San Pío X, han sido una especie de ducha escocesa.

La experiencia es un grado

Los cardenales abordaron también el modo de aprovechar mejor el talento de los obispos eméritos que, después de cumplir 75 años, mantienen todavía una buena capacidad gracias al alargamiento de la esperanza de vida en todo el mundo. Su experiencia es una riqueza que hay que aprovechar.

Por otra parte, una peregrinación de más de 700 toledanos, así como 150 vecinos de Utiel (lugar de nacimiento de monseñor Cañizares), acompañará esta mañana a su arzobispo en la toma de posesión de su birreta cardenalicia. La comitiva de la ciudad primada estará presidida por el alcalde de Toledo, José Manuel Molina. Según informó el Ayuntamiento de la capital manchega, se trata de la segunda ocasión en la que el regidor de Toledo acompaña a un cardenal en su nombramiento.
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