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Soyinka: «Hasta que África no controle su destino, no recuperará su humanidad»

Lo único que une a Wole Soyinka y a Derek Walcott es el premio Nobel de Literatura. El caribeño manifiesta un talante melancólico, introvertido, que transpira una triste placidez casi frutal; el nigeriano, en sus antípodas, se desenvuelve de forma ruidosa, con amplios ademanes, con una potencia escénica que resuelve las dudas a golpes de tam-tam.

Actualizado 24/03/2001 - 00:35:33
Corpulento, de poblada cabellera gris, Soyinka oscila entre el jefe y el hechicero de esta tribu de poetas que se reúnen en Santiago de Compostela para conmemorar el Día Mundial de la Poesía. No piensen que se molestará con esta descripción a medias entre lo folclórico y lo racial. Más bien la busca, no en vano él opone a la delicadeza cultural de los poetas de la «negritud» como Leopoldo Sedhar Senghor o Cesaire Aimé, una «tigritud» casi animal como su propio nombre indica. Soyinka es una fiera porque él, un buen dramaturgo, se ha escrito a sí y está en su papel. De hecho, abomina del interculturalismo de aquel otro movimiento y se yergue como un guerrero tigre con venablos, dardos y lanzas contra los imperialistas y los colonizadores. Para este tigre Soyinka «hasta que el continente africano no comience a controlar su destino no resolverá sus problemas». Para él, no hay otro camino que un golpe de mano, porque «sólo de esta manera África recuperará su cultura y con ella su humanidad». Más que como una cripta, Soyinka habla —insisto— como un guerrero: «Cuando a un pueblo se le roba su cultura y su herencia, se le somete al estado de esclavitud. Pierde su humanidad: todo eso se lo han robado a África». Por eso él considera que los usurpadores deben «restaurar lo robado», por las buenas o por las malas «para cerrar la puerta de una historia vergonzante». A lo largo de su sinceramente histriónica rueda de prensa, denunció las «intromisiones imperialistas» y la supervivencia de «las viejas relaciones entre los amos y los esclavos», a las que no fueron ajenos líderes africanos como Mobutu, Bokassa o Idi Amin Dada, que llegaron al poder por sumisión a las potencias occidentales y por su pasividad ante la voracidad de las grandes empresas multinacionales. A su juicio, los hilos han sido movidos por «Alemania, Francia, Israel, Palestina (sic), Rusia y EE.UU.», igual que los conflictos sociales de África se deben a «Bélgica, Holanda, Francia o Gran Bretaña». Matanzas raciales como la de Ruanda fueron provocadas por «curas, periodistas y Gobiernos que incitan a cortar cabezas porque consideran impuras a sus víctimas y están sostenidos en el exterior por quienes proclaman sus mismos dogmas de fe». «¿De qué está hecho el mundo?», se preguntó. «De humanidad», se respondió. «Yo estoy hecho de eso y me voy a la lucha. ¿Por qué siguen infectando la mente humana en pleno siglo XXI en nombre de la religión, lo que hace perder la fe en la humanidad?»
Por la mañana hubo un coloquio dedicado a «El arte y la palabra» y luego dos recitales, uno en el Auditorio del CGAC y otro en el pazo de Rosalía. Intervinieron, entre otros, Jean Clarence Lambert, Blanca Andreu, Alex Susanna, Dúo Dúo y Luis G. Tosar. Tras la ofrenda a Rosalía de Castro, también leyeron sus poemas Walkott, Soyinka, Homero Aridjis, Bella Almahdulina, Charles Tomlinson y Darie Novecenau. El ambiente fue distendido y hubo comentarios muy favorables. El poeta sueco y traductor de Octavio Paz, Lasse Söderberg, estrechó lazos con los organizadores y el Festival de Malmoe, que dirige desde hace 19 años. El mexicano Homero Aridjis, presidente del Pen Club Internacional, y él mismo organizador de encuentros internacionales de poetas en México, alentó al consejero de Cultura de la Xunta, Jesús Pérez Varela, en quien ha recaído buena parte del esfuerzo realizado, para que esta cita se repita en años venideros.
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