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«Juanito», primer español que gana tres oros olímpicos

Actualizado 24/02/2002 - 00:43:05
Juanito celebra su tercer triunfo en los Juegos Olímpicos. Reuters
Juanito celebra su tercer triunfo en los Juegos Olímpicos. Reuters
SOLDIER HOLLOW. Johann «Juanito» Muehlegg dio ayer una nueva lección de poderío físico y estrategia en la prueba de los 50 kilómetros estilo clásico de esquí de fondo y ganó su tercera medalla de oro en estos Juegos Olímpicos de Invierno -antes había conseguido la de 30 kilómetros estilo libre y la de 20 kilómetros de persecución-, en los que se ha convertido en uno de los grandes protagonistas. Muehlegg ha dominado de una forma incontestable todas las carreras de fondo disputadas. Ha participado en tres y ha ganado tres. No cabe más efectividad.
Considerada como la prueba reina del esquí de fondo, la carrera de los 50 kilómetros buscaba, además, coronar al sucesor del mítico noruego Bjoern Daehli, retirado ya de la práctica activa del esquí y que se encuentra aquí como comentarista de la televisión noruega. Daehli ganó en los anteriores Juegos de Invierno, los de Nagano 98, la que fue su octava medalla de oro, siendo el deportista más laureado en la historia de los Juegos de Invierno, con un total de doce podios.
Muehlegg ha sido el encargado de ocupar su lugar, lo que realza aún más el papel del español, después de una carrera estratégica donde las haya y en la que Juanito fue de menos a más, llegando exultante a la línea de meta. Conocedor de sus fuerzas y calculando con una precisión milimétrica el estado de sus reservas físicas, Muehlegg se mantuvo frío en los dos primeros tercios de la prueba, sin importarle que el ruso Mikhail Ivanov fuese aumentando su diferencia en cada control parcial de tiempo, llegando a su máxima expresión en el punto establecido en el kilómetro 33,4, donde la diferencia que señaló el crono fue de 31.3 segundos.
Conservador en su salida
El circuito se mostró duro y exigente, tal y como se preveía desde un principio. Las condiciones meteorológicas lo habían hecho aún más duro en la víspera con una nevada leve. Era lo que más le convenía a «Juanito» Muehlegg para neutralizar la desventaja que le suponen las pruebas de estilo clásico. Muehlegg se cansó de decir que este estilo no le va y que para él no está nunca entre los favoritos. Pero en cuanto la carrera se endurece, sus posibilidades aumentan ya que de lo único que puede presumir Muehlegg es de espíritu de sacrificio. Deportista acostumbrado a luchar contra la adversidad y a sufrir en carrera, las situaciones extremas siempre le favorecen.
Ivanov era una máquina en los kilómetros iniciales y sólo Muehlegg fue capaz de mantener unas mínimas distancias respecto al ruso. Por los distintos pasos kilómetricos las diferencias entre Ivanov y Muehlegg para el primer puesto se iban aumentando. Al igual que las de Muehlegg y el tercer clasificado, que durante la mayor parte de la carrera fue Botvinov y que en los kilómetros finales fue el estonio Andrus Veerpalu, ganador de los 15 kilómetros.
El agujero entre el ruso Ivanov y Muehlegg se fue agrandando conforme avanzaban los kilómetros: 5.4 segundos en el kilómetro 7,1; 14.6, en el 13,1; 21.0, en el 18.7; 31.3, en el 25,4, y 38.7, en el 33,4. Fue la máxima distancia entre ambos. A partir de ese momento, la renta se fue diluyendo como lo hace un terrón de azúcar en un vaso de agua. En el kilómetro 45, el español ya había marcado mejor tiempo que el ruso, a quien aventajaba en ese instante en 3.3 segundos.
Pletórico al final
Muehlegg lo dio todo en esos últimos kilómetros. Había calculado sus fuerzas con una precisión matemática y había llegado a ese punto de la carrera todavía «fresco» para poder darlo todo en esos kilómetros finales. Daba la sensación de que Ivanov había bajado el pistón, pero lo cierto es que más que achacar el triunfo de Muehlegg a la «pájara» del ruso habría que achacárselo a la enorme exhibición realizada por el español.
A Ivanov no le quedó más remedio que esperar en la línea de meta a la llegada de «Juanito», que apareció en la recta de la tribuna como un toro, empujando con fuerza sus bastones y deslizándose en la nieve con enorme facilidad. Parecía mentira que ya hubiese recorrido 50 kilómetros antes. Llegaba aparentemente fresco físicamente en busca de entrar en la historia de estos Juegos Olímpicos. En la del olimpismo español ya lo había hecho tras las dos medallas anteriores.
Más retrasado, en el puerto 21, llegó Juan Jesús Gutiérrez, a 9:02.5 de Juanito. Zunzunegui se retiró.
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