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«La composición no ocupa en la sociedad el lugar que merece»

SUSANA GAVIÑAMADRID. Jorge Fernández Guerra acababa de aterrizar en Madrid -procedente de Cádiz, donde estrenó el miércoles su obra «Nova»-, cuando recibió una llamada: era el ministro de Cultura

Actualizado 23/11/2007 - 09:16:11
JORDI ROMEU  Fernández Guerra
JORDI ROMEU Fernández Guerra
MADRID. Jorge Fernández Guerra acababa de aterrizar en Madrid -procedente de Cádiz, donde estrenó el miércoles su obra «Nova»-, cuando recibió una llamada: era el ministro de Cultura, César Antonio Molina, para felicitarle por la concesión del premio Nacional de Música 2007, en la categoría de Composición. Galardón que ha recaído en el músico madrileño, según el jurado, «por la alta calidad de su creación en todos los géneros, puesta de manifiesto de manera sigular el año pasado con el estreno de su cuarteto «Bach is the name»».
Sin embargo, Fernández Guerra (Madrid, 1952), con una pausada pero continuada carrera durante las últimas tres décadas, considera que este premio también es fruto de su labor al frente del Centro para la Difusión de Música Contemporánea (CDMC), del que es director desde febrero de 2001: «Creo que también se ha valorado mi trabajo aquí», confesaba ayer a ABC, del que fue colaborador durante casi tres años como responsable de sus páginas de música en el suplemento cultural. Y es que, Fernández Guerra, como otros compositores, se ha visto obligado a ser un «militante» de la música desde muy diversos frentes: la creación, la comunicación y la gestión. El motivo: «Que la composición no tiene el lugar que se merece en la sociedad».
A pesar de esta afirmación, es consciente de que la creación musical actualmente está viviendo un buen momento, «hace 10 o 15 años no me lo hubiera creído». Y que éste es, en parte, consecuencia de «cuatro generaciones de compositores creciendo juntos».
En cuanto a la evolución de su música, Fernández Guerra asegura que su objetivo siempre ha sido el de «ser yo mismo. Siempre he buscado dentro de mí mi aportación» , y que ha alcanzado el punto de madurez necesaria para «afianzar mi independencia». Esa misma madurez es la que le ha servido para dirigir el CDMC durante siete años. Una labor no exenta de «sacrificio» al tener que dejar aparcada su carrera como compositor durante los primeros años. «No quería mezclar cosas y apliqué mi propio código personal de buenas prácticas».
El mismo que ha aplicado a la hora de programar o no obras de otros creadores, «muchos de ellos amigos», manteniendo al margen sus propios gustos estéticos.
Entre los próximos estrenos del compositor destaca el que tendrá lugar el domingo dentro del ciclo que la Sociedad Estatal de Conmemoraciones Culturales dedica a Scarlatti, y la obra encargo de la próxima edición del Festival de Música Religiosa de Cuenca.
Sin ambiciones ni prejuicios
Por su parte, el cantaor Miguel Poveda (Badalona, 1973) fue galardonado ayer en el apartado de Intepretación, «por su gran calidad y versatilidad y por el interés que ha generado en otros ámbitos de la creación». En declaraciones a Efe, el artista confesaba que este premio le confirma que «el esfuerzo que exige esta profesión merece la pena», al tiempo que se siente «muy motivado para seguir trabajando y luchando por la música, ya que es muy distinto a los logrados hasta el momento». Sin embargo, no cree que éste vaya a cambiar una carrera que se ha gestado «lentamente, a través de un trabajo sin ambiciones ni prejuicios».
Poveda se dio a conocer tras ganar cuatro premios en el Festival del Cante de las Minas de 1993. Nominado a los Grammy Latinos en 1998, el músico catalán disfruta compartiendo escenario con músicos de distintos géneros, como demuestra su participación en el filme «Fados», de Saura.
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