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El doctor Raventós, artífice de la cirugía

El doctor Antonio Raventós Aviñó nació en Barcelona el año 1869. Murió en la misma ciudad después de variosataques de anginade pecho el 21 de junio de 1919. Una intervención peligrosa en sus manos parecía cosa fácil.Su buen hacer como cirujano salvó la vida de muchos toreros y los aficionados le recuerdan con admiraciónBARCELONA. Cuando la fiesta de los toros era tenso aguafuerte, contraste entre efímeras glorias y la barbarie de las cornadas, el médico era el ángel bueno al que se agarraban los toreros como única y esperanzada tabla de salvación. Joselito, mortalmente herido en la plaza de Talavera de la Reina, exclamará ya en su agonía: ¡Mascarell! ¡Que venga Mascarell! Son las más elocuentes expresiones de fe y esperanza en el médico de los toreros. El pasado verano nos ocupamos de los doctores Olivé Gumà y Olivé Millet. Y, dentro de este capítulo de médicos ilustres catalanes que trataron «heridas por asta de toro», destacamos hoy al doctor Antonio Raventós.Pertenecía a una familia de comerciantes del barrio de Santa María. Primogénito de doce hermanos de los que algunos fallecieron pronto. Ingresó en el Colegio Miró de la calle de Mercaders donde cursó las primeras letras y el bachillerato. En 1885 ingresó en la Facultad de Medicina de Barcelona.Por estas fechas falleció su padre, dejando a su esposa con diez hijos y una hija a punto de nacer. Penosa situación por la que tuvo que atravesar la madre. No tardó Antonio a entrar como alumno interno en la Facultad aprobando los cursos y el doctorado en Madrid. Licenciado en Medicina y Cirugía con la calificación de Sobresaliente. Aprobadas las asignaturas del grado de doctor, regresa a Barcelona en 1892 y marcha a Cuba para atender a los heridos de las guerras coloniales. Entra en el manicomio de Nueva Belén como médico interno y se interesa por la psiquiatría, pero no tardó en dedicarse por completo a la cirugía.Solicitado por los torerosEntró de ayudante al servicio del doctor Esquerdo y con anterioridad asistió a los servicios de los doctores Bartomeus y Homs, acudiendo a las sesiones operatorias del doctor Cardenal,de las cuales extrajo los fundamentos de su técnica. La Administración del Hospital de la Santa Cruz quiso que los médicos estuvieran puntualmente a las ocho en sus servicios pero el doctor Raventós raramente llegaba a su hora. Alguna vez exclamaba: «Pels deu rals de multa he pensat que valia més girar-s´hi». «La realidad es que el doctor Raventós -dice su apologista doctor E. Ribas Ribas- nunca miró el reloj; si un caso, dos, tres, reclamaban una intervención, allí estaba sin saber, ni querer saber qué hora era...»Médico muy querido y solicitado por los toreros. Ejerció su magisterio en Las Arenas. El 12 de abril de 1903 se inauguró la temporada con toros de Surga y los espadas Antonio de Dios Conejito, Machaquito y Morenito de Algeciras. El toro que rompió plaza cogió a Conejito por el muslo derecho cuando toreaba de muleta. Una cornada que entrando por el tercio del muslo derecho remontaba hasta el anillo crural. Rotura de la vena femoral por encima de la comunicación con la safena interna con hemorragia copiosísima. Se practicó la ligadura, inyectando suero. Su estado era gravísimo. Conejito preguntaba sin cesar: «¿Pero estoy muy grave?» Sus compañeros trataban de ocultarle la importancia de la cornada. El replicaba: «...yo lo que quiero es salvar la pierna; preferiría mejor morir». A los dos días desaparecía la gravedad de Conejito gracias a la habilidad del doctor Raventós.Llevaba ya sufridos muy importantes percances Curro Martín Vázquez cuando el 29 de agosto de 1909 un toro de Gamero Cívico le infirió una gravísima cornada en el ano, toreando en el Puerto de Santa María. Durante dos meses estuvo entre la vida y la muerte. Volvió a sus tareas en la siguiente temporada pero era tal la inferioridad física que, desde Nimes (Francia) donde actuó el 17 de julio, hubo de trasladarse a Barcelona para que el doctor Raventós le curase de algo que le había quedado como reliquia de aquel doloroso percance.La cornada en el recto había sido curada; pero se hallaba el diestro en tal situación, que no podía realizar ciertas funciones naturales normalmente y le era imposible vivir en sociedad sin corregir tan grave molestia. El afamado doctor Raventós demostró una vez más su pericia.El 26 de junio de 1910 toreando en la plaza de la Barceloneta Ricardo Torres Bombita, el toro Gargantillo de Felipe Salas le produjo herida por desgarro en el dedo meñique de la mano izquierda con rotura del tendón. Hecha la primera cura, Ricardo pidió que se le condujera a la clínica del doctor Raventós. La cura que le hizo el mencionado doctor duró más de dos horas, soportándola Bombita con increible valor. Al punto que el doctor Raventós le dijo: «Le ruego que llore, que grite, que se queje...» Pero Ricardo Torres Bombita no perdió su eterna sonrisa. El 2 de julio, un sábado por la noche, el doctor Raventós examinó detenidamente la herida, expresándole a Ricardo Torres la necesidad apremiante de amputarle el dedo meñique, evitando mayores complicaciones. Bombita se resistió de momento, pero acabó por convencerse que era necesaria. A las siete de la mañana del domingo 3 de julio se trasladó a la clínica desde el hotel Colón, verificando el doctor Raventós la amputación del dedo meñioque.Alma de cirujanoTambién alcanzaron a Joselito los abnegados servicios del doctor Raventós al ser cogido el 5 de julio de 1914 en la plaza El Sport. A Gallito se le apreció fractura de la clavícula izquierda.Cuentan que llegó a visitar la sala de operaciones del Hospital de la Santa Cruz un cirujano de fuera. En aquellos momentos trabajaba el doctor Raventós. Al ver la perfecta organización en el acto operatorio exclamó: «¡Ah!, nosotros estamos muy mal en nuestra tierra, ignoramos lo que es un hospital. La Administración no se preocupa de los servicios técnicos... Bruscamente lo hizo callar el doctor Raventós cuando acabó de operar. Cogió el sombrero y se marchó murmurando: «¡Sí, sí, será cierto todo esto y lamentable; muy necesario es el Hospital pero más, mucho más, es tener el alma de cirujano. No es la estructura la que hace al cirujano sino el cirujano el que hace al Hospital».Tenía la habilidad de un artista. Los que le vieron trabajar recuerdan sus intervenciones como modelo de atrevimiento y seguridad. Una intervención peligrosa, en sus manos, parecía una cosa fácil. El destino quiso que, por accidente, sufriera también el doctor Raventós la pérdida de un dedo.Los aficionados más viejos de Barcelona y la crónica general del toreo le recuerdan con profundo respeto y especial admiración.

Actualizado 23/11/2003 - 05:00:03
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