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El humor presidió la entrega de los Premios Nacionales de Teatro y Circo

Actualizado 23/10/2001 - 00:07:41
Ramón Fontseré y Enrique Riquelme Romero recibieron ayer en Burgos los Premios Nacionales de Teatro y Circo respectivamente, correspondientes a la edición del año 2000, en una ceremonia en la que el sentido del humor de los galardonados se impuso sobre la protocolaria solemnidad que suele presidir estos actos. Los galardones, con los que el Ministerio de Educación y Cultura pretende reconocer la labor y el trabajo de los profesionales de las artes escénicas, se entregan cada edición en una ciudad cuya elección va unida, desde el pasado año, al estreno de una adaptación de la obra «Don Juan Tenorio» a cargo de alguna de las unidades del Inaem.
En la sala Polisón del Teatro Principal de Burgos, los premiados imprimieron un toque de humor en sus breves discursos de agradecimiento que se prolongó en el encuentro posterior con los medios de comunicación. Entre otras cosas, Ramón Fontseré y Enrique Riquelme bromearon en torno a la cuantía económica del premio, cinco millones de pesetas. Fontseré confesó que no tiene «una visión muy romántica de los premios, pero me gustan las cosas tangibles», por lo que no le importaría recibir uno cada año. A lo que Riquelme apostilló que mejor en dólares o euros.
El encargado de entregar estos premios en nombre del Instituto Nacional de las Artes Escénicas y de la Música fue el secretario de estado de Cultura, Luis Alberto de Cuenca quien destacó que en ocasiones como esta «hay premios cuya grandeza viene dada por la grandeza de quienes lo reciben». En el caso del Premio Nacional de Teatro 2000, el jurado ha valorado de Ramón Fontseré, miembro de Els Joglars desde 1983, su interpretación y recreación artística de personajes contemporáneos como Josep Pla, Jordi Pujol o Salvador Dalí. De Cuenca destacó de él que, «pese a su condición de parte de un trabajo colectivo, sus interpretaciones sobresalientes hacen inevitable una valoración singular de su capacidad artística».
En cuanto al Premio Nacional de Circo 2000, el jurado reconoció la trayectoria profesional de Enrique Riquelme Romero, tercera generación de una familia circense, cuya actividad se ha centrado en los malabares, la acrobacia y la contorsión aunque, como él mismo reconocía ayer, ha hecho de todo y espera seguir haciéndolo.
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