Madrid

null

Hemeroteca > 23/03/2001 > 

La Comunidad reeditó un manual para policías locales, plagado de ataques a la Guardia Civil

La Comunidad de Madrid, a través del ARES -donde se forman los futuros policías locales de la región-, ha reeditado un manual para la asignatura «Deontología y Función Policial», plagado de ataques a la Guardia Civil y otros Cuerpos, en su evolución histórica. Se afirma que la Benemérita nació para «vigilar las revueltas campesinas», que se pretendía un carácter «de casta» o que la transición democrática «no llevó consigo un cambio sustancial de la organización policial española».

Actualizado 23/03/2001 - 00:34:10
Ernesto AgudoJosé Manuel Morales en su despacho de la Policía Municipal
Ernesto AgudoJosé Manuel Morales en su despacho de la Policía Municipal
El manual «Deontología y Función Policial» se está utilizando como texto para la formación de 650 agentes locales de Madrid capital y del resto de la región que comenzaron su aprendizaje teórico en enero en el ISES, antiguo ARES. El primer tema de este manual, en el que trabajaron seis autores, es el que concita las críticas. Bajo el epígrafe de «Evolución histórica de la Policía en España» se realiza un recorrido de los cuerpos policiales desde sus orígenes -que se sitúan de forma difusa- hasta la transición democrática, siguiendo a tres autores: Jaume Curbet, Diego López Garrido y Manuel Ballbé, «reconocidos en el estudio de esta materia», tal y como se asevera en la introducción, pero marcados por un «sectarismo ideológico que les impide ver los hechos», según otros historiadores consultados.
«DESPRECIA ANTECEDENTES CIVILES»
La lectura de estas 15 páginas deja al descubierto una interpretación muy parcial de la historia de la Guardia Civil y la Policía, según los libros y expertos cotejados, quienes aseguran que el texto «desprecia los antecedentes civiles de ambos Cuerpos y niega el arraigado sentido de servicio público». Recuerdan que hay documentos de sobra que prueban que dos tercios de los servicios realizados por la Benemérita en el siglo XIX fueron de carácter humanitario.
Sobre el origen de la Guardia Civil el libro recoge, entre otros aspectos, que fue impulsada por «la burguesía desamortizadora y la aristocracia terrateniente, que necesitaban un cuerpo especializado para vigilar las revueltas campesinas y asegurar el mantenimiento de su propiedad». Se afirma asimismo que con este Cuerpo «se pretendía evitar enfrentamientos directos entre el Ejército y el pueblo», omitiendo, por ejemplo, que uno de los objetivos fue proteger los caminos y frenar los asaltos de los bandoleros.
En la página 6, siguiendo de nuevo las tesis de Diego López Garrido, se expresa una opinión cuanto menos sorprendente. Tras informar de que el Gobierno confió al Duque de Ahumada, «un general aristócrata», la organización y puesta en funcionamiento del Instituto Armado se asegura que dicho general puso énfasis para conseguir «un fuerte carácter corporativo, de casta (concepto que hoy nos recuerda a lo que se llama “subcultura policial”)».
Como ejemplos señalan la cartilla del guardia civil, el reclutamiento a través del Colegio de Guardias Jóvenes o la creación de la casa-cuartel: «viviendas aisladas que suponen una verdadera militarización de la vida familiar de los guardias y una garantía de separación del resto de la población». Se silencia que las casas-cuarteles de la época se crearon, en muchos casos, en lugares de difícil acceso para paliar esa carencia y proteger a los agentes. Concluye este epígrafe con la aseveración de que la tradición policial española está marcada por el centralismo y la militarización, sin valorar que la primera de las características dimana directamente del espíritu de la Constitución liberal de Cádiz de 1812.
Al tratar el tema policial en la dictadura, se explica que el régimen de Franco no hizo «sino agudizar la centralización y militarización del aparato policial y dedicarlo, entre otros fines, a la represión de las ideas democráticas. Inciden en algunas de las reformas franquistas, señalando a continuación que «la Guardia Civil necesitó poca reforma para cumplir los fines que le asignó el régimen», silenciando de nuevo la lucha intestina que también se produjo entre los agentes en la Guerra Civil, dependiendo de la zona a la que debieran sus lealtades.
En este mismo apartado se añade que la organización policial franquista se completó con el Cuerpo General de Policía, que actuó «eminentemente como el “cerebro” de la represión contra la disidencia política». Una vez más, caen todos en el mismo saco sin matizar que a quienes se encomendó esta misión fue a las Brigadas Sociales, en exclusiva.
En cuanto a las Policías Municipales se «aclara» que «no participaron abiertamente en las tareas de represión política» (página 10) con una elocuente nota aclaratoria: «Las Policías Municipales realizaban una labor de información para la Policía del Estado (pintadas en la vía pública, pancartas, panfletos, etc)» (...) «por ejemplo, el Reglamento del Cuerpo de Guardias de Policía Urbana de la Villa de Madrid exigía a los componentes la adhesión a los principios del Movimiento Nacional». No descifra que esa adhesión estaba a la orden del día para el resto de ciudadanos.
«DESPROFESIONALIZADOS»
Los agentes en formación pueden encontrar otras aseveraciones sobre el Cuerpo tales como que las Policías Municipales del franquismo eran heterogéneas y desprofesionalizadas, los ayuntamientos obligaban a los guardias a hacer de carteros, bomberos, porteros... lo que les empujó «a una situación de pluriempleo generalizado y corruptelas».
El encabezamiento de la última parte de esta introducción no abandona el estilo y comienza con que las transformaciones políticas del país con la transición democrática «no llevaron consigo un cambio sustancial de la organización policial española». No ahonda más en las Policías Locales, que se supone su objeto de estudio
Búsquedas relacionadas
  • Compartir
  • mas
  • Imprimir
publicidad
PUBLICIDAD
Lo último...

Copyright © ABC Periódico Electrónico S.L.U.