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Stephen Smith: «El presente de África no tiene futuro»

Actualizado 23/02/2006 - 09:20:11
MADRID. El libro se titula «Negrología». Le cuadraría más, sin embargo «Negritud» porque así es como su autor, Stephen Smith, periodista del prestigioso diario francés Le Monde, responsable de asuntos de África subsahariana, define el carácter, la «mentalidad» que impide a África apartarse de la vía de la pobreza, la miseria y el subdesarrollo «para afrontar con orgullo, decisión y posibilidades de éxito su futuro».

-¿Negrología...?

-Sí, negrología. Un concepto al que llegué después de un proceso de análisis que comencé a ver claro después de la caída del muro de Berlín. Había caído la dictadura de Mobutu y, al calor de ello, Occidente albergaba grandes esperanzas para África. Sin embargo lejos de despegar, el continente se metió de lleno en una catástrofe global de guerras civiles y subdesarrollo.

Esa situación no se explicaba tan solo mediante causas externas (colonización, explotación, tráfico de armas), sino que una gran parte de la culpa debía provenir de causas internas. Y he llegado a la conclusión de que entre ellas, una de las principales es el concepto que los africanos tienen de sí mismos. Hoy por hoy se consideran distintos, diferentes de todos los demás seres humanos y la idea creciente es que no son capaces de hacer lo mismo que los demás, de seguir por la misma vía. Se trata de una especie de racismo interiorizado que está pasando a convertirse en señal de identidad y eso es a lo que me refiero como «negrología».

-¿Y eso, desde cuando cree que viene ocurriendo?

-Desde hace mucho tiempo, indudablemente. Creo que desde que llegan a Europa los primeros estudiantes africanos. La situación inicial de desventaja y el racismo occidental, latente unas veces y patente otras, va levantando unas barreras que con el tiempo no han hecho más que crecer y ha devenido en ése racismo interiorizado que mencionaba antes, lo que constituye una respuesta comprensible. El efecto de esa mentalidad es retrotraer a los africanos dentro de sí mismos, sentirse incapaces de alcanzar los niveles de bienestar occidentales y, en consecuencia, abandonarse a la ayuda internacional y exigir a Occidente que tome sobre sus hombros la responsabilidad del desarrollo africano.

-Entonces, ¿Occidente es responsable?

-En la misma medida que la propia África.

-Bien, y ¿cuál es el camino a seguir?

-En África, sin lugar a dudas, una revolución cultural que, arrancando desde la educación más primaria, propicie el cambio de mentalidad y haga a los africanos abandonar ese fatalismo que hoy por hoy impera en el continente. Pues, de no ser así, el presente de África no tiene futuro. Además, las relaciones entre África y Occidente han de basarse sobre nuevos principios, una especie de «egoísmo mutuo» en el sentido, por parte occidental, de abandonar la idea de la ayuda directa, centrarse más en la inversión, y reducir la «importación de cerebros» permitiendo que trabajen, rindan y apoyen el desarrollo africano. A los africanos les toca dejar de pensar en Occidente como promotor de ayuda o garante del desarrollo, establecer las condiciones para que su población pueda desarrollarse en sus países de origen y trabajar por ellos y, sobre todo, como ya he adelantado antes, embarcarse en una revolución cultural.


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