Opinión

Opinión

Hemeroteca > 23/01/2007 > 

El marketing electoral demócrata

EL Partido Demócrata norteamericano ha emprendido el proceso previo a las elecciones de 2008 acentuando el tradicional camino de gestos publicitarios. En los tres principales candidatos que han

Actualizado 23/01/2007 - 02:45:39
EL Partido Demócrata norteamericano ha emprendido el proceso previo a las elecciones de 2008 acentuando el tradicional camino de gestos publicitarios. En los tres principales candidatos que han emergido en los primeros escarceos de la carrera por la candidatura presidencial ha florecido antes la pertenencia a un determinado grupo que las posibles propuestas políticas de cada uno. Sin fijarse demasiado en cuáles son las ideas que van a defender unos y otros, se han colocado en cabeza una mujer como Hillary Clinton, un mestizo como Barack Obama y un hispano como el gobernador de Nuevo México, Bill Richardson, formando así una colección completa de minorías o de grandes porciones socio-electorales, como si lo que se estuvieran buscando fuera una receta bien definida de una macedonia de etiquetas antes que un proyecto claro, destinado a desafiar a la continuidad republicana.
Esta tendencia hace daño a la democracia porque tiende a convertir el proceso electoral en un simple mecanismo de marketing, de tal manera que la aspiración de dirigir el país más poderoso del mundo llega a presentarse ante la sociedad de igual forma a la de una empresa que trata de aumentar sus ventas sobre las de la competencia. Cambiar la forma por la sustancia es una receta extremadamente peligrosa en política. Ni debería haber vetos para nadie en un sistema que procure que todos los ciudadanos tengan las mismas oportunidades, ni las condiciones de raza o sexo tendrían que ser más importantes que los méritos de un proyecto político.
En los primeros compases, la esposa del Bill Clinton -condición que constituye otro de los aspectos determinantes en su candidatura- aparece en cabeza de las encuestas, sobre todo después de que haya hecho ciertos ajustes en sus posiciones sobre la guerra de Irak, que esencialmente se contradicen con las que ella misma mantenía antes de postularse como aspirante, pero que resultan más convenientes a sus actuales objetivos. Por eso, tendrá que asumir el riesgo de enfrentarse a sus propias contradicciones y a una dosis de rechazo social más amplia de la que ella desearía para empezar su carrera hacia la Casa Blanca con mayores garantías de éxito. En cuanto a Obama, es percibido por sus seguidores como el representante de una nueva generación de dirigentes políticos por oposición a la actual, en la que se encuadran tanto Clinton como Richardson, pero a priori no parece convicente con sus soluciones a los grandes problemas. El mundo -y eso incluye a Estados Unidos en primera línea- tendrá que seguir afrontando trascendentales desafíos. Más vale que aquéllos que tengan que tomar las principales decisiones sean elegidos por sus méritos y no por su condición étnica o sexual. O por simple mercadotecnia.
Búsquedas relacionadas
  • Compartir
  • mas
  • Imprimir
publicidad
PUBLICIDAD
Lo último...

Copyright © ABC Periódico Electrónico S.L.U.