Opinión

Opinión

Hemeroteca > 23/01/2006 > 

Elecciones en Canadá: ¿momento para el cambio?

Actualizado 23/01/2006 - 08:33:58

HOY los canadienses eligen a sus representantes de la Cámara de los Comunes. Los últimos sondeos coinciden en dar la victoria al Partido Conservador, aunque nadie se atreve a pronosticar si alcanzará la mayoría absoluta o se tendrá que conformar con una mayoría relativa. Los conservadores obtendrían alrededor de un 37 por ciento, los liberales un 27, el Nuevo Partido Democrático un 18 y el Bloque Quebequés un 12. Los indecisos son aún numerosos. En un escenario sin mayorías absolutas, los canadienses estarían de nuevo ante un Gobierno inestable, como lo ha sido el liberal de la legislatura pasada, que ha desembocado en unas elecciones anticipadas apenas año y medio después de las últimas elecciones.

La progresión de la intención de voto del Partido Conservador ha sido clara durante la campaña, si bien en los últimos días los liberales parecen recuperar alguna posición y acortan la distancia. En el retroceso liberal puede haber influido la voluntad de cambio por parte del electorado tras doce años de gobierno liberal, a pesar de que durante este tiempo el paro ha descendido del 11,2al 6,5 por ciento, la deuda ha pasado del 66,5 al 38,7 del PIB y han bajado los impuestos.

El actual primer ministro, Paul Martin, ministro de finanzas en los gobiernos liberales de Chrétien, es el candidato del Partido Liberal, de centro izquierda. Los liberales son la formación que más tiempo ha gobernado la Federación desde sus orígenes en 1867. En la campaña han resistiendo con fuerza en las áreas metropolitanas de Toronto y Montreal, importantes bazas electorales, puesto que será en estos distritos donde se decidan las dimensiones de la presumible mayoría conservadora. En estos últimos días, el primer ministro ha apelado al voto útil progresista para frenar el avance conservador y ha contado incluso con el apoyo del líder del poderoso sindicato de trabajadores del automóvil, Hargrove.

El aspirante a primer ministro por el Partido Conservador, Stephen Harper, ha desarrollado su vida política en Alberta. La trayectoria de Harper es más propia de un político del Oeste que de un dirigente típico de los conservadores canadienses. Perteneció al Partido Reformista hasta 1997, cuando funda la National Citizen Coalition, que promueve la unidad de los grupos de derecha. Después forma parte de Alliance for Añada, y en marzo de 2004 participa en la creación del nuevo Partido Conservador de Canadá, que aglutina a buena parte de los miembros de la Alianza y del tradicional pero venido a menos Partido Progresista Conservador. Es un líder discutido que despierta recelos en determinadas capas de la población, que temen una agenda política restrictiva respecto a los matrimonios entre homosexuales o el aborto, y una línea neoliberal en economía. Sin embargo, durante la campaña, Harper se ha esforzado en aparecer como un político centrista e incluso ha conseguido el apoyo de «The Globe and Mail», tradicionalmente afín a los liberales.

Ante el avance conservador en Quebec, verdadera sorpresa de la campaña, el líder del soberanista Bloque Quebequés, Duceppe, recordaba la oposición de Harper en el pasado a la «ley 101» (sobre la lengua francesa, símbolo de identidad quebequesa). Desde 1993, los conservadores prácticamente son inexistentes en Quebec, pero ahora, según todos los sondeos, podrían convertirse en la segunda fuerza, por encima de los liberales.

El programa conservador tiene como bandera la cultura de la responsabilidad política, a través de medidas de regeneración democrática como el voto libre de los parlamentarios, salvo para los Presupuestos y los asuntos más importantes, un mayor control sobre las donaciones secretas a los candidatos y el nombramiento por el Parlamento de los miembros de las instituciones independientes de control y garantía, en lugar de por el primer ministro, como venía ocurriendo hasta ahora.

Los conservadores propugnan fortalecer la alianza con EE.UU., mantienen reservas al protocolo de Kyoto y apuestan por una mayor liberalización de la economía y por la reducción de impuestos. En cuestiones morales defienden el voto en conciencia para derogar la vigente ley de matrimonios del mismo sexo, aprobada en 2005, al mismo tiempo que Harper se ha comprometido a no utilizar para esta ley la cláusula derogatoria del artículo 33 de la Constitución y a no tocar la legislación sobre el aborto.

Asimismo, los conservadores apuestan por un «federalismo abierto» que fortalezca la unidad nacional. Hasta ahora, en el discurso conservador han predominado los planteamientos propios del Oeste, reticentes al centralismo de la «lejana» Ottawa y contrarios a las reivindicaciones nacionalistas y diferenciadoras de Quebec. Al mismo tiempo, son partidarios de una Federación fuertemente descentralizada, con iguales poderes para todas las provincias. Por eso se muestran a favor de reformas constitucionales y legales que den respuesta a las demandas de cambio en el sistema de financiación, de mayor representación en las instituciones federales de las ricas provincias del Oeste y de un Senado elegido democráticamente. En sintonía con el actual Gobierno liberal de Quebec, pretenden favorecer los mecanismos de colaboración entre el Gobierno central y las provincias a través del Consejo de la Federación y facilitar la participación de éstas en la determinación de la posición de Canadá en los tratados internacionales que les afecten. Ante la necesidad de ofrecer algún guiño al electorado de Quebec, Harper se ha pronunciado a favor de que esta provincia pueda estar presente en la Unesco, como ya lo está en la comunidad de países francófonos. Está por ver si un «gobierno Harper» suavizaría las tensiones entre el Ejecutivo central y el quebequés, como ocurrió con el Gabinete conservador Mulroney en los años ochenta.

(*) Universidad de Barcelona
Búsquedas relacionadas
  • Compartir
  • mas
  • Imprimir
publicidad
PUBLICIDAD
Lo último...

Copyright © ABC Periódico Electrónico S.L.U.