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Francisco Rico certifica que «La tía fingida» es una obra original de Cervantes más allá de su atribución

No se trata de una edición «definitiva» sino de la edición de «referencia», aseguró Rico, quien adelantó que a ésta seguirán las de «La Galatea» y el Persiles

Actualizado 22/11/2005 - 10:18:51
CORINA ARRANZ  Francisco Rico y Arturo Pérez-Reverte, ayer en el Círculo de Lectores tras la presentación del libro
CORINA ARRANZ Francisco Rico y Arturo Pérez-Reverte, ayer en el Círculo de Lectores tras la presentación del libro

TULIO DEMICHELI

MADRID. Por si alguien creyera que esta presentación tenía que ser coto privado de filólogos, Francisco Rico lo desmintió invitando al novelista y académico Arturo Pérez-Reverte porque«no sólo introduce en sus obras elementos cervantinos, sino que él mismo se está convirtiendo en un erudito. Es un conspicuo cervantista, y me consta, porque incluso escribe monografías», dijo al darle la palabra.

Por su parte, el creador del capitán Alatriste confesó haber leído las doce novelas ejemplares no una, sino hasta cuatro veces a lo largo de su vida, y aseguró que cada lectura ha sido distinta. «Soy muy lector -afirmó-y eso me empuja a querer saber más acerca de lo que leo». A continuación, repasó cada una de las piezas y se maravilló, por ejemplo, de cómo Cervantes nos acerca en «La fuerza de la sangre» el paisaje y el entorno que rodea a esa familia que sube a Toledo: «Veo el río y veo el atardecer aunque Cervantes no los describe». Se recordó que en El Quijote tampoco hay descripciones pero, al ir leyéndolo, vemos físicamente los campos por los que discurren sus andanzas: «Cervantes tiene olfato e instinto para crear esa sensación en el lector. Es de una maestría extraordinaria».

Luego, Pérez-Reverte señaló que Cervantes era un escritor de «cultura profundísima que además experimenta continuamente. Maneja y renueva la novela pastoril, la bizantina, la italiana, la picaresca y se divierte mucho al hacerlo. Él no sabe la trascendencia de su obra, pero intuye que está abriendo un camino nuevo. Es tan moderno que aún hoy nos sorprende».

Por último, el novelista se pronunció sobre el «estilo literario», ésta vez no sólo referido a Cervantes, sino a sí mismo, pues Francisco Umbral le menospreció diciendo que «no tenía estilo» cuando se produjo la polémica de los premios Planeta, y ahora le devolvió puya: «Quien no tiene nada que contar, exagera el estilo y cae en lo que Marsé llama «literatura de sonajero». Cervantes tenía tantas cosas que decir que no se podía tirar un mes corrigiendo un adjetivo». A lo que Rico apostilló: «Siempre se ha dicho que es obvio que El Quijote se debe a un manco, porque está escrito con los pies. No hay ningún verbo ni hay un solo sujeto puestos en su sitio. Es una novela hablada y esa es su originalidad y modernidad».

El filólogo y académico destacó la importancia de las novelas ejemplares para comprender El Quijote, pues seguramente nació como tal, lo que se deprende de los seis primeros capítulos; no dudó en fecharlas antes que la Primera parte; y las relacionó con la obra maestra cervantina porque la estructura de manera no unitaria, es decir, porque propone al lector una variedad de cuadros para que los lea como mejor le parezca.

Anticipó que después de estas «Novelas ejemplares» el Centro para la Edición de los Clásicos Españoles publicará «La Galatea» y el Persiles, pero«cuando las ediciones estén bien hechas». Con respecto al volumen que se presentaba ayer, en primer lugar aclaró que no le gusta «hablar de ediciones «definitivas»; creo que ésta es -precisó- la «edición de referencia» que fija, por el momento, estos textos»; y en segundo lugar, justificó que se haya incluido «La tía fingida», obra atribuida a Cervantes, porque a su juicio pertenece a Cervantes: «Y no se hable más».

Asimismo explicó que el lector encontrará en los apéndices las versiones del manuscrito de Porras de la Cámara de «Rinconete y Cortadillo» y «El Celoso estremeño», lo que le permitirá una aproximación crítica cabal a este corpus cervantino que se completa con un importante aparato de notas y bibliografía.

Para Rico, frente a un texto de Cervantes el filólogo «lo primero que tiene que hacer es dudar. Si a través de las diversas ediciones está claro y no suscita dudas... entonces nunca sabremos si es de Cervantes, aunque lo tenemos que aceptar. Ante pasajes dudosos, que pueden haber sufrido correcciones, añadidos o erratas durante la edición, se pasa cada palabra por el ordenador, hasta llegar a una decisión».

Citó varios casos. Por ejemplo, si uno de sus tipógrafos tenía necesidad de añadir algo para que cuadrara la caja de una página, lo hacía. Por eso, el filólogo estudia a cada uno de los tipógrafos porque cada cual tenía sus vicios. «En fin, cuando hay duda -concluyó- se elige la opción más cervantina».
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