Domingos

null

Hemeroteca > 22/10/2007 > 

Tarfaya El desierto de Saint-Exupéry

En los confines del sur de Marruecos el cabo Juby se adentra suave en el Atlántico, como queriendo besar las vecinas costas de Fuerteventura, frecuente destino de los parias de las pateras. Es en este

Actualizado 21/10/2007 - 02:48:48
En los confines del sur de Marruecos el cabo Juby se adentra suave en el Atlántico, como queriendo besar las vecinas costas de Fuerteventura, frecuente destino de los parias de las pateras. Es en este escenario, a la vez hecho de mar y desierto, en el que aterrizó el que fue primero piloto y después escritor Antoine de Saint-Exupéry (1900-1944) el 19 de octubre de 1927. Vino para ser responsable de escala de la compañía francesa Aéropostal, que cubría en etapas la línea Toulouse-San Luis de Senegal y a veces daba el salto hacia Natal (Brasil) y Santiago de Chile.
Aquí se levanta la localidad de Tarfaya, llamada también Cabo Juby o Puerto Victoria en la época del Imperio británico, que guarda en la actualidad unos pocos miles de vecinos. Una multitud, comparada con los pocos que recibieron a aquellos primeros héroes de la aviación comercial en el continente africano.
«Teníamos el castillo, un zoco y unas pocas de casitas, jaimas y barracas. Villa Bens no era más», explica en castellano Bachir Ahmed Mulud, nacido en 1916, refiriéndose al nombre con el que se conocía el enclave durante la época española (1916-1958) en honor a uno de los militares que hicieron las áfricas.
Saint-Exupéry se definió en Tarfaya como «aviador, embajador y explorador». Aquí escribió su primera novela, «Correo sur», y cuentan que sus ratos de soledad y reflexión en el desierto le sirvieron para escribir su obra más conocida, aunque la que más se distancia de su profesión de piloto, «El Principito», publicada sólo unos meses antes de su muerte durante un vuelo sobre el Mediterráneo en 1944.
«En Tarfaya encontró la inspiración, el mar, el desierto y la tranquilidad. Creemos que «El Principito» nació aquí», explica Shaibata Sadat, de la Asociación de Amigos de Tarfaya, en uno de los despachos del humilde museo que desde 2004 recuerda al escritor en la localidad.
La pista de tierra del aeródromo ha sido adecentada para poder celebrar estos días el ochenta aniversario de la presencia de Saint-Exupéry con la llegada de una decena de avionetas que han reeditado aquellas etapas de la compañía Aéropostal entre Francia y Senegal.
Fue Pierre-Georges Latéco_re, nacido en 1883, el que puso en marcha la compañía que llevaba su nombre y que después pasó a llamarse Aéropostal. «Mi abuelo quería ganar tiempo con los aviones para correo y pasajeros y que dejaran de ser un objeto de guerra», cuenta Marie Vicente Latéco_re, presidenta de la Fundación que recuerda a su abuelo.
Los primeros pilotos, cuenta, fueron «expertos de la Primera Guerra Mundial», pero eso no evitaba que «las pérdidas, los accidentes y los ataques de moros y bereberes fueran frecuentes». «Pero cuando llegaban a Rabat con los periódicos del día dejaban a las autoridades de la colonia sorprendidas».
Las autoridades marroquíes quieren aprovechar el tirón del autor de «El Principito» para sacar a Tarfaya del arenal en el que sus calles sin asfaltar la mantienen desde que era apenas un poblado. Así es como ha llegado hasta aquí el vendaval de festivales culturales que sacuden el reino en los últimos años.
El «Primer Festival Internacional de Tarfaya. Las noches musicales de Cabo Juby» aterrizó en el pueblo con toda su parafernalia la primera semana de octubre. Se plantaron elegantes jaimas para llenar el estómago de invitados y periodistas, se instaló un mercadillo popular y varios escenarios en los que actuó, entre otros, la Orquesta Filarmónica de Marruecos. Todo está ya recogido.
Se mantiene sin embargo el empeño del proyecto de la denominada Agenda 21 que pretende reflotar algunas localidades especialmente desfavorecidas, como explica Monceyf Fadili, su coordinador nacional y consejero en Marruecos de la agencia de la ONU para el Hábitat.
Vestigios españoles
Entre las olas que bañan el litoral de Tarfaya se yergue aún firme pero en ruinas el edificio que dejaron los británicos del antiguo Puerto Victoria y que se conoce como Casamar. Por los callejones se encuentra algún vestigio de la época española como la sede de los antiguos juzgados, también en desuso, y el fuerte, con su perfil almenado y su torreón, convertido en un cuartel.
Cabo Juby no es sin embargo un lugar en el que el paso de España salte a la vista a diferencia de otros lugares del Marruecos de hoy. Nada que ver con Sidi Ifni o con ciudades del antiguo protectorado como Larache, Tetuán o Alhucemas. Uno de los escenarios del Festival, como lamenta Shaibata Sadat, se levantó en el espacio que hasta 1990 ocupaba la antigua iglesia española, que fue destruida. De ella no quedan más recuerdos que algunas fotos y la mano mutilada de Sadat, que perdió varios dedos entre sus cascotes.
TEXTO Y FOTOS: LUIS DE VEGA. TARFAYA (MARRUECOS)
Búsquedas relacionadas
  • Compartir
  • mas
  • Imprimir
publicidad
PUBLICIDAD
Lo último...

Copyright © ABC Periódico Electrónico S.L.U.