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«El estreno de la esperanza»

Hoy se cumplen 30 años de la apertura de la primera legislatura en democracia tras la muerte de Franco, fruto de las históricas elecciones del 15 de junio de 1977. Se estrenaban tantas cosas que se

Actualizado 22/07/2007 - 09:04:12
Hoy se cumplen 30 años de la apertura de la primera legislatura en democracia tras la muerte de Franco, fruto de las históricas elecciones del 15 de junio de 1977. Se estrenaban tantas cosas que se podría decir que lo que se estrenaba era la propia España. Se dejaban atrás 40 años de dictadura y arrancaba el incierto periplo de unas Cortes que luego acabarían dotando a los españoles de una Constitución que se creó gracias al célebre «consenso», que rezuma libertad por los cuatro costados y que ha sido y es la base del sistema de convivencia español de las últimas tres décadas.
Pero la Constitución era sólo un atisbo lejano cuando Su Majestad el Rey inauguró las primeras Cortes democráticas. Algunos de los protagonistas de aquel 22 de julio de 1977 han relatado a ABC cómo vivieron la histórica jornada.
«Había un ambiente de estreno, pero no se sabía de qué, era un estreno de la esperanza», afirma Federico Ysart, de UCD, que en ese momento era adjunto al vicepresidente segundo del Gobierno, Fernando Abril Martorell. «Ver en el mismo espacio a personajes tan distintos desde un punto de vista político y social como Santiago Carrillo y Manuel Fraga era también una sensación de punto y final de un largo periodo que empezó el 14 de abril de 1931», asegura Ysart, para el que lo que mejor resume ese «estreno de la esperanza» es la famosa frase de un discurso de Suárez en la que abogaba por «hacer normal en la política lo que en la calle es normal».
El entonces diputado del PSOE y hoy Defensor del Pueblo, Enrique Múgica, destaca que «excepto unos pocos que habían pertenecido a las Cortes franquistas, todos éramos nuevos en la plaza. Procedíamos de muy distintos ámbitos, pero todos convergentes en que era un día auroral para la democracia. Era un momento histórico, ya que las Cortes legitimadoras del franquismo se habían convertido en las que sí expresaban la voluntad popular».
Manuel Fraga, entonces líder de Alianza Popular, recuerda la jornada como «un día inolvidable, con un ambiente de satisfacción, de confianza y de un profundo sentido de la responsabilidad. Y hubo sorpresas agradables, como que la que más aplaudía al Rey era la Pasionaria».
Los socialistas no aplauden
Precisamente en lo referente a los aplausos al Monarca se produjo la anécdota del día. A la entrada en el hemiciclo de Sus Majestades, todos los diputados y senadores -que también estaban allí en la apertura, como es habitual- se levantaron para recibirles con un aplauso. Pero los miembros del PSOE decidieron no aplaudir.
El periodista Víctor Márquez Reviriego -redactor jefe del semanario «Triunfo» en esos días- señala que «lo más curioso del día 22 fue el silencio del PSOE». «Yo contaba en mi crónica parlamentaria de aquel día que se había oído el silencio socialista, ya que los diputados socialistas no aplaudieron a la entrada del Rey, pero eso sí, le recibieron con respeto», recuerda.
Múgica justifica su actitud y la de sus compañeros porque «hay que tener en cuenta que nosotros veníamos de otras orillas, las del republicanismo». «Pero con esa mezcla de aplausos y de respeto todos los que estábamos allí mostrábamos que éramos conscientes de que la institución monárquica era muy importante porque abría el camino a la democracia».
Cuando sí aplaudieron todos los presentes fue al término del discurso del Rey, que, como consta en el ABC del día siguiente, fue recibido «con una larga ovación». Los protagonistas recuerdan aquella calurosa acogida. «Fue un discurso muy bien hecho, muy bien pensado, de concordia, de reconciliación. La gente quedó, en general, muy contenta», afirma Márquez Revieriego. «El discurso fue el que tenía que ser», afirma, contundente, Manuel Fraga. Ysart lo califica de «muy emocionante» y Múgica de «absolutamente conciliador». Por su parte, el periodista Fernando Jáuregui hace hincapié en la importancia de la figura de Don Juan Carlos: «Si no hubiéramos tenido al Rey, no sé lo que hubiera pasado. Él se dio cuenta desde el 75 de que las cosas sólo funcionarían de una manera. Todo el mundo entendió su papel».
Uno de los lugares clave en la novedosa convivencia entre los diputados -y también los periodistas- fue el antiguo bar del Congreso de los Diputados, situado por aquel entonces en el vestíbulo que hay tras la puerta de los leones, donde lo había colocado casi un siglo atrás el Conde de Romanones. «El bar ayudó mucho a la convivencia porque por sus dimensiones obligaba al contacto físico. Era una caldera viva y muy interesante de convivencia entre todos, juntos y hasta revueltos, felizmente revueltos y no unos en la cárcel y otros en el Gobierno, como ocurría antes. Se hacía un ejercicio de democracia práctica, de diálogo, en la barra de un bar», afirma Márquez Reviriego. «Por cierto -añade-, el nombre popular del bar era «la taberna del cojo», puesto que Romanones tenía cierta cojera».
«El bar era un reflejo del espíritu del momento histórico -señala Jáuregui-, fue una gran pérdida». Y es que en 1983 Gregorio Peces-Barba decidió cambiar la ubicación del bar, que «subió» a la tercera planta, donde continúa hoy. La decisión es difícil de entender si se tiene en cuenta su importancia para fomentar la «concordia», pero es que «el bar empezó ya a demostrar las ventajas y los riesgos de tener algo así tan cerca de la sala. Algún que otro diputado se pasaba un poco con la bebida», bromea Fraga.
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