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El Líbano se desangra tras otro día de furia que eleva los muertos a más de setenta

LAURA L. CARO CORRESPONSALJERUSALÉN. «Estamos oyendo un bombardeo salvaje, recibimos ríos de heridos a todas horas... hay casas dentro del campo completamente destruidas». Los angustiados testimonios

Actualizado 22/05/2007 - 07:13:29
«Estamos oyendo un bombardeo salvaje, recibimos ríos de heridos a todas horas... hay casas dentro del campo completamente destruidas». Los angustiados testimonios vía telefónica del jefe del centro médico del campo de refugiados de Naher al-Bared, Fathallah Deeb, eran ayer uno de los pocos hilos a través de los que se filtraba la masacre que, por segunda jornada consecutiva, padecían los 30.000 habitantes del reducto palestino envuelto en los encarnizados combates entre el Ejército y los yihadistas de Fatah al Islam.
La zona, cerrada a los trabajadores humanitarios y los periodistas, trató de abrirse por dos veces a lo largo del día para las ambulancias y los médicos de la Cruz Roja y la ONU. La primera de ellas con éxito, a lo largo de un par de horas de precaria calma en las que pareció que las Fuerzas Armadas habían conseguido doblegar la resistencia del grupo islamista. En la segunda ocasión, por la tarde, el convoy de ayuda tuvo que quedarse en la puerta ante la furia de los choques reanudados que impidieron siquiera entrar a asistir a los ciudadanos.
Tragedia en Trípoli y Beirut
El Líbano se desangraba al cierre de esta edición, en particular tras la explosión de una bomba en un barrio musulmán de Beirut a medianoche. A la espera de conocer las dimensiones de ese acto terrorista, que podría ser una represalia de los radicales palestinos, la tragedia desatada en las proximidades de la ciudad de Trípoli, la segunda mayor del Líbano, se calculaba ya en 71 muertos en dos días.
Las Fuerzas libanesas tienen orden oficial de «aniquilar» a los rebeldes. Según el ministro de Información, Ghazi Aridi, ya han matado a varios «líderes clave». Y ayer se emplearon con disparos de obús desde los tanques y el bombardeo de posiciones de Fatah al Islam en Naher al-Bared, que eran contestados con granadas y metralletas por los guerrilleros. Y con desafíos apocalípticos de un portavoz del grupo armado, Abu Salim Taha, que, en vista del cada vez más estrecho cerco al que las tropas están sometiendo al campamento, amenazó ayer con que los yihadistas podrían extender sus ataques «fuera de Trípoli». «Esto es un asunto de vida o muerte», advirtió, al tiempo que el canal LBC emitía una entrevista con un muftí de la región, Osama al Rifai, en la que sorprendía acusando a esta organización extremista de estar utilizando niños como escudos humanos para salvaguardar sus posiciones.
Secuestrado por su propia debilidad política, el primer ministro libanés, Fuad Siniora, inició ayer contactos con Amr Musa, secretario general de la Liga Árabe, que hoy se reunirá de urgencia para analizar la situación, y mantuvo un encuentro con el representante de la Organización para la Liberación de Palestina (OLP), Abas Zaki, que se limitó a prometer que los campos palestinos «no serán la llama que comience una guerra civil». A favor de Siniora, numerosas facciones, incluida la oposición de Hizbulá, expresaron su apoyo al Ejército, pero no así el errático político cristiano Michel Aoun, que culpó al Ejecutivo de haber permitido a Fatah al Islam «surgir como milicia».
Con todo, con igual fuerza que los combates arreciaban ayer las acusaciones de los ministros libaneses que sitúan a Fatah al Islam como una herramienta utilizada y armada por Siria.
AP
Soldados libaneses disparan sus morteros contra las milicias palestinas refugiadas en el campo de Nahr el-Bared
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