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Cien años de la muerte de Rull y de su «negocio de bombas»

JUAN PEDRO YÁNIZBARCELONA. Si Barcelona, a caballo de los siglos XIX y XX, fue conocida internacionalmente como «la ciudad de las bombas» y «la rosa de fuego», no lo fue de forma gratuita ya que en la

Actualizado 22/01/2008 - 03:18:22
La Modelo                                                                   E. CARRERAS  Una escena de la película de Béla Tarr
La Modelo E. CARRERAS Una escena de la película de Béla Tarr
JUAN PEDRO YÁNIZ
BARCELONA. Si Barcelona, a caballo de los siglos XIX y XX, fue conocida internacionalmente como «la ciudad de las bombas» y «la rosa de fuego», no lo fue de forma gratuita ya que en la urbe tuvieron lugar cientos de atentados con explosivos (entre 1884 y 1910), algunos de gran espectacularidad y penoso balance, que fueron seguidos de durísimas represiones; en un terrible vértigo de acción/reacción.
En el bienio 1906-1908 se produjo el caso Rull que vino a ser una especie de intermedio, tragicómico, en un periodo de luchas encarnizadas e impunes atentados con bombas. Juan Rull Queraltó fue un avispado personaje que descubrió que se podía ganar dinero por colocar bombas y por «descubrirlas», y retirarlas, tras unos primeros años de activismo anarquista, (1901-1905) que le valieron diversas detenciones. Muchas singularidades concurren en su persona y en su deriva final, hasta el punto que ha sido admitido en la Catalanísima.
Su segunda etapa activista, ya por su cuenta, de diciembre de 1906 a mayo de 1907, fue en la que colocó y fabricó la mayoría de las bombas que estallaron en la sufrida Barcelona. Al final el tinglado se vino abajo y fue ejecutado el 8 de agosto de 1908. La confusión sobre el asunto todavía es enorme y la literatura surgida en torno a los hechos desbordante y un siglo después siguen saliendo títulos y estudios serios.
Forasteros inquietantes
El termino turismo no se había inventado y los organismos encargados de promocionarlo eran los llamados «sindicatos de atracción de forasteros». Muchos de ellos, que llegaban de Italia, Francia, Bélgica y otros lugares, eran fugitivos por sus actividades politicas, como Francesco Momo, italiano que introdujo en Barcelona las bombas Orsini y murió en su taller, manipulando una de ellas; pero dejó un remante entre las que figuraron las dos lanzadas en el Liceo en 1893. Ravachol se atribuyó el haber colocado un artefacto explosionado en la Plaza Real por aquellos años, antes de ser guillotinado en París. El belga Bernadon se trajo -en la primera década del siglo XX- las llamadas bombas de inversión, denominadas así por que el mecanismo infernal se ponía en marcha cuando se les daba la vuelta o invertía su posición.
Parece ser que Rull, en la primera etapa de su actuación, cuando no se había convertido en un mercenario, colocó alguna de estas «bombas de inversión», de las que estallaron varias en urinarios y mercados de las Ramblas y callejuelas adyacentes. Incluso fue detenido por ello, con otros anarquistas.
Las autoridades idearon un carro blindado que retiraba los artefactos no explotados y recogidos por los artificieros, y los trasladaba al Campo de la Bota, para su desactivación por los artilleros especializados. En alguna ocasión, hubo explosiones prematuras que causaron víctimas entre los artificieros y policías.
Rull puso a toda su familia en el «negocio», padres y hermanos. Se dijo que algunos artefactos fueron llevados hasta el lugar de la colocación por María Queraltó, en la cesta que solía llevar la comida a los peones que trabajaban en la calle. y que la explosión fortuita de uno de ellos puso al descubierto el tinglado e hirió gravemente a la madre de Rull, pero...
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