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Federico Andahazi publica «El príncipe»

Actualizado 22/01/2001 - 00:22:54
El líder político de una ¿hipotética? república americana que se eleva y desaparece por los aires con todo su gabinete; un pueblo que contempla atónito tan «mística» escapada; una deuda inmensa dejada por los «santos» gobernantes. Estos, y muchos otros son los principales elementos de la nueva novela del joven escritor argentino Federico Andahazi, «El príncipe» (Planeta), una obra que el autor describe con humor como «la materialización de un fracaso», ya que su idea principal era adaptar «El príncipe» de Maquiavelo a nuestros días. Pero Maquiavelo», concluye, «se había quedado corto describiendo al gobernante». Un gobernante que Andahazi ha creado cogiendo partes de distintos presidentes iberoamericanos, «como una especie de Frankestein», y dotándole de poderes celestiales, que casi podrían ser considerados herejéticos.
A pesar de esto, el argentino no cree que «El príncipe» sea tan controvertida como su novela «El anatomista», que narra la búsqueda de un científico de la fuente del placer sexual de las mujeres, con la que vivió episodios «que casi rozaron la censura» en su país. «El libro iba a recibir un importante premio en Argentina», recuerda Andahazi, «pero finalmente fue retirado. Estoy curado de espantos con el tema de la censura». Algo parecido le sucedió en México, donde el libro levantó ampollas en ciertos sectores al aparecer una mujer desnuda en la portada. La imagen «resultaba ser la “Eva” de Durero, un precioso cuadro que está en el Museo del Prado», comenta Andahazi con ironía.
LO GROTESCO DEL PODER
Siendo muy consciente de todo lo que le une y le separa del «boom» hispanoamericano y del realismo mágico («los años, las generaciones»), Andahazi asegura que con «El príncipe» ha intentado «retomar cierta tradición hispanoamericana que se inició con “Tirano Banderas”, “El señor Presidente” o “El otoño del patriarca». Se trata, en definitiva, de la representación de lo absurdo del poder a través de personajes mítico-grotescos, que como si de un esperpento de Valle- Inclán se tratara, mantienen al lector en una tensión constante entre el estremecimiento y la carcajada.
«Algunos políticos son tan grotescos en sí mismos», continúa Andahazi, «que parecen personajes de novela».
¿Se dará por aludido algún gobernante hispanoamericano al leer el libro? «No creo, les falta interés por la lectura».
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