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Clase magistral de la otra memoria histórica

POR MARIANO CALLEJAMADRID. Los Pactos de la Moncloa vuelven a sentar a la misma mesa a Manuel Fraga y Santiago Carrillo, con unos cuantos años más a sus espalda: el primero cumplirá 85 el mes que

Actualizado 21/10/2007 - 08:13:19
Los Pactos de la Moncloa vuelven a sentar a la misma mesa a Manuel Fraga y Santiago Carrillo, con unos cuantos años más a sus espalda: el primero cumplirá 85 el mes que viene y el segundo va hacia los 93. Han pasado tres décadas, pero los dos políticos mantienen sus cabezas lúcidas y muy vivas, y cuando hablan de la Transición parece que lo viven y que todo ocurrió ayer. Los bastones engañan mucho. En su reencuentro, motivado por una convocatoria de la Fundación Ernest Lluch, Fraga pregunta a Carrillo si recuerda cuando los Reyes acudieron a las Cortes en 1977 y los diputados del PSOE se quedaron sentados, mientras los comunistas, con la Pasionaria a la cabeza, se ponían de pie y aplaudían con entusiasmo. «¡Claro que me acuerdo!», contesta entre risas el histórico dirigente del PCE. Eran otros tiempos. Tiempos de gestos, de cesiones y contrapartidas, y sobre todo de pactos, de muchos pactos.
El 25 de octubre se cumplen 30 años de la firma de los Pactos de la Moncloa, un hito de la Historia contemporánea de España. «Un elemento clave de la Transición, dirigida magistralmente por el Rey, que facilitó la paz social por un camino constructivo», según Fraga.
Manuel Lagares, que fue subsecretario de Economía con Enrique Fuentes Quintana como vicepresidente económico del Gobierno de Suárez y que participó activamente en la elaboración de los Pactos, recuerda cómo se fraguó todo: ya a principios de 1976 el Gobierno quería difundir la idea de que «la magnitud de los problemas económicos -originados por la crisis del petróleo de 1973- exigía un amplio acuerdo político para su solución». La propuesta no fue bien acogida por algunos partidos, empezando por el PSOE, ya que consideraban que en democracia lo suyo es discutir y oponerse al Gobierno.
El 8 de julio de 1977, Fuentes Quintana compareció en Televisión Española para informar a los españoles de la comprometida situación en la que se encontraba la nación. No podía perderse ni un día más. La repercusión de esta comparecencia, según Lagares, fue «extraordinaria». Se tomaron las primeras medidas de choque, como la devaluación de la peseta. Muchos miembros del Gobierno consideraban que con eso era suficiente, pero Fuentes Quintana tenía claro que había que tomar una enérgica decisión.
Así, a mediados de agosto, el vicepresidente económico anunció a Suárez su dimisión si no se iniciaban de inmediato las conversaciones para un gran pacto sobre la reforma económica que sacara a España del hoyo. Suárez le dio su total apoyo. El presidente del Gobierno, apunta Lagares, tenía ya en la cabeza que para redactar pacíficamente una Constitución que fuera de todos era imprescindible evitar la guerra en el ámbito económico.
El trabajo más difícil
El equipo económico del Gobierno comenzó a trabajar en el «Programa de Saneamiento y Reforma Económica», que serviría de base para los futuros Pactos. Lo más difícil ahora era sentar a la misma mesa a políticos tan diferentes como Felipe González, Santiago Carrillo, Enrique Tierno Galván o Manuel Fraga.
Carrillo ha reconocido que antes de los Pactos de la Moncloa ya había hablado con Suárez y la idea «estaba muy trabajada» entre los dos. Es la famosa «pinza» de la que se quejaba el PSOE, y que, según Carrillo, existió. No hay que olvidar que el dirigente comunista estaba muy agradecido a Suárez por la legalización del PCE apenas unos meses antes, y su participación en los acuerdos de la Moncloa bien podía ser la respuesta. «En febrero de 1977, Suárez y yo nos vimos personalmente por primera vez y hablamos seis horas de los problemas de España. Estábamos de acuerdo en que era necesario un plan económico». José María Benegas, que le escucha con atención, ve confirmada la existencia de la «pinza»: «Era una pinza -le contesta Carrillo- porque vosotros (el PSOE) erais un grupo de estudiantes progres».
La participación del PSOE de Felipe González se debió, según lo ve Lagares, a la «intensa presión» que ejerció Willy Brandt, ya que a la socialdemocracia alemana le interesaba al máximo la estabilidad en España. El ex ministro de UCD José Luis Leal recuerda que el PSOE «tuvo siempre miedo de la pinza de UCD y PCE, y al final aceptó entrar, pero a regañadientes». Tierno Galván también acudió raudo porque su presencia en las reuniones «le daba relieve político».
Respecto a Manuel Fraga, el entonces líder de Alianza Popular explica a ABC que cuando vio las reformas que proponía Fuentes Quintana, aseguró que «ése sería su programa» electoral. Lagares recuerda, sin embargo, fuertes discusiones entre esos «dos buenos amigos» durante los encuentros de La Moncloa. «Enrique, ¿me has suspendido?», preguntaba después Fraga. «¡Pues claro!», contestaba el profesor Fuentes Quintana.
Las distintas fuerzas políticas fueron convocadas por el Gobierno para el sábado 8 de octubre de 1977. Ese día había una tormenta tremenda en Madrid, hasta el punto de que se fue la luz. El día no podía ser más negro, ya que los terroristas asesinaron a tres personas en el País Vasco.
Al día siguiente, ABC narraba así la noticia: «Ayer, a las once y veinte de la mañana, dio comienzo la primera sesión de la llamada «cumbre de la Moncloa», en la que se trata de conseguir un programa de concentración que permita superar la difícil situación económica por la que atraviesa el país. El señor Abril Martorell, que actuó como portavoz del Gobierno y de los parlamentarios asistentes a la reunión, calificó los contactos como «exploratorios de las posibilidades del programa y de los tramos comunes a todos los grupos»».
Una sesión aplazada
Este periódico informaba también de que la sesión fue aplazada hacia la una y cuarto, tras conocerse la noticia del atentado en Guernica contra el presidente de la Diputación de Vizcaya y de dos miembros de su escolta, que recibieron un total de cuarenta impactos de bala. Luego se reanudó por la tarde. A la reunión asistieron un total de 31 personas. Por el Gobierno acudieron Adolfo Suárez, Fuentes Quintana, Abril Martorell, Otero Novas, Fernández Ordóñez y Oliart.
Se crearon grupos de trabajo, que se reunieron entre el 9 y el 25 de octubre. José Luis Leal señala que en el documento final «desaparecieron» algunos puntos, como el del «despido libre» o la «reducción de aranceles».
Los sindicatos no estamparon su firma, porque no participaron en las reuniones. Hay que situarse en aquella época, cuando acababan de salir de la clandestinidad. No había conciencia de diálogo social todavía, ni esa cultura que existe hoy de contar con los sindicatos para todo, según comenta a ABC José María Zufiaur, que era secretario general de USO. Zufiaur recuerda que Suárez convocó a los grandes sindicatos a tres reuniones en agosto del 77 para explicarles la situación económica, pero en ningún momento les propuso participar en los trabajos.
En cualquier caso, tanto CC.OO. como UGT y USO apoyaron plenamente los contenidos, algo que les costó algún disgusto a sus dirigentes cuando lo comunicaron en las asambleas y las fábricas. «Hubo desconcierto en las bases», recuerda Zufiaur, y muchos rompieron sus carnés y se los tiraron a la cara a sus representantes: «¡Pero qué habéis hecho!»
Carrillo, sin embargo, estaba encantado con el acuerdo, como recuerda ahora: «Favorecían el cambio político con un sustrato económico. Ayudaron a edificar el sistema democrático y las relaciones sociales». Sostiene que los Pactos de la Moncloa fueron «un acuerdo histórico, de esos que no se dan en la vida de un país más que raramente».
¿Constitución con huelgas?
Los Pactos, según explica José Luis Leal en una conferencia, neutralizaron el ajuste económico y permitieron la Constitución de 1978. «¿Cómo habría sido una Constitución redactada entre huelgas y manifestaciones? Habría sido de UCD, pero no de todos». Los pactos fueron posibles, según José María Benegas, porque España «tuvo la suerte de tener una generación política que sabía lo que quería que no volviera a pasar». Pero son irrepetibles, porque son propios de un periodo de «transición». Fraga también opina que las circunstancias y los instrumentos son distintos.
El 26 de octubre de 1977, ABC informaba: «En un ambiente de optimismo, el Gobierno y los dirigentes de los grupos parlamentarios procedieron a las dos y diez de la tarde de ayer a la firma del documento de medidas económicas, fruto de las laboriosas negociaciones de la denominada «cumbre de la Moncloa»». «El acto de la firma, que tuvo una duración de tres minutos -según el cronista de ABC-, fue de una gran sencillez. Tras unas breves palabras de salutación, el presidente del Gobierno, Adolfo Suárez, firmó el documento». Tras él lo hicieron González, Raventós, Triginer, Fraga, Tierno Galván, Ajuriaguerra, Roca, Calvo Sotelo y Carrillo.
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