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Conmemoración mercedaria

LA fiesta de la Virgen de la Merced, patrona principal de la ciudad y de la archidiócesis de Barcelona, que celebramos el próximo miércoles, este año llega acompañada por una significativa

Actualizado 21/09/2008 - 03:04:02
LA fiesta de la Virgen de la Merced, patrona principal de la ciudad y de la archidiócesis de Barcelona, que celebramos el próximo miércoles, este año llega acompañada por una significativa conmemoración mercedaria: se cumple el 120 aniversario de la coronación canónica de la Virgen bajo esta advocación tan barcelonesa, que tuvo su cuna en nuestra ciudad y está hoy extendida por el mundo entero. El año 1888 fue un año excepcional en la historia de la ciudad y en la historia mercedaria. Fue el año de la Exposición Universal de Barcelona, exposición internacional de mercancías, la primera realizada en la Ciudad Condal. Para acogerla se urbanizó la antigua Ciudadela de la ciudad, que desde entonces se convirtió en el parque que lleva ese mismo nombre.
Cuatro meses más tarde, aquel mismo año, tuvo lugar un hecho memorable en la historia del culto y la veneración popular a la Virgen María bajo la advocación de la Merced. El domingo 21 de octubre el que entonces era obispo de Barcelona, Jaume Català i Albosa, actuando en nombre del Papa León XIII, coronó en el altar mayor de la catedral la muy venerada imagen de la Virgen de la Merced. Las dos coronas -la de la Virgen María y la del Niño Jesús- fueron regalo de la ciudad, cuyo alcalde en aquellos años era Francesc de Paula Rius i Taulet.
¿Qué significado puede tener para nosotros, cristianos de hoy, este recuerdo de un hecho de nuestra historia religiosa? Me parece que la respuesta ha de ser esta: nos tiene que servir de invitación a trabajar, personal y colectivamente, en favor del bien de todos nuestros conciudadanos. La presencia de los cristianos en la sociedad está impregnada de amor a las personas y a las instituciones. Nuestro amor al país y a la ciudad de Barcelona forma parte del amor al prójimo, pero no tan sólo en su dimensión individual sino también en toda su realidad social.
La obra de la Merced, en la época en que nació, fue una iniciativa de gran solidaridad hacia los miembros más necesitados de libertad de aquella sociedad. Pero la obra mercedaria no es, entre nosotros, tan sólo una página muy ejemplar del pasado. Pienso en aquellos que no dudo en calificar como verdaderos continuadores hoy del espíritu de la Merced, los mercedarios, que realizan un trabajo muy importante en las cárceles de nuestro país, y en todos los que se esfuerzan por hacer de su vida un don para sus hermanos.
En lo referente a la Iglesia, pienso en la aportación muy positiva y rica de las parroquias, de las comunidades religiosas, de los movimientos eclesiales en los campos de la espiritualidad, la pobreza y marginación, la vejez, los hospitales, la enseñanza, la cultura, etcétera. El P. Jacint Alegre, fundador del Cottolengo de Barcelona, decía: «Hechos, hechos; no sólo palabras». Así, la presencia amorosa y solidaria de muchas personas de toda condición y religión, y también de muchos cristianos y cristianas, en nuestra sociedad es un hecho, un inequívoco compromiso en favor de la justicia y de la solidaridad.
Lluís Martínez
Sistach
Cardenal-arzobispo
de Barcelona
GLOSA DOMINICAL
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