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LA FIESTA DEL CHIVO

Actualizado 21/08/2004 - 01:57:35

Usurpo el título de la gran novela de Mario Vargas Llosa porque no he podido evitar asociarla a los intentos del PSOE de echarle al Gobierno anterior la culpa de todos los males. Se trata, efectivamente, de la fiesta del chivo. Del chivo expiatorio.

Los dirigentes socialistas que han atribuido a Aznar el encarecimiento del petróleo y nuestro «empobrecimiento inexorable» han sido objeto de diversas réplicas, y los lectores de ABC las han podido leer en un cuidado editorial y varias columnas. Es tal el disparate que hasta la prensa correcta debió puntualizar que las causas que impulsan al alza al crudo «obviamente no se limitan a la situación en Irak». Obviamente.

Menos obvio es por qué sostienen los socialistas semejantes tonterías, porque no creo que sean tontos y prefiero no creer que a sus ojos todos los demás lo seamos. Edurne Uriarte señaló en estas páginas el desconcierto de la izquierda entre sus vacuas consignas y «la inesperada responsabilidad de gobernar». Es cierto, y la opinión pública puede apreciar, por ejemplo, la asimetría entre el rigor con que el PSOE trató al PP a propósito del Prestige y la exquisita suavidad con que los socialistas y sus medios tratan ahora a todas las autoridades socialistas a propósito de los incendios forestales. Los ejemplos habrán seguramente de multiplicarse.

Pero, además, España viene registrando un prolongado ciclo económico alcista desde hace una década. No es aventurado predecir que en algún momento dado dicho ciclo expansivo pasará a ser sólo un recuerdo del pasado. Como dijo Lenin: ¿qué hacer?

En este momento es cuando los preclaros dirigentes del PSOE prueban que son más diestros a la hora de derribar fortalezas que a la hora de edificarlas. No tienen ni idea de lo que hay que hacer, y José Luis Rodríguez Zapatero ha prometido tantas veces una cosa y la contraria que sus secuaces están abriendo el paraguas no sólo ante un empeoramiento de la economía sino ante la más que previsible parálisis como principal actitud que adoptará en tal circunstancia el Gobierno: mucho talante y ninguna medida. Si los socialistas estuvieran de verdad preocupados por «los humildes», anunciarían ya mismo una estrategia progresista: bajar los impuestos. Por desgracia, no están dispuestos a emprender ese camino; de hecho, sus portavoces parlamentarios ya han anunciado que se oponen, recurriendo a las típicas patrañas sobre la supuestamente eficaz táctica de trasladar los costes a los precios, como si los españoles desconociéramos la fiscalidad de los carburantes.

Si esto puede empeorar y las contradicciones son tan intensas que Zapatero no va a hacer nada, entonces hay que preparar el terreno: si las cosas van mal todo será culpa del Gobierno anterior. ¡Qué alivio!

Poco alivia comprobar que esta posición no es monopolio de la izquierda: ¿qué decir de las voces que desde el PP sostienen que perdió las elecciones por no ser «de centro»? Ese sí que es un chivo expiatorio con toda la barba.
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