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Negro contra negro

En un pulso electoral sin precedentes, un par de candidatos afro-americanos se disputan un escaño en el exclusivo Senado de los Estados Unidos, que solamente ha contado con cuatro representantes negros en toda su historia

Actualizado 21/08/2004 - 01:55:49
Alan Keyes. REUTERS
Alan Keyes. REUTERS

WASHINGTON. La política en Chicago y, por extensión, en el Estado de Illinois-cuna electoral de Abraham Lincoln- nunca ha sido para pusilánimes. Pese a sus generosas dosis de corrupción, escándalos de toda clase, monopolios de poder y dinastías familiares perpetuadas en altos cargos, Illinois se mantiene como una de las pistas centrales en la vida pública de Estados Unidos. Tradición que se perpetua de cara a las elecciones convocadas para el próximo 2 de noviembre y en las que por primera vez dos afro-americanos se disputan un escaño en el exclusivo Senado federal.

El candidato del Partido Demócrata es Barack Obama, una especie de «niño prodigio» de la política estadounidense distinguido este verano con el honor de pronunciar el discurso programático en la convención de Boston. Este graduado por las Universidades de Columbia y Harvard ha demostrado ser un extraordinario orador y a los 42 años se le considera una estrella ascendente en el panorama político de Estados Unidos, con la ventaja de simbolizar en sus genes el formidable crisol americano: una madre blanca de Kansas y un padre negro de Kenya.

Obama cuenta con diez millones de dólares en donativos y el respaldo incondicional de los pesos pesados del Partido Demócrata, que pese a contar con el respaldo casi en bloque de los votantes afro-americanos cuenta con un número muy limitado de negros entre su liderazgo. Como muestra del entusiasmo generado por esta estrella racial, Teresa Heinz Kerry -que en la campaña presidencial de su esposo presume de ser una hija de África por su infancia colonial en Mozambique- ha llegado a predecir que Obama tiene todas las papeletas para convertirse en el primer ocupante no blanco del Despacho Oval.

Cambios de última hora

Para hacer frente a este carismático profesor de Derecho y senador estatal de 43 años, tan alto como articulado, los republicanos han tenido que hacer juegos malabares. El candidato inicial, Jack Ryan, tuvo que abandonar este pulso político el pasado mes de junio al trascender que su ex mujer al divorciarse le había acusado de actividades sexuales poco convencionales. El multimillonario reconvertido en maestro, aunque técnicamente no había perpetrado ningún delito o adulterio, se rindió ante un escándalo como sacado de las páginas del «Playboy».

A marchas forzadas y en busca de un golpe de efecto, el Partido Republicano ha recurrido a Alan Keyes, un negro ultra-conservador de 54 años con dos candidaturas presidenciales a sus espaldas. Sin importar que este ex diplomático y ahora tertuliano profesional tenga su residencia habitual en Maryland y sus relaciones con el Estado Illinois sean circunstanciales, en el mejor de los casos. Para justificar esta carencia de vínculos estatales, Keyes argumenta que la enrarecida política de Illinois, a su juicio endogámica y crónicamente corrupta, necesita una bocanada exterior de aire fresco. Además de recordar que el propio Lincoln nació era de Kentucky.

Como consecuencia de este pulso sin precedentes entre dos candidatos negros, el resultado evidente es que el Senado federal contará durante la próxima legislatura con un senador afro-americano. Fichaje muy llamativo para una institución política considerada como el club más exclusivo de Estados Unidos ya que solamente ha admitido cuatro miembros negros en sus doscientos años de historia. En el siglo XIX, Hiram Revels y Blanche Bruce fueron seleccionados en representación de Mississipi tras la Guerra Civil. Más los dos elegidos en el siglo XX por votación popular: Edward Brooke (republicano de Massachusetts) y Carol Moseley-Braun (demócrata de Illinois).

Ventaja demócrata

En esta ocasión, los sondeos de intención de voto identifican como favorito a Barack Obama aunque Alan Keyes está planteando desde la primera semana de agosto una sonada cruzada contra los principios liberales del candidato demócrata.

En contraste, el aspirante republicano -que hace cuatro años no dudó en criticar el oportunismo geográfico de Hillary Clinton al presentarse al Senado por Nueva York- defiende unaplataforma de frontal oposición contra el aborto, los homosexuales e incluso la discriminación positiva para promover el avance social de las minorías raciales.
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