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Josep Vergés, crónica de un olvido

El 6 de julio fallecía en un hospital de Barcelona el editor Josep Vergés. La familia recibió un telegrama de condolencia del presidente Aznar, quien en 1997 le había concedido la Gran Cruz de la Orden Civil de Alfonso X el Sabio. No sucedió lo mismo con las instituciones oficiales catalanas: la indiferencia en vida del editor se vio refrendada con el olvido en su muerte.

Actualizado 21/07/2001 - 00:05:22
BARCELONA.Sergi Doria
Josep Vergés i Matas (Palafrugell, 1910 - Barcelona, 2001). Descendiente de una familia ampurdanesa de la industria del corcho, promotor desde 1937 de la revista «Destino», creador en 1944 del premio Nadal. En 1966 editó la Obra Completa de Josep Pla... Una ficha así, tan sencilla y aséptica no existe en la Gran Enciclopèdia Catalana, como señalaba el pasado sábado en este diario Xavier Pericay, actual traductor de los dietarios de Pla al castellano. Resulta que el hombre que impulsó en Cataluña las tres empresas culturales más fecundas de la segunda mitad de siglo: el semanario «Destino», modelo de europeísmo; el premio Nadal, prestigiosa plataforma de escritores como Miguel Delibes, Carmen Martín Gaite, Ana M. Matute o Rafael Sánchez Ferlosio y los 45 volúmenes de la Obra Completa de Josep Pla: treinta mil páginas que lo sitúan como el mayor prosista catalán, no merece una entrada en una Enciclopèdia que recoge un sinfín de figuras igualmente respetables, pero de protagonismo infinitamente menor. Al escandaloso «olvido» enciclopédico hay que añadir la sistemática «amnesia» de quienes desde la órbita del pujolismo obviaron año tras año el nombre de un Vergés a la hora de otorgarle una Creu de Sant Jordi, galardón accesible para una larga nómina de personajes. No fue así y, nuevamente, el editor fue marginado de los honores de la cultura oficial.
Desde la venta de «Destino» en 1974 a Jordi Pujol y la rápida desaparición del semanario, tras la venta a la familia Porcioles, Vergés prefirió el silencio a las declaraciones vocingleras. En cada entrevista reiteraba que nunca escribiría memorias: «Primero porque tendría que escribirlas en primera persona y me desagrada hablar de mí; segundo, porque debería decir la verdad sobre otra gente y a veces esto resulta delicado; tercero, porque no creo que interesen a nadie», declaraba en 1982 a Josep M. Huertas y Jaume Fabre. Y es que Vergés era el editor del escritor al que le negaron el Premi d´Honor de les Lletres Catalanes. Si el pasado 23 de abril, TV3 pasaba de puntillas sobre el vigésimo aniversario de la muerte de Pla -nada menos que en el día de Sant Jordi- el 6 de julio la televisión autonómica volvió a pasar de largo en el óbito de Vergés. La nieta del editor, Andrea Ferrando, se preguntaba: «¿Por qué las instituciones catalanas no han enviado ninguna comunicación del pésame, mientras que sí lo ha hecho el presidente del Gobierno, José María Aznar?... Ni siquiera a su muerte han sabido subsanar la injusticia más grande. Mi abuelo nació y murió catalán, pero fue despreciado por todos aquellos que representan Cataluña».
PUJOL, PLA Y VERGÉS
Las vidas de Vergés y Pla son vasos comunicantes. Ambos nacieron en Palafrugell, compartieron avatares en la guerra civil y, desde la creación de «Destino» estuvieron condenados a entenderse. En Vergés, Pla encontró al editor necesario, capaz de soldar su obra. Con él finalizó un peregrinaje editorial irregular que había comenzado en los años veinte en la editorial Diana, continuado por breve tiempo en la Catalònia de López Llausàs y proseguido tras la guerra en la Selecta de Cruzet, hasta la desaparición de éste en 1962. En Vergés, Pla encontró el interlocutor y el empuje que necesitaba para culminar su obsesión: preservar la memoria de una época. Hace veinticinco años, Pla criticaba a Pujol desde sus «Notes del capvesprol» y Vergés veía como el «Destino» bajo la férula del político y banquero zozobraba en los procelosos mares de la Transición. Quizá aquellas divergencias siguen avivando el arbitrario olvido de una Cataluña oficial que niega el reconocimiento a hombres como Vergés y Pla, la dualidad más fértil de la cultura catalana del siglo XX.
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