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Lo que Rocío Jurado ha unido...

Era demasiado bonito para ser real. Una pena, penita, pena, que diría Lola Flores y que ahora canta Isabel Pantoja mientras se da golpes de pecho y no aclara si sigue o no con Julián Muñoz. Tal vez no

Actualizado 21/05/2007 - 11:02:32
Era demasiado bonito para ser real. Una pena, penita, pena, que diría Lola Flores y que ahora canta Isabel Pantoja mientras se da golpes de pecho y no aclara si sigue o no con Julián Muñoz. Tal vez no lo aclara porque no puede. A fin de cuentas su nombre figura en primer puesto en la lista de motivos de arraigo que el ex alcalde marbellí tiene esperándole fuera de la cárcel y que tantas veces ha movido el abogado Javier Saavedra ante el juez Miguel Angel Torres para pedir su excarcelación. Si la Pantoja dijera que lo suyo con Muñoz se acabó hace un tiempo, tal vez cuando envió el famoso comunicado en el que se desmarcaba de los dineros de Muñoz y aseguraba que ella creía en su insolvencia y de ahí que lo mantuviera a sueldo, la salida de Muñoz de la prisión de Jaén II sería más complicada (si es que alguna vez no lo fue) y de ahí que ni pronuncie su nombre cuando está en público, no sea que se malinterprete cualquiera de sus palabras. A fin de cuentas, hasta la fecha, el máximo defensor de que ese noviazgo continuaba era el propio Saavedra quien suele acudir a ver a su cliente a la cárcel y quien también habla con Pantoja a menudo. El letrado ha insistido hasta la saciedad que los dos seguían hablándose y queriéndose y, como prueba, repetía que a él quien le paga sus honorarios es la propia Pantoja.
De abogados y notarios
Claro que eso fue hasta que detuvieron a la artista. Aunque esa noche de marras llamó a Saavedra para que se encargara de todo (no localizó a su abogada) lo cierto es que apenas horas después se aclaró que de su defensa se ocuparían Graciela Otondo y José Ángel Galán. El más que probable conflicto de intereses hacía inviable que Saavedra se ocupara de los dos. Otondo prefiere llevar ese asunto sin más compañía que la de su socio Galán y es que todo indica que al final los letrados van a tener que tener sus propios enfrentamientos ante el juez para salvar a sus representados.
Pero esa historia está aún por llegar. Lo que sí se vislumbra perfectamente es el distanciamiento que ya hay entre los herederos de Rocío Jurado que son sus hijos y sus hermanos ( a fin de cuentas, a su marido Ortega Cano no le dejó nada salvo las vacas que juntos compraron). Cuando apenas faltaban unos días para realizar la firma oficial del testamento, los hermanos de la «más grande» se encontraron con la sorpresa de que la finca que Rocío les dejaba a los dos, «Los Naranjos», ahora aparecía dividida en cinco partes y no en dos como ellos pensaban,.. Así se lo comunicó la albacea del testamento, Ana Iglesias, que ha tenido que ajustar las últimas voluntades de Rocío con lo que marca la ley. Esto significa que la legítima que tienen que heredar sus tres hijos no se cumplía con la tasación que se ha hecho de la casa de La Moraleja y de ahí que haya tenido que ajustar los bienes de libre disposición para acatar la ley y no perjudicar a nadie. De todo lo que Rocío tenía se ha elegido la finca «Los Naranjos» y es ahí cuando ha saltado la alerta entre los Mohedano, que no están nada conformes en repartir esa finca que su hermana quería que fuera para ellos. Este fin de semana va a ser crucial en la familia, puesto que los únicos que faltan por firmar son Rocío Carrasco y Ortega Cano, que se reunirán el lunes con la albacea. A la espera de lo que pueda pasar en esa nueva reunión el resto de la familia intenta no hablar más de la cuenta y confiar en que alguien recapacitará y las cosas se harán como quería Rocío o, por lo menos, ajustando las partes sin tocar la mencionada finca que se ha convertido en el tesoro más preciado. Aparte del valor sentimental (Rocío compró ese terreno de soltera, cuando era novia del valenciano Enrique García Vernetta, quien seguramente le presentó a quien que le vendió «Los Naranjos»), resulta que hay un plan de recalificación por el que en cuestión de siete años ese terreno, que hoy es rústico, pasará a urbano incrementando su valor de forma espectacular.
Este dato no es baladí y explicaría porqué los Mohedano no quieren que nadie toque lo que su hermana ha dejado escrito y porqué otros quieren también su parte del pastel más apetecible de todo el legado. Como ocurre con todas las herencias, al final la familia acaba en trifulca. Está claro que los únicos que no discuten son los que no tienen nada que repartir. Qué tranquilidad. n
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