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«Tu padre acabará como los concejales del País Vasco»

Cuando echa la vista atrás, Fátima Ponsoda recuerda sobrecogida las palabras de su abuelo, que resultaron proféticas. «Cuando en la televisión salían noticias de algún concejal asesinado por ETA en el

Actualizado 21/04/2009 - 07:59:52
Cuando echa la vista atrás, Fátima Ponsoda recuerda sobrecogida las palabras de su abuelo, que resultaron proféticas. «Cuando en la televisión salían noticias de algún concejal asesinado por ETA en el País Vasco, mi abuelo me decía: "Tu padre acabará igual que éstos". No sé si era sólo una intuición o si conocía algo que a nosotros nos ocultaban», dice Fátima.
Su padre, Alejandro Ponsoda Bou, alcalde de Polop (Alicante) durante más de doce años, fue tiroteado a la puerta de su casa el 19 de octubre de 2007. Herido mortalmente de un disparo en la cabeza, falleció una semana después sin haber podido dar ninguna pista sobre lo sucedido.
«El caso está bajo secreto de sumario y se sigue investigando. Si no se ha dado a conocer ningún resultado es porque no los hay», indican fuentes de la Guardia Civil.
Es la misma respuesta que Fátima y María, las hijas de Alejandro Ponsoda, reciben cada vez que se interesan por conocer el estado de la investigación. En el pueblo comienza a cundir la sensación de que nunca se sabrá la verdad.
Desde el primer momento salieron a la luz todo tipo de hipótesis. La Guardia Civil investigó e interrogó a un vecino afectado por una expropiación que, una semana antes del asesinato, amenazó al entonces alcalde: «Vas a tener problemas», le dijo cuando Ponsoda acudióa notificarle el acta de expropiación. También se planteó la posibilidad de que el asesinato fuera perpetrado por un sicario.
«No era el mismo»
«Mi padre era una buena persona. Honrado, humilde, entregado y dispuesto a ayudar a todos. Quizá demasiado confiado. No se merecía lo que le ocurrió», indica María Ponsoda, que tenía 21 años cuando ocurrió el asesinato. «Queremos saber la verdad, nos han destrozado la vida».
Fátima, embarazada de tres meses cuando sucedieron los hechos, recuerda que, desde que su padre fue reelegido alcalde en 2007 «no era el mismo. Estaba nervioso, no paraba en casa. Pero nunca explicó qué le preocupaba». En un año, ambas hermanas enterraron a su padre, a su abuela y a su abuelo, quien ya no podrá aclarar por qué se temía lo que acabó ocurriendo.
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