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La Unión Europea destaca a España como ejemplo de tolerancia hacia los inmigrantes

La UE destaca a España como el país más tolerante ante la presencia de inmigrantes en territorio europeo. Una encuesta del Observatorio Europeo del Racismo revela que los españoles no se sienten molestos por la llegada de personas de otra raza o religión y contemplan a las minorías como un enriquecimiento social y cultural. Sólo un cuatro por ciento de los españoles las ven como un foco de inseguridad.

Actualizado 21/03/2001 - 01:06:19
Los españoles se declaran tolerantes, «multiculturales», amigos de otros pueblos y culturas, dispuestos a acoger minorías en su territorio, convencidos de que su presencia enriquece la sociedad y cultura propia, y hospitalarios con quienes huyen de guerras, catástrofes y desdichas, según un estudio del Observatorio Europeo del Racismo y la Xenofobia. Aunque da la casualidad de que España es también uno de los países de la UE en el que hay un menor número relativo de inmigrantes; el saldo migratorio de nuestro país en el año 2000 fue de un uno por mil, sólo por encima de Finlandia y Francia, y muy por debajo del 6,6 por mil de Irlanda, del 5 por mil del Reino Unido o del 11,4 por mil de Luxemburgo, de acuerdo con la Oficina Estadística de la UE.
«TOLERANTES PASIVOS»
Tal vez al español le resulte más fácil que a otros europeos. Pero el caso es que, por lo declarado en las encuestas, en nuestro país no hay racismo, ya que España registra el índice más bajo de la UE -un 4 por ciento- de intolerancia con las minorías. Aunque el grueso de los encuestados -un 61 por ciento- se sitúa en el pelotón de los «tolerantes pasivos», gente sin problemas pero también sin especial interés en combatir el racismo. El porcentaje de «tolerantes activos» o de militantes contra el racismo se queda en un humilde 16 por ciento, por debajo de países como Dinamarca y Suecia (33 por ciento), Finlandia (32 por ciento) o Francia (25 por ciento) en los que hay un mayor número de intolerantes, pero también de beligerantes contra el racismo.
Los Estados en los que hay un mayor porcentaje de intolerantes son Grecia (27 por ciento), Bélgica (25 por ciento) y Dinamarca (20 por ciento). La directora del Observatorio, Beate Winkler, sin embargo, puntualizó que el rechazo a las minorías de Grecia es resultado de las guerras de los Balcanes, del contagio hipernacionalista que éstas han provocado y de sus oleadas de refugiados. De Dinamarca subrayó que el número de concienciados antixenófobos supera con creces el de intolerantes. Y en cuanto a Bélgica, se trata de un país con un alto número de inmigrantes en el que hacen su agosto los movimientos xenófobos y ultranacionalistas de Flandes, pero en el que también son muy activos los militantes de la tolerancia. Queda claro que en Dinamarca o incluso en Bélgica hay una conciencia del problema del racismo que no existe en España, donde la población aparece tan tolerante en lo teórico como despreocupada en lo práctico.
El conflicto, no obstante, se puede estar larvando. En 1997, un 27 por ciento de la población tendía a creer que la presencia de minorías es causa de inseguridad; en tanto que en el año 2000 ese porcentaje sube hasta el 34 por ciento. Casi la mitad de la población española cree que la diversidad de razas, religión y cultura fortalece al país, pero la proporción de quienes tienden a no estar de acuerdo con esa opinión ha pasado del 24 por ciento en 1997 al 30 por ciento en 2000.
ABRIR LAS PUERTAS
Por el momento la población española aparece como ejemplo de civilización y tolerancia. Nuestro país es, junto a Suecia, el más abierto a aceptar a musulmanes que deseen trabajar en la Unión Europea. La población española es la más partidaria de abrir las puertas a quienes buscan asilo político y huyen de guerras y graves conflictos internos; la que menos molesta se siente en su vida diaria por la presencia de gentes de otra nacionalidad o religión; una de las más escépticas ante la pregunta de si los inmigrantes son más proclives a la delincuencia que los demás; y una de las más convencida de que «es bueno para la sociedada la presencia de distintas razas, religiones y culturas». Un civilizado ejemplo de conducta, aunque la mayor parte de la población tienda también a encogerse de hombros cuando le cuentan que el racismo es un grave problema en Europa.
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