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Batasuna, el aparato fiel

Al parecer, el Gobierno sabe de las discrepancias en el seno de la ilegalizada

Actualizado 21/01/2007 - 21:51:10
Al parecer, el Gobierno sabe de las discrepancias en el seno de la ilegalizada Batasuna. Aún más, parece que potenciarlas es parte de la estrategia del momento, quizá parte del plan B o C que el ministro del Interior aseguró que el Gobierno tenía. Arnaldo Otegi, en una entrevista concedida a la emisora Euskadi Irradia dijo que algunos sectores de la Izquierda Abertzale habían manifestado su «confusión ya que ETA, al reservarse en su último comunicado la posibilidad de «responder» a los ataques a Euskal Herria, podía dar la impresión de restar credibilidad al «alto el fuego» que, también al parecer y no sin escarnio, sigue vigente. Pernando Barrena señaló después que en esto de la credibilidad de ETA había un problema de traducción del euskera al castellano y bien es cierto que Otegi, en la entrevista citada, aclaraba que lo peor del asunto era que «algunos», amparándose en esa advertencia de la banda, trataran de ocultar que, efectivamente, el «alto el fuego» estaba vigente. Vamos, que Otegi cree que sigue vigente.
Otro de los gurús del entorno etarra, el sindicalista Rafael Díez Usabiaga dijo que «no hay proceso sin bombas». Pero añadió, en el mismo momento, que tampoco hay «proceso» con «leyes de excepción, persecución contra la izquierda abertzale», juicios, etc. Es más, completó el análisis diciendo que tampoco lo había sin mesa de partidos y diálogo político. Su sindicato, LAB, llamó después manipuladores a los que se emocionaron.
Porque se emocionó el Gobierno vasco, que vio en ello «un buen síntoma». Un poco menos el presidente del PNV, Josu Jon Imaz, que, utilizando una tópica expresión de su partido, se alegró de que «las cosas se empiecen a mover ahí dentro». Y el presidente Rodríguez Zapatero quiso emocionarse quizá, aunque el horno no está para mucha exaltación, advirtió que «hay declaraciones de Batasuna que no deben pasar desapercibidas».
Sin embargo, lo que hasta el momento (y desde el retorno de la democracia, tras la muerte de Franco) no ha pasado desapercibido es la dependencia absoluta de Batasuna respecto de ETA, su pertenencia a una estructura jerárquica. En primer lugar, no hay sino que acudir a los documentos internos de la banda que se define a si misma como una organización que utiliza «la lucha pacífica y la lucha armada». El eufemismo «lucha pacífica» engloba a Batasuna y otras organizaciones que, aprovechando los recursos de la democracia, sostienen la presión sin bombas o pistolas, pero siempre teniendo las pistolas y las bombas, aunque sea en otras manos, en la recámara.
La Koordinadora Abertzale Socialista (KAS) se constituye en 1975 ante el juicio a los terroristas Txiki y Otaegui. Desde que, ante los comicios de 1977, se plantea la posibilidad de presentarse a las primeras elecciones, queda sometida claramente a ETA. Desde ese momento, las crisis de la izquierda abertzale son las crisis de ETA, las disidencias posibles son las que haya en el seno de ETA. En 1983 y 1987 queda palmariamente claro cuando el partido HASI, que forma parte de la coordinadora, pretende debatir críticamente el documento «Ponencia KAS Bloque Dirigente» (en el que ETA tiene el papel de dirigente del «proceso»). El «argumento» para evitar el desviacionismo no es otro que una pistola sobre la mesa.
No es de extrañar que Txomin Ziluaga, el secretario general de HASI pidiera en 1987 que ETA se tomase «unas vacaciones» para reordenar una organización bicéfala entre el aparato político y el «brazo armado». En el Congreso del partido celebrado en Cestona, Ziluaga, que no pudo evitar una lipotimia, fue apartado por decisión directa de la banda. Si la disidencia era, como era, por el control del conglomerado de la izquierda abertzale, el control lo tenía y lo tiene ETA. Tengan el nombre que tengan, son ellos el «brazo político».
En este sentido, tenemos un ejemplo paradigmático en la tregua de 1998-1999. Las negociaciones previas con PNV y EA las realiza ETA, sin la innecesaria presencia de Herri Batasuna. Pero, al calor de la tregua, HB lanza Euskal Herritarrok con pretensión de crear un movimiento más abierto pero su creación y su final respondían a la estrategia de la banda. Sin que se enteraran los incorporados a EH (paradójicamente el propio Ziluaga entre ellos), ETA decidió dar por cancelado el proyecto.
El problema de Batasuna es que, por su propia naturaleza de dependencia y por la identidad de la concepción política e instrumental, no puede vivir fuera de ETA. Si existe KAS, como se desprende de los autos del juez Garzón, es ya como una cúpula que se identifica con la banda, lo que ha tenido sus correspondientes consecuencias penales y ha dado lugar a la ilegalización de Batasuna. Las disidencias, por tanto, han sido purgadas o eliminadas. Y todo ello, además, con el convencimiento de que una izquierda abertzale alejada de ETA no pasaría de ser residual.
Aralar intentó una ruptura en la izquierda abertzale y capitalizar un hipotético rechazo a la violencia en el seno de la misma. Tuvo un relativo éxito las elecciones navarras de 2003 (4 escaños), pero los resultados de las últimas autonómicas en el País Vasco son bien significativos. Aralar obtuvo 28.000 votos y un escaño el Partido Comunista de las Tierras Vascas, sucedáneo de la Batasuna ilegalizada, con candidatos desconocidos, consiguió 150.000 y 9 escaños.
Pero, a pesar de todo, se ha querido ver la declaración de Anoeta, protagonizada por Arnaldo Otegi en noviembre de 2004, como la voluntad de Batasuna de «trabajar exclusivamente en el ámbito político». Nunca ETA le pidió otra cosa, es decir, siempre le pidió que obedeciera en «el ámbito político»: participar como delegado en la mesa que da paso a la autodeterminación mientras ETA negocia con los Estados español y francés la «desmilitarización del conflicto».
Nunca una condena del terrorismo. Siempre las instituciones democráticas responsables de la violencia. Jamás una evolución programática desde la perenne doctrina totalitaria. A veces, algún rostro «dialogante» como operación estratégica, pero el «diálogo» es la consecución de lo «irrenunciable». Ahora parece se que se pretende rizar el rizo: buscar la quiebra en Batasuna por el «efecto autodestructivo» de la violencia de la banda y, al mismo tiempo, evitar un nuevo estallido de esa violencia mediante la comunicación abierta y la promesa de reiniciar el diálogo en mejores condiciones. Paradójico.
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