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A las puertas del «Maracanazo»

La fortuna es lo que tiene. No se puede uno fiar de ella. Tiene un saldo limitado, que nunca se sabe cuándo se va a agotar. Y la selección, a la que la suerte había sonreido en las semifinales con

Actualizado 20/10/2008 - 21:00:59
La fortuna es lo que tiene. No se puede uno fiar de ella. Tiene un saldo limitado, que nunca se sabe cuándo se va a agotar. Y la selección, a la que la suerte había sonreido en las semifinales con aquel autogol de Foglia en el último suspiro, vio cómo se le «marchitaba la flor» en el momento más inoportuno. Los penaltis coronaron a Brasil. Un equipo plagado de estrellas, que al final tuvo que encomendarse a Franklin, el portero suplente, «héroe nacional» tras detener dos penas máximas.
A España le fallaron las fuerzas. La dureza de la semifinal ante Italia le pasó factura y cedió la pelota desde el inicio a Brasil. Los locales, apoyados por 13.000 gargantas, no tardaron en poner en aprietos a Luis Amado. Vinicius estuvo cerca del gol, pero el portero del Inter Movistar volvió a demostrar que sigue siendo el mejor del mundo en su puesto. El trabajo defensivo de la selección durante la primera mitad fue impecable, pero se echó en falta la fantasía de Daniel -lesionado en una rodilla- y la contundencia de Fernandao, muy marcado ayer, por lo que apenas tuvo ocasiones de batir a Tiago.
Los equipos se marcharon al descanso sin goles. Con las opciones intactas. La igualdad se rompió por culpa de una carambola, tras un saque de esquina de Marquinho que pegó en la cabeza de Borja y se coló en la portería de Luis Amado. Un gol de «chiste» que despertó del letargo a la selección.
José Venancio López arengó a los suyos en un tiempo muerto y la medicina tuvo efectos inmediatos. España sacó la casta y comenzó a mover el balón. Aún así, costaba llegar, por lo que el empate tuvo que llegar con un disparo lejano de Torras que se coló por la escuadra. De nuevo tablas en el marcador, pero con un panorama bien diferente. El dominio era alterno y las ocasiones, contadas. Por eso, el tanto de Vinicius, a falta de tres minutos, parecía, definitivo. Con tan poco tiempo, España se lanzó a la desesperada, con Kike como portero-jugador. El «Maracanazinho» hacía la cuenta atrás, cuando Álvaro cazó un rebote y volvió a igualar el partido. En la prórroga, se impuso el miedo a perder y todo quedó listo para los penaltis. Ahí, Franklin, un actor secundario, se tornó en protagonista, al detener los disparos de Torras y Marcelo, dejando el cuarto título mundialista en casa de Brasil.
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