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Javier Gomá gana el premio Nacional de Ensayo por su obra «Imitación y experiencia»

El libro de Javier Gomá, director de la Fundación March, trata de recuperar una tradición de conceptos olvidados en el pensamiento, como ejemplo, ejemplaridad, modelo moral, imitación, admiración, emulación...

Actualizado 20/10/2004 - 09:58:48

MADRID. Un jurado presidido por Rogelio Blanco e integrado por Carmen Iglesias, Patri Urkizu, Xose Luis Axeito, Marta Pessarrodona, Juan Mollá, Francisco Díaz, Arturo Ramoneda, Javier Esparza, Octavio Uña, Pilar Vega y Daniel Innerarity ha reconocido «Imitación y experiencia», de Javier Gomá, con el premio Nacional de Ensayo. Colaborador de ABC, fue miembro del Consejo editorial de Vocento.

-¿Qué supone a sus 39 años, y sin posicion académica, ser premiado?

-Creo que lo más significativo es que se ha juzgado la obra, no la influencia académica o la edad del autor. El libro es una investigación de historia y de teoría de la cultura, extensa y profesional, pero destinada en primer lugar a todo hombre culto, no sólo a los especialistas. Los problemas que estudia tienen una clara raíz existencial, que se hace evidente en la última parte. El libro propone una interpretación del mundo en una época en que no abunda la «gran teoría».

-Doctor en Filosofía, licenciado en Filología Clásica y Derecho, letrado del Consejo de Estado (con el número uno de su promoción). Hizo la carrera y la oposición en sólo tres años y con 12 matrículas de honor. ¿Por qué la Universidad no cuenta con una autoridad como usted?

-Porque no me he presentado a ninguna oposición a una plaza universitaria y no espero que vengan a buscarme a mi casa. Es cierto que, con dos licenciaturas y un doctorado, muchas veces me he planteado hacer carrera universitaria porque las investigaciones universitarias son indispensables para cualquier trabajo serio en el campo del saber. Pero la universidad no tiene el monopolio de la ciencia. Al final, pensé que me sentía más libre si leía, pensaba y escribía por mi cuenta, buscando el consejo y la discusión filosófica con algunas personas, entre las que destacaría a Javier Muguerza. Esa opción tiene el riesgo del aislamiento, pero la ventaja de la libertad y la posibilidad de escribir sólo de lo que te emociona intelectualmente.

-Rescata la tradición del ejemplo, imprescindible, pero abandonada por la filosofía. ¿A qué se debió?

-La cultura occidental desde los griegos -incluso desde antes- hasta el siglo XVII ha sido una cultura de la ejemplaridad. Se entendía que existía una perfección ya completa fuera del hombre y que quien deseaba conseguir la perfección debía imitar la ya existente, es decir, imitar. Después, con la Ilustración y el Romanticismo, la idea de imitar ejemplos se consideró impropio de un ser racional, que no debe imitar a otro sino a sí mismo. Antes del siglo XVIII el ejemplo se presuponía, pero no se teorizó; después, se ignoró. Nunca el ejemplo ha sido un tema filosófico y sin embargo creo que está lleno de posibilidades teóricas, morales y metafísicas.

-Atentados, guerras... ¿Es nuestro mundo racional? ¿Qué modelo debe seguir hoy en día un ser racional?

-La cuestión no es si imitamos o no imitamos, porque de hecho imitamos siempre: somos modelos para los demás, sentimos la influencia de los modelos ajenos. No sólo imitan los niños, también los adultos, modelos reales y próximos, o modelos imaginados o soñados. La cuestión es qué modelo o ejemplo escoger y bajo qué condiciones puede ser imitado por un ser racional. Dado que estamos destinados a imitar, nuestro primer deber es elegir bien el modelo.

-Los ciudadanos están hartos de filosofías de la nada, del vacío. ¿El positivismo es un ejemplo a imitar?

-Sólo se puede decir que defiendo el «positivismo» como un juego de palabras: no el positivismo filosófico, sino una teoría filosófica positiva. Mi libro trata de recuperar una tradición de conceptos olvidados en la historia del pensamiento, como ejemplo, ejemplaridad, modelo moral, imitación, admiración, emulación... Mis conclusiones tienen una expresión dramática o existencial.

-Mann, Heidegger, Vattimo y Derrida compartían la idea de que el concepto de «verdad» tradicional es falsa. ¿La imitación supera esa teoría?

-Hemos tenido un concepto de verdad que era imposible de amar; verdad y bondad iban por separado. Nadie puede sentir deseo o atracción hacia un concepto o una idea de Ser meramente abstracta. El ejemplo es concreto y tangible, y puede ser personal, puede despertar deseos. Si pensamos que la verdad reside en el ejemplo y no en el concepto abstracto es posible acceder a la verdad mediante la imitación: la verdad, el bien y la belleza forman un corro, como el de las Musas.

-¿Cómo saca tiempo para pensar?

-Estoy escribiendo un libro: «Aquiles en el gineceo». Antes de ir a la guerra de Troya, el héroe griego permaneció los años de su adolescencia sin preocupaciones, entre mujeres, dedicado a sí mismo. Yo hice lo mismo: todo lo esencial lo pensé en el gineceo de mi adolescencia, sin preocuparme de la vida práctica hasta los 24. Ahora que estoy en Troya, intento dar forma a esas ideas, enriquecidas con el sabor especial de la experiencia.
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