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La marcha contra el «nacionalismo obligatorio» reunió a 150.000 personas

Actualizado 20/10/2002 - 01:22:34
Ciento cincuenta mil personas se manifestaron contra el nacionalismo excluyente. Efe
Ciento cincuenta mil personas se manifestaron contra el nacionalismo excluyente. Efe
San Sebastián vivió ayer la mayor manifestación de su historia. 150.000 personas recorrieron el centro de la capital guipuzcoana, convocados por la plataforma «¡Basta ya!» tras una pancarta con el lema «Constitución y Estatuto, sí. Nacionalismo obligatorio, no». Una marcha llena de símbolos antifascistas y contra «la limpieza étnica» que ha hecho que 200.000 personas hayan abandonado el País Vasco. Muchas de ellas regresaron ayer para ser homenajeadas junto a las víctimas del terrorismo, al grito de «Libertad» y «ETA, no».
San Sebastián se transformó en «una fiesta por la libertad». La manifestación en defensa de la pluralidad y la convivencia cívica se convirtió en una marcha multitudinaria de rechazo a ETA, de desagravio a las víctimas y de censura al «proyecto delirante» del lendakari Ibarreche, que trata de «imponer un Estado independiente», según el comunicado que cerró la manifestación más multitudinaria que recuerda San Sebastián.
La marcha se desarrolló bajo la resaca de la nueva polémica suscitada por el Gobierno vasco por su oposición a la ilegalización de Batasuna y su plan contra el Estatuto. Ni los partidos nacionalistas ni las instituciones autonómicas vascas desplazaron oficialmente a ningún representante, al considerar que esta manifestación estaba politizada y era una provocación.
«Lendakari, ¿dónde estás?»
Entre los gritos más reiterados durante la marcha, de carácter festivo y llena de pegatinas y banderas del País Vasco y de España, destacaron el de «Contra ETA, libertad» y «Somos vascos y aquí nos quedamos», pero también el de «Lendakari, ¿dónde estás?». El recorrido no transcurrió en absoluto en silencio; gritos en apoyo al juez Baltasar Garzón y pancartas en las que se podía leer «La paz no se vende, la libertad no se compra» o «Ni ETA ni carroñeros», así como pegatinas con el eslogan de «Somos ciudadanos y nos basta», pusieron color en esta manifestación, en la que, de forma aislada, se pidió la dimisión de Ibarreche y se lanzaron consignas contra Arzalluz.
Debajo de un gran «zeppelin» con la palabra «libertad», portando la pancarta a favor de la Constitución y el Estatuto y contra la limpieza étnica, Agustín Ibarrola, viejo luchador por la libertad; los padres de Miguel Ángel Blanco, Consuelo Ordóñez, el ertzaina Joseba Bilbao, el decano del Colegio de Abogados de San Sebastián, José María Muguruza; la pintora Marta Cárdenas, la viuda de Fernando Buesa, Natividad Rodríguez; los profesores Gotzone Mora y Carlos Martínez Gorriarán; el decano de Filología Joaquín de Paul; la viuda de Tomás Caballero, el edil de UPN asesinado; los ex sindicalistas Nicolás Redondo Urnieta y Antonio Gutiérrez, y Antonio Beristáin, el cura miembro del Foro El Salvador, única representación visible de la Iglesia vasca. Algo difícil de explicar cuando el principal objetivo de esta movilización era arropar a ese 10 por ciento de la población vasca que ha tenido que abandonar el País Vasco o que vive bajo la presión del terrorismo. Tras veinticinco años de democracia, en San Sebastián se volvió a escuchar el canto de «Qué barbaridad, qué barbaridad, otra vez cantando, no pasarán».
Representante de la Ertzaintza
Antes de que comenzara la manifestación, la profesora de la Universidad vasca Edurne Uriarte afirmaba que cada vez son menos los profesores amenazados que siguen impartiendo docencia en el País Vasco. Por su parte, el ertzaina Joseba Bilbao, miembro de ERNE, dijo estar representando a 3.500 ertzainas, más de la mitad de la plantilla, que «no son nacionalistas y que no tienen que pedir perdón por ello».
Detrás de ellos, eran recibidos con aplausos familiares de víctimas de ETA, así como los representantes de la plataforma convocante, entre ellos, Fernando Savater, que cerró la manifestación pidiendo «un pluralismo real y no uno amañado con el pretexto de la violencia, y al grito de «Viva la democracia de todos; ETA, no»». Junto a Savater, muchos de los que regresaron ayer de su exilio: Jon Juaristi, Mikel Azurmendi, Rubén Múgica y Gorka Landáburu. Uno de los miembros de «¡Basta ya!» que portaba los globos, iba encapuchado, en representación al miedo con el que miles de vascos afrontan su vida diaria. Pero ayer fue el día de las caras al descubierto, como muchos de los ertzainas que protegieron el recorrido de la manifestación, y de echarse a la calle haciendo frente a la presión y a las amenazas.
A escasos metros, personalidades del mundo de la cultura, la economía y la política. Entre ellos, los ministros Ana Palacio, José María Michavila y Ángel Acebes, así como la vicepresidenta de la Comisión Europea, Loyola de Palacio, y una amplísima representación del PP vasco, con Jaime Mayor Oreja y Carlos Iturgáiz a la cabeza. También asistieron representantes institucionales vascos: el alcalde de Vitoria, Alfonso Alonso, y el diputado general de Álava, Ramón Rabanera.
En la amplia delegación socialista estuvieron la eurodiputada Rosa Díez, José María Benegas, Trinidad Jiménez, candidata a la alcaldía de Madrid, y su líder en el País Vasco, Patxi López. El secretario general del PSE destacó la importancia de esta manifestación, a la que «el lendakari no le puede dar la espalda». Éste será, según dijo, el mensaje que le transmitirá el martes, cuando se reúna con él.
La manifestación partió del bulevar junto al Ayuntamiento. Avanzó por la calle Ernani y la de Urbieta, hasta la confluencia con la calle Prim, para regresar al punto de partida. La cola de la marcha se encontraba todavía en las inmediaciones del Ayuntamiento cuando la cabeza empezaba a asomar por el otro extremo del bulevar.
La marcha transcurrió sin incidentes entre un amplio dispositivo de seguridad, a pesar de que gente afín al MLNV intentó provocar a quienes llevaban banderas españolas e ikurriñas. Los manifestantes no entraron en su juego. Uno de los altercados más reseñables tuvo lugar a la altura del número 36 de la calle Prim, donde una simpatizante del MLNV exhibía una pancarta en la que se podía leer «Presos vascos, a Euskal Herria». «No son presos, son asesinos» y «Sin pistolas no sois nadie» o «No nos mires, tírate» fue la respuesta de los manifestantes. Paradojas del País Vasco, una furgoneta de la Ertzaintza protegía la casa de esta simpatizante de ETA.
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