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Vídeos de vileza: mendigos gladiadores a cinco dólares la pelea

¿Qué se le pregunta a alguien que se hizo famoso porque era un «homeless» (un sin techo) que salió en una película rompiéndole a otro «homeless» una pierna por dos sitios? ¿Y en otra película

Actualizado 20/09/2009 - 01:28:54
¿Qué se le pregunta a alguien que se hizo famoso porque era un «homeless» (un sin techo) que salió en una película rompiéndole a otro «homeless» una pierna por dos sitios? ¿Y en otra película arrojándose escaleras abajo sobre un carrito de la compra? ¿O lanzándose de cabeza contra una pila de cajas de leche? ¿O haciendo bulto junto a otro «homeless» más colgado todavía, lo suficiente como para arrancarse él mismo varios dientes con unas tenazas? Éste cobraba cincuenta dólares por su proeza, cuando la tarifa media por las demás barbaridades oscilaba entre los cinco y los diez dólares.
Pero... ¿quién va a pagar por presenciar una cosa así? Pues más gente de la que parece. Por eso alguien filmó películas de una hora de duración de las que se han llegado a vender trescienta mil copias a veinte dólares la unidad. La serie «Bumfights» (literalmente, peleas de vagabundos, luchas de la escoria) consta de cuatro títulos. El primero y más famoso, subtitulado «Un motivo de preocupación», es de 2002. Hubo posteriores versiones en 2003, 2004 y 2006. Y eso que los vídeos fueron censurados en varios países y perseguidos legalmente en el estado de California.
Al habla con ABC desde San Diego, California, la principal superestrella de los Bumfights, Rufus Hannah, nos aclara que cuatro veinteañeros fundadores de IndeclineFilms -una productora que a día de hoy mantiene su página web- le persuadieron de aparecer en los vídeos «diciendo que eran para dar lecciones a estudiantes de Economía». ¡¿Pero lecciones de qué?! «Bueno, yo era alcohólico entonces, estaba alcoholizado todo el tiempo, y en esas circunstancias no se piensa mucho. Yo sólo pensaba que con el dinero que me daban podría comprarme otra botella», explica con sencillez.
Rufus Hannah nunca fue lo que se dice un intelectual. Nacido en el año 1955 en la localidad de Swainsboro, Georgia, se casó tres veces, tuvo cinco hijos y fue trabajador en la construcción. Hasta que se quedó sin empleo. De ahí al divorcio y a perder su casa y verse en la calle había sólo un paso. Más, teniendo en cuenta que Rufus bebía demasiado desde los catorce años. La frontera entre beber demasiado y beber salvajemente puede ser muy fina cuando desaparecen las mínimas estructuras (trabajo, familia) que obligan a poner orden en la vida de una persona.
Él era consciente de su punto débil. Trató de engañar al destino alistándose en el ejército. ¿No querías orden? Pues toma. Pero no pasó de la instrucción básica: una lesión en el codo dio al traste con su futuro militar y con cualquier otra clase de futuro.
Ya era libre de darle sin control a la botella. Fue su ocupación a tiempo completo durante años. Vive en San Diego, California, porque a principios de los años 90 fue a parar ahí después de una noche de juerga. Se acostumbró a comer lo que encontraba en los contenedores de basura y a dormir bajo los puentes.
Un buen día a Rufus le abordó «uno». Le vino con el cuento del vídeo de peleas de mendigos para estudiantes de Economía. ¿Se lo creyó? No dice ni que sí, ni que no. «Yo no pensaba entonces, sólo bebía», insiste, sin entrar en detalles.
Cuando el estado de California les llevó a juicio, los productores de IndeclineFilms negaron la mayor: ellos no incitaban a los vagabundos a pegarse -insistieron-, sólo estaban rodando un documental para mostrar al mundo la violencia entre y contra los «homeless». Cuando vieron que lo de los documentales de denuncia no colaba, se apresuraron a declararse no ya inocentes sino culpables de una falta menor. «Será inmoral, pero no es delito», afirmaba con desparpajo Ryan McPherson, de veintidós años. Fueron condenados a seis meses de trabajos comunitarios, precisamente en compañía de «homeless». No se dignaron a cumplirlos y por eso en el año 2005 les cayeron 6 meses de cárcel. Sus vídeos, no obstante, siguen ahí, al alcance de quien tenga el mal gusto de verlos.
Rufus Hannah había llegado a tener su propio nombre de guerra en el Hollywood de los vagabundos: era Rufus Stunt Bum (el vagabundo especialista). De esta guisa le vio en vídeo una hija suya que hacía años que no sabía nada de él. Esta hija le escribió una carta llena de pena. Y con esa carta la dignidad de Rufus Stunt Bum ardió.
Ni él sabe de dónde sacó fuerzas para plantar cara a su alcoholismo. Lo había intentado muchas veces y nunca lo había conseguido. Pero esta vez tenía un motivo más grande que él. Acudió a un hospital para veteranos (lo único bueno de su paso por el ejército) donde se las hicieron pasar canutas pero le limpiaron. «Fue muy duro», musita, «pero no quería que mis hijos me recordaran así».
La batalla contra el alcohol corrió en paralelo a la que libró en los tribunales contra los que le habían convertido en una atracción de feria, convenciéndole incluso -por 200 dólares, una fortuna para un «homeless»- de tatuarse la palabra Bumfight en los nudillos. Ahí sigue el tatuaje. ¿Se lo va a quitar, o se lo piensa quedar de recuerdo? «Tal vez sirva de recordatorio a los demás, yo ya lo he recordado bastante», asegura.
Un hombre nuevo
Hoy en día Rufus Hannah tiene domicilio formal, trabaja haciendo reparaciones por las casas, hace años que no bebe y ha recuperado el derecho de visitar a sus hijos. Es uno de los más respetados activistas de la Coalición Nacional por los «Homeless» de América.
Lo que más le sigue impresionando, dice, es la persistente ausencia de remordimientos de los que rodaron aquellas películas. Que les siga dando igual todo. De ahí el consejo que él da a todos los que andan por el filo de la navaja: «Recuerda que eres un ser humano. Recuerda que hay gente allá fuera que no sólo no te va a ayudar si te ven tirado en el suelo, sino que van a tratar de sacar provecho de ti. No caigas nunca tan bajo porque hay gente sin ninguna dignidad y sin sentimientos esperando la presa fácil. Cuídate porque tú no eres sólo tú. Todo lo que hagas afecta a toda tu familia».
Y se refleja en la eternidad, como decía el otro Gladiador (el de Ridley Scott).

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